Los israelíes han decidido ocupar una franja de diez kilómetros al sur del Líbano, con el argumento de proteger su parte norte de los ataques de Hezbolá, fuerza que reactivó sus ataques en medio de la cruenta guerra de destrucción sobre Irán. Se renuevan así viejas heridas y se repiten violentos procesos de un pasado cercano.
Recordemos que Hezbolá atacó a Israel en 2023, en el marco de la arremetida de ese país contra los palestinos, tras el ataque del siete de octubre, que, como se sabe, fue posibilitado por Netanyahu[1]. La desigual batalla duró hasta noviembre de 2024, cuando se pactó un cese, tras dejar cerca de 4.000 víctimas mortales en el Líbano, 17.300 heridos, 1,2 millones de desplazados y cientos de edificios, entre ellos escuelas y hospitales, destruidos. No obstante, tras el acuerdo, Israel continuó los ataques.
La actual situación revive la invasión israelí precedente entre 1978-1985, en un contexto en el que cada hecho “defensivo” conduce a posteriores actos de respuesta marcados por la crueldad
Es así que en 1978, en el marco de la lucha por la liberación de Palestina, la OLP ejecutó una masacre de israelíes, pretendiendo frenar los acuerdos de paz entre Israel y Egipto, al juzgar que debilitaba su lucha. En respuesta, 25.000 tropas israelíes invadieron la parte sur del Líbano, dejando como saldo 1.168 libaneses muertos y 285 mil desplazados, mientras del lado israelí se reportaron 18 bajas.
En forma seguida, Israel articuló una milicia cristiana que “creó” el “Estado Libre del Líbano”; a través de ella ejerció represión y dominio en esa área sur. Luego, en junio de 1982, tras un intento de asesinato del embajador israelí en Londres, Israel lanzó una nueva ofensiva que buscaba sacar a la OLP del Líbano, colocando sus tropas en la misma capital: Beirut; retirándose parcialmente en 1985, pero manteniendo la ocupación del sur del Líbano hasta 2000. En ese marco de respuesta a los hechos de 1982 surgió Hezbolá, milicia chií fundamentalista, a diferencia de la OLP, organización sustancialmente política.
Es así que, ante el asesinato del ayatolá Alí Jameneí, el 2 de marzo Hezbolá reinició los ataques con misiles al norte de Israel. La respuesta de Israel por ahora implica cerca de 900 personas asesinadas, entre ellas niños y personal médico, 2.000 heridas y más de 800 mil desplazadas en solo diez días, población que en este momento no cuenta con ayuda o protección.
La invasión terrestre en curso pretende ocupar la franja de diez kilómetros bajo el río Litani, cercana al 10% del territorio del Líbano. Tal operación afecta a 100 pueblos y aldeas, que albergan cerca de 650 mil personas, estimándose que cuando menos 350 mil corren riesgo de ser asesinadas o cuando menos desplazadas.
El uso del terror como medio de alcanzar mezquinos objetivos expansionistas ha sido probado con éxito sobre la población palestina. Y ahora tranquilamente se extiende con rapidez bajo la plena complicidad de la burguesía del mundo y sus jefes de Estado, especialmente el de los EEUU en cabeza de Trump.
Referencias





