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Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Colombia, un país injusto y mala paga


Trochando Sin Fronteras, Febrero 22 de 2019

Por: Isaac Marín Lizarazo

El salario mínimo mensual vigente hace parte de las reivindicaciones importantes que las luchas obreras en algún momento de la historia ganaron, fue en el siglo XIX que los trabajadores alcanzaron este derecho; un salario mínimo por trabajo realizado que garantizara la subsistencia del trabajador y su familia. Es necesario aclarar que más tarde el liberalismo y el sistema capitalista se lo tomaron como medida para regular la tasa salarial de los trabajadores y para estimular el poder adquisitivo de los mismos, mover la demanda e impulsar el crecimiento de su economía; desde entonces, tasar el salario mínimo se convirtió en una desventaja para los trabajadores, por lo menos eso sucede en Colombia durante los últimos tiempos.

En Colombia cada año convocan a una mesa nacional de concertación para definir el salario mínimo, allí se reúnen las centrales obreras, el Gobierno Nacional y los gremios. De esta mesa de concertación no siempre sale un acuerdo; algunas veces el Gobierno decreta el monto del salario mínimo (previo acuerdo con los gremios), y en todo caso se oficializa un nuevo precio.

Este año el Gobierno de Iván Duque aumentó el salario en un 6% que en moneda nada sonante y poco constante representa la pírrica suma de $46.874, cosa que para este 2019 el salario mínimo que concertaron empresarios y Gobierno Nacional quedó en $828.116, con esta vergonzosa decisión, Duque salió a los medios anunciando un aumento histórico y dando cuenta de un gran acuerdo, historieta que seguramente solo él se la cree.

Nada duró el contentillo, entró enero y llegaron las compras de útiles y uniformes para el regreso de los chicos al colegio, y por supuesto desde el tajalápiz ya viene con el respectivo aumento de precio, subieron los costos de los víveres, toda la canasta familiar y las alzas de los transportes urbanos e intermunicipales no se hicieron esperar. También llegaron otro tipo de ajustes. Por ejemplo; la cuota moderadora en las entidades promotoras de salud (EPS) y de medicina prepagada, en los montos de multas y comparendos, en el valor del SOAT, y el costo que hay que pagar por el uso de las grúas y los patios. Miles de familias iniciaron el año con las angustias que acarrea la escasez de recursos para cubrir los gastos básicos de manutención.

Los hogares más afectados vienen siendo aquellos donde las mujeres tienen el encargo de traer el sustento a la casa, en el país, en las zonas rurales o urbanas millones de familias dependen del trabajo de una sola persona, y generalmente es la mujer quien lleva a cuesta la monumental tarea de cubrir todos los costos, devengando un sueldo de empleada del servicio doméstico u otras tareas de baja remuneración. Los sectores que más se aprovechan de esta esclavitud moderna son los de la construcción, el sector agroindustrial, el comercio, hoteles, restaurantes y el sector transportador, entre otros.

Colombia se caracteriza por ser un país injusto y mala paga en materia de salarios para la clase pobre, trabajadora, prueba de esto es que el salario mínimo colombiano está por debajo del de Argentina, Costa Rica, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Guatemala, Panamá, Perú, Ecuador e incluso Bolivia. Y lejos de salarios en países como Alemania, Canadá, Suiza, Japón o Reino Unido que están por encima de los 1.426 dólares. Nada más por hacer un ejercicio comparativo; vale resaltar que en el vecino Ecuador el salario mínimo, hoy está en 394 dólares, que equivale a $1.246. 222 pesos colombianos.

Este asunto del salario mínimo genera más problemas que soluciones, aquí los empresarios y el sector financiero imponen míseros sueldos y con esto intensifican la precarización laboral. No son capaces de mejorar el poder adquisitivo, aun sabiendo que esto incrementa significativamente la capacidad de consumo del pueblo colombiano y con ello la ganancia de las empresas.

El aumento del Salario mínimo que tanto pregona Iván Duque como uno de sus grandes logros, es una muestra de inequidad y de su mala administración, pues no alcanza ni para comprar la lonchera de un niño durante 15 días, menos para el pago del transporte urbano de un trabajador. No solo se roban el dinero público, roban también la vida, la fuerza de trabajo, el esparcimiento, las posibilidades de compartir en familia, porque la vida se va tratando de ganar un salario mínimo y delirando por ganar un poquito más.