Este 22 de febrero se cumplieron cuatro años del asesinato de los líderes campesinos Teófilo Acuña y Jorge Tafur, ocurrido en 2022 en el corregimiento de Puerto Oculto, sur del Cesar. Ambos acompañaban procesos de recuperación de tierra, fortalecimiento organizativo y resistencia frente a las estructuras armadas y los intereses económicos que pretenden expulsar a las comunidades campesinas del territorio.
Su muerte dejó al descubierto, una vez más, que en Colombia defender la tierra sigue siendo una labor profundamente peligrosa. En regiones atravesadas por economías ilegales, intereses extractivos y la persistencia del paramilitarismo, la violencia contra quienes lideran procesos de organización campesina no es excepcional: es parte de un patrón que busca frenar los cambios estructurales que emanan de la organización popular.
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Teófilo y Tafur recorrieron durante años la Región de los Dos Ríos, el Sur de Bolívar, el sur del Cesar y Santander, sembrando organización y conciencia política. Hicieron de la consigna “desalambrar” una tarea cotidiana: abrir cercas, recuperar tierra para producir alimentos, consolidar territorios campesinos agroalimentarios y defender al campesinado como sujeto político, no como mano de obra descartable.
Su asesinato no fue un hecho aislado. Organizaciones sociales han insistido en que forma parte de un patrón de persecución contra quienes disputan el latifundio, denuncian el despojo y sostienen la necesidad histórica de una reforma agraria integral integral y popular. Cuatro años después, la impunidad permanece, y las amenazas sobre el movimiento campesino continúan en distintas regiones del país.
Los compañeros son legado vivo. Las comunidades del sur de Bolívar, el sur del Cesar y las plataformas agrarias nacionales afirman que Teo y Tafur viven en cada proceso de recuperación de tierras, en cada guardia campesina que se organiza, en cada semilla que vuelve a las manos de quienes la trabajan. Su memoria no es un acto ceremonial: es una herramienta de lucha. Como dicen las organizaciones, “Mientras avanza el modelo de la muerte que ellos denuncian, nuestro juramento sigue intacto:
defender la Serranía del San Lucas, la Región de los Dos Ríos y cada rincón de nuestros sueños, hasta que la tierra tiemble y podamos cosechar, por fin, la Vida Digna que los pueblos merecemos.”.
Mártires de ayer, semillas para siempre.
En este aniversario, colectivos y movimientos agrarios reiteran que la reforma agraria integral y popular, la soberanía alimentaria y el desmonte del paramilitarismo, no son promesas ni eslóganes: son tareas urgentes que solo avanzan con organización popular y movilización.
Porque sus banderas siguen en alto, y mientras haya campesinos y campesinas defendiendo la tierra, Teófilo y Tafur no habrán muerto: seguirán abriendo trocha en cada y siendo siembra en cada lucha.





