Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Masacre en el páramo de la sarna


Por: Corporación Cospacc

|Edición 20 |Noviembre de 2014|

Ocurrió el primero de diciembre de 2001 en la provincia de la Libertad del departamento de Boyacá, región olvidada por el gobierno nacional durante décadas. Quince personas fueron vilmente asesinadas en un acto premeditado años atrás. 

En la mañana de ese primero de diciembre, un aire frío recorrió toda la región. Todos los sábados los campesinos arribaban al mercado dominical del municipio de Labranzagrande. Este mercado es el mayor de la provincia de la Libertad, integrada por los municipios de Pajarito, Paya, Pisba y Labranzagrande, con una población no superior a los 13 mil habitantes; región legendaria y perdida entre los anaqueles de la burocracia colombiana. Hasta ese entonces los municipios de Paya y Pisba no contaban con vías de acceso, a pesar de los ingentes esfuerzos realizados por su población.

Del terminal de trasportes de la ciudad de Sogamoso, todos los días a las 6:15 a.m. sale la ruta que conduce al municipio de Labranzagrande, capital de la provincia. Este día, el bus 339 de la empresa Cootracero, salió en la ruta antes mencionada. Aproximadamente una hora y media más tarde, cuando el bus se encontraba a la altura del Páramo de la Sarna, zona fría, escarpada y poco habitada, fue interceptado por varios sujetos que obligaron a los pasajeros, al conductor y al ayudante a descender del autobús; hicieron acostar  boca abajo a 15 de ellos. Una anciana y dos niños, fueron  obligados a abordar de nuevo el autobús, mientras los otros pasajeros continuaban tendidos sobre el pavimento.

Un estruendo de disparos aturdió a los niños y a la anciana que se encontraban en el bus. Los 15 pasajeros fueron asesinados con un tiro de gracia  en la cabeza,  en un acto que causó repudio, rabia y zozobra entre los pobladores de la región.

Sentimientos encontrados guiaban ahora los destinos de la población. Al día siguiente el mercado estaba desolado. Los comerciantes y campesinos, al escuchar de la noticia, detuvieron su viaje semanal: el trasporte público suspendió las rutas hacia esta zona. Todo parecía desvanecerse. Sin embargo, y como resurgir de las cenizas, la población se levantó en acto de protesta. Once días después (el 12 y 13 de diciembre) la comunidad en general, acompañada de sus alcaldes, personeros, párrocos y algunos concejales, se movilizó en acción de repudio y exigiendo justicia.

En un acontecimiento sin precedentes, los manifestantes realizaron una homilía en el sitio de los hechos y posteriormente, en la vía que de Sogamoso conduce a la ciudad con los Municipios de Aquitania y Tota, realizaron un bloqueo para exigirle a las autoridades garantías para continuar con sus labores y que la masacre no quedara en la impunidad. La actividad contó con el acompañamiento de la Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos y la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos ANUC – Unidad y Reconstrucción.

Al día siguiente, luego de soportar la fría noche, una mesa de concertación compuesta por un delegado de la gobernación de Boyacá, un delegado del batallón Tarqui, los alcaldes, los sacerdotes, los personeros que se encontraban en el lugar y delegados de la comunidad, fue establecida. La respuesta institucional   a la barbarie, fue la construcción de un fuerte policial en la zona, respuesta vana y poco ética con los hechos ocurridos.

A mediados de abril, la comunidad que no estaba conforme con las respuestas dadas por las instituciones, en un acto masivo se realizó el primer Encuentro Social y Campesino de la Provincia de La Libertad, actividad que contó con la participación de más de 600 personas. Entre las solicitudes más sentidas estaba la de lograr que la masacre ocurrida el primero de diciembre no quedara impune, que se investigara y hubiese castigo a los responsables.

Hoy, luego de 14 años de cometida la masacre, la impunidad sigue reinante en la región. Los encargados de justicia aún no le han contado a las familias ni a la comunidad la verdad de lo sucedido. Pero desde los ejercicios investigación propios se ha podido establecer que la masacre no fue un caso fortuito o aislado* ; por el contrario, obedece a actos premeditados y a una dinámica de represión hacia poblaciones donde existen intereses de extractivismo o de megaproyectos.

En el marco de la estrategia paramilitar implantada por el Estado colombiano, se realizó un congreso en 1996 en la zona de Urabá, en el que se determinó, entre otras cosas, que los lugares prioritarios para garantizar la explotación petrolera del piedemonte llanero eran Boyacá y Casanare, por lo cual se hacía necesario generar terror en los municipios de Chámeza y Recetor (Casanare) y las poblaciones de Paya, Pisba y Labranzagrande (Boyacá).

Según alias Salomón** y Alias Solin, integrantes de la estructura paramilitar denominada “Autodefensas Campesinas de Casanare – ACC”, una de sus principales acciones consistía en garantizar el funcionamiento de la industria petrolera. Esas mismas afirmaciones han sido hechas por los comandantes del Ejército Nacional que patrulla la zona, en donde las fuerzas militares contribuyeron no solo con información y complacencia, sino que suministraron armas***  para cometer el crimen**** . A pesar de lo anterior, no se ha hecho pública la identidad de los autores intelectuales o beneficiarios de la masacre y tampoco hay militares condenados por ese hecho.

*El Tiempo, octubre de 2014: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12398451

** Archivo Cospacc

*** Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, octubre del 2014.: http://www.comitedesolidaridad.com/index.php/noticias-2/717-vi-p12-anos-de-la-masacre-del-paramo-de-la-sarnaeregrinacion-conmemoracion

**** Excelsio.net, octubre de 2014: http://www.excelsio.net/2013/10/capturan-presunto-paramilitar-que.html