Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Estudiaron en una universidad pública ¿ y qué?


Trochando Sin Fronteras, julio 10 de 2017

Por: Wilmar Harley Castillo Amorocho*

 

“Mijo, mucho cuidado por allá, porque dicen que allá la guerrilla se lleva a los muchachos” “cuidadito con tirar piedra y esas cosas… usted va es a estudiar” estos y otros, eran los concejos que mi mamá me hizo, cuando supo que entraría a estudiar a la universidad del Tolima, única universidad pública de esta linda tierra. Igual que la nacho, o la Sur colombiana, o la UIS y el resto de universidades públicas, la mía no se salvaba de la estigmatización que tienen estas instituciones de educación superior de ser centros de formación subversiva.

Sin embargo, me pregunto ¿de cuántos profesionales egresados de estas universidades dependemos todos los días? médicos, maestras, agrónomos, ingenieros recibimos sus conocimientos por medio de servicios necesarios. ¿Por qué no tenemos en cuenta a la universidad de donde salieron estos profesionales cuando nos atienden? Solo nos acordamos de la institución de educación superior pública cuando la relacionan con temas como marchas, terrorismo y vándalos tira piedras.

Lo más chistoso de todo, es que los gobernantes del país desde presidentes para abajo, ninguno son egresados de una universidad pública. El Externado, la Javeriana, de La sabana, son los centros de formación de los hijos de papi y mami, donde el semestre no baja de 9 y hasta 10 millones de pesos, sin contar los gastos de bienestar, alimentación y de paso el whiskycito para subir la décima del semestre. Las marchas y tropeles no impulsan este tipo de estudiantes play, porque allá estudian los que serán presidentes, congresistas, gobernadores, los que continúan las políticas que nos siguen empobreciendo.

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Por eso joden tanto los jóvenes de las universidades públicas, no para querer ser presidentes, mandatarios o por un cupo en las universidades de la Higth Lite, sino para que desaparezcan los estudiantes de primera y segunda, de tercera y cuarta clase; por el contrario, para que la educación sea gratuita, de calidad para todos y todas. Así son de tercos estos estudiantes, que desde 1929 repiten como loras que el país está mal manejado, sino pregúntele a Gonzalo Bravo, o a Uriel Gutiérrez. Y como ahora, están de moda los falsos positivos judiciales contra la gente de izquierda, pregúntele a Mateo.

¡Ajá, sí! los falsos positivos judiciales son la nueva prueba que junto a las Saber Pro miden que tanto estudio usted en la U. Si le montan un juicio por poner bombas en centros comerciales, con bombillos led de $100 y planos que parecen el dibujo de un niño de preescolar, fue un buen estudiante de universidad pública, es decir, no solo comió libro, sino que aprendió a demostrar su crítica contra el mal gobierno; después de conocer como oprimen al pueblo. ¡Felicitaciones! ir a la cárcel por criticar al régimen es la prueba final de su graduación de la universidad pública.

Los ricos criollos nos vendieron la idea que somos la democracia más antigua de Nuestra américa, aunque hubo una dictadura militar, la del general Rojas Pinilla, pero la otra dictadura que hemos sufrido ha sido la de los Char, Ardila Lule, Sarmiento Angulo, Santo Domingo, y demás cacaos de la economía nacional, estos son los que ponen y quitan presidentes. Entonces por meternos con el modelo educativo que responde al modelo económico de estos compatriotas, recibimos bolillo y cárcel, en los mejores de los casos.

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Pero hay una cosa que da moral en medio de este aguacero de judicializaciones,  es que primero cae un mentiroso que un cojo; igual que los 13 jóvenes acusados de poner bombas en Bogotá fueron puestos en libertad al demostrarse que no tuvieron responsabilidad en estas acciones. En el caso de las ocho personas del Centro Comercial Andino será cuestión de meses para verlos salir sin esposas y libres de culpa. Eso sí, tendrán dañada su imagen como profesionales porque cuando los vean en la calle, su oficina y hasta en el barrio no dirá la gente, “huy mire, ahí va la víctima de un falso positivo judicial” sino “vea, ¿esa no es la que acusaron de poner bombas?”. Al fin y al cabo, la difamación mediática es igual de dañina a un disparo, mientras una causa dolor físico, la otra daña su imagen y de paso la de la universidad pública colombiana.

*Es comunicador social,  director del  programa radial Informativo Centro Oriente.