viernes, febrero 23, 2024

De la movilización social en épocas de reforma ¿Pro gobierno o a pesar del gobierno?

Recientemente, el país del desangrado corazón ha estado sobrecargado por las noticias que se difunden en medios de comunicación tradicionales y digitales, redes sociales y cadenas de WhatsApp que inundan el oído promedio del ciudadano que infortunadamente no consulta la veracidad de lo que le informan, con la declaratoria de un nuevo paro o movilización social que amenaza con paralizar el país dadas las reformas que piensa llevar a cabo el actual gobierno progresista de Gustavo Petro.

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Esto se da luego que el uribismo haciendo uso de sus nuevos cuadros políticos, paradójicamente youtubers como Miguel Polo (que nadie puede entender cómo llegaron a obtener una curul en el congreso aparte del clientelismo del centro democrático y sus poderosas influencias) anunciara de forma rimbombante jornadas de movilización que inicialmente se plantearon para el 14 de febrero y a lo cual el gobierno anuncio una contramarcha para el mismo día lo que produjo inmediatamente que el uribismo cambiara de fecha para 15 de febrero para “evitar saboteo por parte de las fuerzas pro gobierno”. En esa medida, lo que debe preocupar no es la movilización en sí, sino la manera en que puede cambiarse el uso político de la misma.

Por una parte, las expresiones de izquierda (pro gobierno) no han dudado en calificar las protestas actuales como una práctica reaccionaria, infantilista o uribista que le hace el favor a la derecha para desacreditar lo que según ellos, es el gobierno del cambio. Por su parte, la derecha (oposición) no ha desaprovechado un solo momento para desacreditar el gobierno haciendo énfasis en que las movilizaciones actuales son o en contra o patrocinadas por el mismo (tal y como sucedió en el levantamiento popular del 2021, donde este sector aseguraba que las acciones de protesta estaban financiadas por sectores políticos legales o ilegales).

Frente a estos elementos en lo que va corrido del año 2023 hay que mencionar algunos ejemplos que ilustran lo anterior, a saber:

1. La movilización ciudadana contra el alza de tarifas en Transmilenio el 24 de enero al sur de la ciudad, donde miles de personas calificaron el hecho como un efecto del gobierno de turno y no cómo un problema estructural que se viene acumulando en las ciudades hace más de 20 años.
2. El paro de las comunidades campesinas en la Lizama, cuyas reivindicaciones más allá del gobierno de turno, pretenden seguir impulsando lo que han denominado como “emergencia humanitaria por la defensa de la vida y permanencia en los territorios”, denunciando el paramilitarismo y el asesinato de líderes sociales en la región del magdalena medio, la región de los dos ríos y otras zonas del país, a lo cual líderes de derecha respondieron como si se tratara de una acción planificada por el gobierno para sabotear la producción de la región, porque hay que recordar que durante más de tres días las comunidades sostuvieron bloqueos en vías arterias del departamento para presionar el actual mandato, mismo mandato que según la derecha ordena y planifica la protesta social. Paradójicamente, hoy después de dos semanas, el gobierno incumple lo acordado en la mesa de negociación que concluyó en la instalación de una mesa veedora de los acuerdos en medio de los bloqueos.
3. La reciente movilización de las y los maestros de ASOINCA que el 8 de febrero se tomaron el congreso de la república exigiendo un modelo de salud digno para con ellos y su familias, de inmediato tanto la derecha uribista como las fuerzas pro gobierno no dudaron calificar la protesta, por un lado, como un acto contra el gobierno y por otro como un saboteo por parte del ELN, como afirmó Roy barreras en su trino de Twitter que después borró por la controversia que generaron sus declaraciones.

Ante dichas situaciones, y a pesar del corto tiempo entre los diferentes hechos para hacer un balance más objetivo del gobierno, se debe precisar que la movilización social en su naturaleza, guarda un profundo sentido de autonomía, trastocado últimamente por el oportunismo político de las fuerzas hegemónicas tanto de izquierda como de derecha.

Que su rango de acción no depende del mandato de un sector específico, sino que surge a partir de las necesidades de la gente y las contradicciones que surgen en el curso de las decisiones del gobierno y del estado cuando se trastocan intereses económicos, políticos o gremiales. En esa medida hoy se plantea un falso debate en torno a cuáles son las fuerzas que deberían movilizarse en el gobierno del cambio, entrando en el dualismo del pro gobierno u oposición. Por un lado, las fuerzas pro gobierno, solo deberían movilizarse cuando este haga el llamado a las calles como el 14F convocado nacionalmente para defender las reformas en curso.

Por otro lado, quienes tengan una posición en contra del gobierno, se les considera per se oposición (en el sentido de que si no estás conmigo estas contra mí) cuando en la práctica eso no es determinante. Un ejemplo, son las actuales reformas educativas del ministro Gaviria, lxs presxs políticos del levantamiento social, la reforma de la policía, cuyas banderas han sido disputadas por movimientos hoy críticos del gobierno, pero que no son uribistas y ven en la movilización permanente independientemente de quien gobierne, la opción viable de lucha para lograr esos objetivos disputados históricamente para mejorar las condiciones de vida y de lucha de las clases populares.

En ese sentido, no podemos estar sumidos en el falso debate de ser pro gobierno u oposición, sino más bien enfocarnos en el “a pesar del gobierno” que implica un replanteamiento diario y crítico de las decisiones que se asumen en la situación política en la que nos encontramos.

Las calles no pueden pasar a ser el bastión de un caudillo o una figura, donde ciegamente se respaldan decisiones sin antes analizar las aristas involucradas. No hay que mirar atrás para ver que en gobiernos progresistas también se han perseguido posiciones críticas que no son necesariamente de derecha, lógicamente, los grupos de derecha han tenido la fuerza para desestabilizar gobiernos democráticamente escogidos, pero esto también ha servido para estigmatizar cualquier opción diferente a la hegemonía política de la izquierda que ha llegado a utilizar la persecución y la represión para encarcelar militantes comprometidos con una transformación radical del mundo y la sociedad.

No se trata de movilizarnos con el gobierno, sino a pesar del gobierno, pues la movilización debe estar en función de hacerle frente a la decisiones que no favorecen a las clases populares, que profundizan las desigualdades, que acrecientan las injusticias sociales, que le quitan derechos a la clase trabajadora, etc… Y es hacia allá donde debería estar enfocada la discusión… Más allá de si favorece a Uribe o a Petro…

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