martes, enero 27, 2026

La comunidad marca el rumbo de la Casa de la Cultura en Engativá

Los procesos culturales de la localidad de Engativá volvieron a demostrar que la cultura popular se defiende organizándose: tras años de abandono institucional, la presión colectiva frenó el intento de desalojo de la Casa de la Cultura y obligó a la Alcaldía Local a sentarse en un proceso de concertación con las organizaciones del territorio.

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El pasado 16 de enero, procesos artísticos y comunitarios del territorio realizaron una reunión abierta en la Casa de la Cultura para rechazar la actuación de la Alcaldía Local de Engativá —en cabeza de Víctor Hugo Huertas Prada— que en 2025 declaró el espacio como “invasión” mediante una querella policiva, reactivando el riesgo de cierre de uno de los procesos culturales más importantes de la localidad.

La asamblea artística de Engativá, que articula parches, colectivos, grupos de RAP, mesas locales de circo y cerca de 40 artistas del territorio, se reconoce como un cuerpo organizativo colectivo frente a decisiones institucionales que afectan no solo a la Casa de la Cultura, sino al conjunto del arte popular y comunitario de Engativá.

Lea nuestro artículo: La comunidad y los artistas organizados defienden la Casa de la Cultura de Engativá

El conflicto con la administración no es nuevo. La Casa de la Cultura fue adquirida en 1994 y consolidada en 2001 al interior de la Corporación Casa de la Cultura, con participación de 52 socios —entre personas naturales y jurídicas—. Hasta 2011 contó con recursos públicos, pero desde 2012 la Alcaldía comenzó a exigir su entrega, impulsando un proceso jurídico que la comunidad enfrentó colectivamente. La situación se reactivó en 2022 y desde entonces el espacio se sostiene únicamente con autogestión, trabajo voluntario y esfuerzo directo de docentes populares, talleristas y vecinos del sector.

Ante un nuevo requerimiento de entrega de llaves en noviembre de 2025, los procesos artísticos se declararon en asamblea permanente. El 28 de diciembre socializaron públicamente su postura y el 30 de diciembre realizaron un plantón frente a la Alcaldía Local. El 7 de enero, tras una nueva movilización artística, se instaló una reunión con funcionarios de la administración.

De acuerdo con el balance elaborado por la asamblea, en dicha reunión la Alcaldía se comprometió a reconocer públicamente la continuidad del espacio como proceso cultural comunitario. Además, se planteó la necesidad de que la asamblea ejerza veeduría sobre los recursos, la infraestructura y el funcionamiento de la casa, así como participar en la construcción de un plan de trabajo a tres años.

La importancia del proceso quedó reflejada también en la segunda reunión sostenida el pasado 16 de enero, acompañada por actividades artísticas, una olla comunitaria y la socialización de un cronograma abierto de talleres. Allí, la Asamblea entregó un balance del proceso organizativo y reiteró sus exigencias frente a la defensa del espacio cultural.

Las vocerías de la asamblea informaron que actualmente se avanza en tres frentes de concertación:

  1. Definición del modelo de Casa de la Cultura de Engativá, como espacio público comunitario y no privatizable.

  2. Diagnóstico técnico de infraestructura, necesario para garantizar condiciones dignas de funcionamiento.

  3. Diagnóstico social, cultural y artístico, construido junto a los procesos que trabajan en el territorio.

Estos puntos están siendo desarrollados en reuniones semanales de la Asamblea en la propia Casa de la Cultura, entendida como un espacio autónomo de deliberación y construcción popular.

La posición de la comunidad es clara: el conflicto no es solo jurídico ni administrativo. Es el resultado de una política institucional que desconoce procesos culturales, sostenidos durante más de dos décadas por trabajo no remunerado, organización barrial y compromiso de artistas y vecinos.

Desde la comunidad de la localidad y la Asamblea Permanente de Engativá se continuará trabajando de manera colectiva para defender el arte, la cultura y dignificar la vida de quienes sostienen la casa. Como recuerda Luisa Fernanda, integrante de la asamblea, la Casa de la Cultura es “una casa viva”, y es precisamente esa vida comunitaria la que seguiremos defendiendo.

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