Por: Germán Ayala Osorio, Comunicador social y politólogo
Después de #ElGranDebate, queda claro que aún no sabemos qué es eso de hacer debates presidenciales en televisión. Insisto, el diseño y la lógica implementada anoche es rígida y no facilita la exposición amplia de las propuestas de los candidatos.
En la noche del 19 de abril, el canal RCN y su noticiero Noticias RCN organizaron #ElGranDebate. A la cita llegaron los candidatos presidenciales más opcionados de acuerdo con el dictamen de las encuestas y los propios medios: Petro, Fajardo, De la Calle, Morales, Vargas y Duque. Contrario a lo que indicaba la etiqueta, no hubo debate, se trató, más bien, de un conversatorio rígido en el que de manera controlada se abordaron diversas temáticas, sin la profundidad que se requiere, especialmente cuando los candidatos presidenciales entran en el oscuro túnel de prometer la aplicación de planes y programas que dicen tener ya diseñados para responder a puntuales demandas sociales. Y no hubo debate porque el formato mismo lo impidió.
Lo que queda claro es que los periodistas en Colombia no saben aún qué es un debate que asegure la discusión política basada en programas de Gobierno y cómo organizar un encuentro entre candidatos que realmente cumpla con las condiciones que demandaría un debate presidencial.
La estratagema de los medios es clara: hablar de la gran encuesta, del gran debate, para ocultar sus preferencias, su incapacidad para confrontar realidades que tocan el pasado político de los candidatos y al poder mismo; al final, solo buscan competir con las otras empresas mediáticas y de servir de caja de resonancia a las siempre interesadas empresas demoscópicas (encuestadoras1). El solo hecho de que periodistas “incorporados”2 sean quienes guíen la discusión en ese tipo de propuestas televisivas, conlleva a la construcción de falsos escenarios democráticos. Por ese camino, la discusión pública de asuntos públicos termina siendo ilusoria, quimérica, fallida y mentirosa.
Al insistir en temas puntuales o exponer casos en ese mismo sentido, como el manejo del controvertido programa Ser Pilo Paga, los candidatos no pueden exponer asuntos relacionados con la sostenibilidad fiscal de dicha política y las de otras que tengan el mismo carácter.
En lugar de discutir temas puntuales, en ese tipo de propuestas televisivas tendrían que exponerse asuntos gruesos, como el modelo de Estado, el desarrollo económico, el fortalecimiento del aparato productivo, la dependencia petrolera y minera, la especialización agrícola (monocultivos para producir biocombustibles), las exenciones de impuestos y la entrega de subsidios que terminan generando actitudes y prácticas rentistas en sus beneficiarios, el papel del Estado en la economía y la existencia de un Doble Estado3 en Colombia. De igual manera, controvertir en torno a la corrupción pública y privada que corroe las instituciones y proscribe la ética pública. De esa manera, habría una confrontación más aguda de ideas y la comprensión de cuál de los programas de gobierno expuestos por los candidatos presidenciales es el más serio, cohesionado y viable. Pero no, los periodistas organizadores de los “debates” prefieren temas menores y no mirar, por ejemplo, las relaciones entre el Estado, el mercado y la sociedad.
Es más, aprovechando la presencia de voceros y líderes del empresariado colombiano en el set en donde transcurrió el “encuentro” presidencial que llamaron El Gran Debate, el tema a discutir debió ser la responsabilidad que le cabe a la clase empresarial en Colombia en la consolidación del ethos mafioso en el funcionamiento del Estado y de sus relaciones con el mercado.
En el “debate” en el canal RCN el candidato Iván Duque, del Centro Democrático y ungido por el ganadero, latifundista y caballista, Álvaro Uribe Vélez, destacó políticas públicas como Familias en Acción. Esta sola política daría para una discusión mayor en torno al sentido de este tipo de programas. Lo que no dijo el candidato fue que dicha política pública terminó institucionalizando el clientelismo, y por ende, la corrupción, y que los subsidios que entrega a familias pobres, aportaron al crecimiento de embarazos en niñas y adolescentes. Es decir, se trata de una política pública que extiende las trampas de la pobreza que en Colombia es estructural. Dicha política sirvió a los intereses electorales y electoreros de Pastrana, aseguró en parte la reelección de Uribe y la llegada de Santos a la Presidencia.
No se puede dejar pasar por alto una situación que terminó opacando al “debate” y al hecho mismo de que fuera “tendencia” en las redes sociales. La Presentadora Claudia Gurissati, del Noticiero Noticias RCN, señaló que para dar cumplimiento a mandatos legales o por disposiciones de ley, deberían ir a un “mensaje institucional”. Dicho esto, aparece la publicidad de la campaña de Iván Duque y de inmediato, se regresa al escenario en donde se desarrollaba “El Gran Debate”.
Las reacciones no se hicieron esperar, dado que la línea editorial del noticiero y la política oficial del Canal RCN claramente señalan sus preferencias por el candidato de la derecha y ultraderecha, Iván Duque Márquez. Ante la crítica directa del candidato Gustavo Petro Urrego, la Presentadora y quien funge a veces como periodista, contestó: “Candidato @petrogustavo Ud. sabe que el Canal RCN no admitió pauta política hoy y que el CNE y ANTV sortea espacios institucionales gratuitos entre candidatos que nos obliga legalmente a emitirlos. Creo que no deben ir en los debates pero no está en nuestras manos”4.
Si la señora Gurisatti tiene razón, debió explicarle a las audiencias que el mensaje institucional que iban a ver y escuchar, previamente había sido sometido a un sorteo y que ellos no tenían control sobre el mismo.
En la actual coyuntura electoral y el ambiente de crispación que se respira en el país, este tipo de situaciones generan suspicacias en las audiencias y en los electores en torno a la imparcialidad que deben exponer los periodistas que convocan, organizan y participan de este tipo de encuentros entre los candidatos presidenciales. Y más aún, cuando sectores de la opinión y de la sociedad colombiana reconocen en el Canal RCN y a Noticias RCN como voceros del uribismo, amigos de la campaña del NO en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 y detractores del proceso de paz con las Farc y que funcionan como ruedas de transmisión de las ideas y propuestas de aquellos que buscan “hacer trizas ese maldito papel que llaman el Acuerdo Final”.
Así las cosas, después de #ElGranDebate, queda claro que aún no sabemos qué es eso de hacer debates presidenciales en televisión. Insisto, el diseño y la lógica implementada anoche es rígida y no facilita la exposición amplia de las propuestas de los candidatos.
[1] Véase: “Cuidado con las encuestas”.
[2] Véase: “Periodismo incorporado”.
[3] Véase: “Doble Estado”.
[4] Tomado de su cuenta de Twitter.
Tomado de Viva la Ciudadanía Edición 584 – Semana del 20 al 26 de Abril de 2018
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