domingo, enero 17, 2021

Decisión sobre el cuerpo: liberación de la explotación del trabajo y la vida

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decisión sobre el cuerpo

Trochando Sin Fronteras – enero 7 de 2021

Por: Sandra Yanneth García H – Asociación Gapomaro 

El desempleo, la informalidad y la carencia de acceso a los bienes necesarios para la vida son la regla y la constante en la mayor parte de la población, en donde las mujeres proletarias llevan una inmensa carga ante la intensificación de la explotación laboral. En este marco, vale la pena examinar y discutir cuál es el alcance de la “legalización” del aborto como emblema de las luchas feministas latinoamericanas, a propósito de la aprobación en el Senado de despenalización del aborto en días pasados en la Argentina, como promesa de campaña del actual presidente y gran movilización de los pañuelos verdes.

Una de las mayores razones para exigir la despenalización del aborto en diferentes países latinoamericanos, son los índices de mortalidad materna por abortos clandestinos; como lo plantea el profesor investigador Mauricio Rubio, si bien dicho índice no es fácil calcular por su carácter oculto, las cifras pregonadas por las agencias internacionales y repetidas por diferentes medios comunicativos y organizaciones están exageradas cerca de un 60%[1]; entre otras razones, porque “los países de alto desarrollo, impusieron la cifra en relación con 100.000 nacidos vivos, como consecuencia de sus bajas tasas para informar en cifras completas, situación que se ha universalizado[2].

Pero además la legalización del aborto no conduce necesariamente a disminuir los índices de mortalidad materna cuyos casos ocurren fundamentalmente en los países del Tercer Mundo[3]. Países que carecen de un sistema público, eficiente y de calidad que atienda a las mujeres de manera oportuna tanto para quienes no deseen un embarazo como para quienes lo deseen. Es importante resaltar que el factor mayor de mortalidad materna no son los abortos, como se evidencia en la siguiente tabla[4].

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Tabla 1. Causas de mortalidad materna a nivel global

Si bien las muertes por abortos tienen un mayor porcentaje en los países latinoamericanos según estas cifras, las causas que prevalecen son en su orden la hipertensión y la hemorragia, esta última directamente asociada con una inadecuada atención en un aborto o parto. En cuanto a la hipertensión como el mayor factor, hay bastante desconocimiento de sus causas, llama la atención que para el caso de Bogotá los Trastornos Hipertensivos representaron más del 70% de la mortalidad materna para el año 2018[5].

Frente a esta realidad muy poco hemos desarrollado las organizaciones sociales y de mujeres, los indicadores con los que desarrollamos nuestras lecturas, debates y propuestas dependen en mucho de las agendas de los organismos multilaterales y la literatura extranjera.

Si bien las muertes por abortos clandestinos han venido disminuyendo, no deja de ser una gran tragedia morir por prácticas inadecuadas, pero también lo es, la penuria diaria por preservar y reproducir la vida para las familias trabajadoras latinoamericanas. Ser madre y padre hoy día no parece una opción o un anhelo para la clase trabajadora, en un mundo en donde “sobran” seres humanos, aun cuando por siglos los capitalistas se han enriquecido de la precarización y explotación del trabajo humano. La angustia y preocupación por la incertidumbre laboral, el cambio climático, las innumerables pandemias que vienen azotando la existencia proletaria, al ser leídas de manera catastrófica e individualista, conducen a no ver salidas al presente y futuro, mucho menos la reproducción de la vida en manos de la clase trabajadora.

La llegada de un hijo o una hija pareciera representar para muchas familias privación, empobrecimiento, humillación especialmente para las mujeres; sin embargo, cuán valiosa es la creación de la vida humana para construir un nuevo tiempo, el tiempo del proletariado. Pero la diatriba no se ubica al lado de los “provida”, sino de la urgente necesidad de movilizar fuerzas hacia la reforma al sistema de salud como bien de gestión y uso colectivo y no privado, en donde abortos y embarazos gocen de una atención óptima, lo que significa infraestructura y personal médico y especializado suficiente y de calidad, para el caso del sistema de salud colombiano, se estimó para el año 2016 una carencia de 14 mil médicos especialistas en donde medicina familiar se ubicaba en el primer lugar (4.148), ginecología y obstetricia (1.149) en el quinto lugar de mayor diferencia entre la demanda y la oferta[6].

Se requiere un sistema de salud cuyo enfoque no privilegie la importación de medicamentos producidos por los monopolios farmacéuticos, sino la financiación pública en ciencia y tecnología con laboratorios e investigaciones que elaboren estudios serios para conocer y “atender” la situación real de las mujeres en salud. Un sistema con un componente preventivo real y no basado en campañas publicitarias para la salud reproductiva y sexual, y con un enfoque psicosocial que reconozca la salud mental como una condición central del bienestar.

Las condiciones subjetivas para decidir la maternidad se vinculan con condiciones además de la adecuada atención en salud, de estabilidad económica; no contar con esta es la principal razón por la que las mujeres buscan interrumpir su embarazo. El problema del acceso a la educación y el trabajo no es un problema de género, sino de vivir en países improductivos, precarizados y dependientes pese a contar con importantes recursos naturales entre ellos la fuerza y mente humana. Es ampliamente naturalizado que más de la mitad de la población económicamente activa e incluso alguna de la tercera edad e infancia, vive del comercio informal, el rebusque y la ilegalidad, situación que inició con la desindustrialización de los países latinoamericanos desde finales de los años ochenta del lado de la extranjerización de la base productiva, la precarización laboral y la ampliación de la incorporación de la fuerza de trabajo femenina en la rama terciaria (comercio y servicios).

La lucha diaria e incansable es porque las familias no vivan del rebusque para garantizar un pedazo de pan a sus hijos, para que la “informalidad” no sea la condición básica del trabajo, para que el salario mínimo no siga por debajo del precio real de la canasta familiar; para que ser madre y padre sea una decisión y una opción. Es importante ubicar en nuestro horizonte la producción de un sistema económico y social para que las mujeres tengan las condiciones óptimas y suficientes que permitan decidir y construir un proyecto de vida en una sociedad libre y soberana, la decisión sobre el cuerpo es radical y genuinamente la liberación de la explotación burguesa de la mano de obra.

[1] Rubio, Mauricio. El mito de los 400.000 abortos en Colombia. En: Revista de Economía Institucional 17, 33, 2015, pp. 253-274

[2] Herrera, M. Mortalidad materna en el mundo. Revista chilena de obstetricia y ginecología. V 68 N° 6. Santiago 2003 

[3] Según la revista chilena de obstetricia y ginecología el 99% de los casos de mortalidad materna ocurren en el Tercer Mundo hacia el año 2010.

[4] González, R. Salud materno-infantil en las Américas. Revista chilena de obstetricia y ginecología V. 75, N° 6. Santiago 2010

[5] Secretaría Distrital de Salud Bogotá. Boletín epidemiológico distrital. Volumen 16, Número 5. Agosto de 2019.

[6] Restrepo D.; Ortiz, L. Aproximaciones a la estimación de la oferta y la demanda de médicos especialistas en Colombia, 2015 – 2030. Documento de trabajo, en discusión. Observatorio de Talento humano en Salud, 2017.

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