Referencias: la empresa criminal
Desde inicios de marzo, en Ecuador se ha desplegado un operativo militar especial antinarcóticos denominado “Operación Costa”. El objetivo declarado es la desarticulación de algunos carteles como los “Lobos” y “Choneros” a fin de reducir los niveles de violencia. La que constituye un grave problema, cuando hace una década la tasa de homicidios era de solo 6,4 por cada 100 mil habitantes y llegando ahora a los 51; datos muy superiores a los de México de 17, y tendiente hacia la elevadísima tasa de 80, que, en promedio, tuvo Colombia en los violentos años noventa.
El operativo se desarrolla en “coordinación” y asesoría de la inteligencia de los EE.UU., muy a pesar de que en el pasado referéndum la población se manifestó en contra de las bases y la presencia militar extranjera. La movilización de tropas puede llegar a 75.000 entre policías y militares —todo un ejército— para cubrir cuatro provincias: El Oro, Los Ríos, Santo Domingo, ubicadas al sureste, y Guayas, fronteriza con Colombia.
El despliegue se planteó para un periodo inicial en marzo, pero al parecer se prolongará. La legislación especial permite los toques de queda nocturnos y allanamientos, entre muchos otros. Por ahora se informa de golpes a redes de los Lobos, así como la destrucción de un campamento de los llamados “Comandos de Frontera”, una de las varias fuerzas residuales de lo que fueron las FARC. En resumen, una gran redada dirigida por Novoa, un presidente con acusaciones de mantener relaciones con el narcotráfico[1][2].
Para los habitantes de México o Colombia, el hecho podría no sorprenderlos, dado su acostumbramiento a los altos niveles de asesinatos, desapariciones y masacres. Vale recordar la masacre de la Comuna Trece en Medellín en 2002 (Operación Orión), supuestamente dirigida contra milicias de la guerrilla, pero que dejó cerca de 71 asesinados, 300 desaparecidos, 80 heridos y 350 capturas; ocupación dirigida por Álvaro Uribe, político también acusado de fuertes vínculos con el narcotráfico y los paramilitares. El hecho fue inmediatamente denunciado, pero resultó acallado y únicamente vino a tornarse público y evidente dos décadas después, en especial tras la persistente lucha de los familiares de las víctimas.
En forma cierta, el narcotráfico es un terrible lastre social porque pudre todos los cimientos sociales, entre muchas razones por vincularse con las bandas paramilitares, las redes de prostitución y los políticos regionales. Pero además, el narcotráfico es una de las correas fundamentales por las cuales se reproduce la empresa criminal, la que se enlaza directamente con el mercado de armas proveniente de los EEUU, condiciones que permiten construir cuasifeudos territoriales de los señores de la mafia. Desde allí, la empresa criminal se enlaza directamente con la acumulación de capital, a través del mercado de tierras e inmobiliario, junto a las necesarias redes financieras y de poder político.
La empresa criminal es un sector de altísimas rentabilidades, obtenidas mediante la constante aniquilación y reposición del personal usado para su funcionamiento. Bajo sus redes, el valor de la vida es cercano a cero, y su reposición cuesta poco, en tanto las ciudades y campos están repletos del proletariado sobrante para el capital, una franja de población hundida en medio del desespero que se enfrenta a la decisión de jugarse la vida por acceder a medios de sobrevivencia. Además, para el capital se trata de un problema, en tanto enturbia los contextos para el tranquilo funcionamiento del mercado, pero también es un nicho de grandes beneficios, en cuanto su ataque por medios militares implica absorber los mil millonarios presupuestos públicos que van a las manos de las empresas productoras de armas, la gran mayoría de ellas con sede en EEUU.
Población sobrante y transhumanismo: una paradoja
La población sobrante para el capital en América Latina puede rondar los 80 millones de personas, y en todo el mundo podría alcanzar la tremenda cifra de 525 millones[3]. Salta así el momento “paradójico” que vive la humanidad bajo el capitalismo, en tanto la sola inversión en IA en los EE. UU. será de 650 mil millones de dólares —sin tener en cuenta su combinación con la robótica—, es decir, un multimillonario esfuerzo para reemplazar al ser humano de las tareas productivas. La irracionalidad es elocuente; hay que realizar titánicos esfuerzos para invertir medios que reemplacen la mano porque es costosa, pero a la vez una muy significativa parte de la población trabajadora le sobra al capital.
Lo marcado es que esa franja de la población se ha tornado más que sobrante de acuerdo a los hechos, y ha pasado a incomodarle estructuralmente al capital en tanto implica gasto público y por esa vía impuestos. Para el capital y sus dirigentes, en realidad, sobran en el planeta y deben actuar en consecuencia. ¿Exageramos? Esta realidad contradictoria y sin solución bajo los términos del capital ha sido pensada y asimilada hace ya rato para la élite capitalista, aquí en cabeza de Peter Thiel (CEO de Palantir), Elon Musk o Nick Land en su texto la “ilustración oscura”.
Al respecto, Nick Land asume que en el futuro próximo solamente deberán pervivir los humanos mejorados (cyborizados). Es decir, aquellos que, manteniendo un alto IQ, aceptan tanto mejoras biotecnológicas como inserción de chips en su cuerpo a fin de mejorar su capacidad de rendimiento productivo, porque de lo contrario no estarán capacitados para interactuar con el gran autómata del capital que está desarrollando la actual revolución tecnológica. La población restante o bien se aniquila o bien se reduce a granjas virtuales. Y para dar cauce a tal perspectiva en curso, es necesario liquidar el oneroso e incómodo sistema de la democracia, en tanto que por esa vía los humanos menos capacitados imponen incrementos de gasto público, vía que únicamente retrasa el avance de las fuerzas técnicas del capital.
Reedición
La aplicación de operaciones de limpieza sobre poblaciones enteras no es nueva, solamente se está reeditando. Fueron una pieza clave para la expansión capitalista en sus inicios, a través del sistema colonial. En la invasión al norte de la actual América, los ingleses limpiaron el territorio y liquidaron al 95 % de la población nativa (de 5 a 10 millones). En América Latina, bajo trabajo forzado y segregación racial, la cifra fue del 90 %, unos 40 millones de nativos. En Australia, el 90 % de los indígenas fueron diezmados (cerca de 1,2 millones); y en el continente africano fueron raptados y en buena medida asesinados otros 12 millones.
Pero las operaciones de limpieza no se limitan a la población nativa; por el contrario, el mismo funcionamiento irracional del capital las estimula. Así ocurrió en el ombligo del capitalismo bajo la Primera y Segunda Guerra Mundial, con cerca de 22 y 80 millones de muertes, la mayoría campesinos y proletarios. Sobre esa liquidación de parte del proletariado y de infraestructura, el capital floreció el corto periodo de 1945-1974, para ir languideciendo desde entonces, a no ser por su evolución en China.
Pero otra guerra mundial está inhibida por las actuales condiciones del armamento atómico, en cuanto un enfrentamiento directo entre grandes potencias solamente garantiza su mutua destrucción. De aquí que la guerra como medio de limpieza y relanzamiento del capital resulte restringida a guerras regionales o a guerras de baja intensidad, escenario que precisamente se presenta ahora con toda su claridad.
En resumen, la operación limpieza renovadora se ha sostenido bajo el capitalismo. Tal continuación se ha logrado bajo su forma soterrada de “baja intensidad”, es decir, de asesinatos y masacres selectivas. Su función permanente es la de despejar y adaptar zonas y poblaciones para el funcionamiento del capital, aspecto muy notable en el capitalismo colombiano.
Sobre este panorama, es factible mostrar que la operación limpieza en Ecuador no es un acto aislado. Centroamérica la sufrió con rigor entre fines de los ochenta e inicios de los noventa. El purificador Bukele le ha dado su nueva forma en El Salvador, con redadas masivas e indiscriminadas y cárceles sin restricciones nacionales o internacionales.
Esa operación la viene adelantando Trump, mediante la persecución racista dentro de los EE. UU. en contra del proletariado latino que emigró a los EE. UU. en busca de medios de vida. Y en cuanto a Trump, y la burguesía MAGA que representa, ha asumido esa tarea como si se tratara del exterminio de una plaga, mecanismo de persecución que traspasa la frontera y lo extiende a toda América Latina. En el marco de tal cruzada es que se celebró la cumbre “Escudo de las Américas” a inicios de este mes, donde el “emperador” ordenó a sus lugartenientes (doce presidentes) desatar el poder de sus ejércitos, combatir el narcotráfico y contener al capital chino. Esta perspectiva purificadora y renovadora también la adelantan Trump y Netanyahu sobre Palestina, Libia e Irán.
El genocidio de nativos cometido por la naciente burguesía europea fue justificado como una limpieza de “salvajes” en nombre de la civilización y la libertad. De una forma similar se agarran Trump, Netanyahu y la ultraderecha latinoamericana en la pretensión de convencer al mundo de que su actual operación limpieza es por la libertad. Para ello, en forma artera se valen de problemas ciertos, como las cadenas de narcotráfico y las empresas criminales, resultándoles provechosas ideológicamente para justificar su desmandada manera de actuar, como también para ocultar que se trata de una iniciativa orientada a disciplinar por la vía violenta al proletariado y demás sectores populares.
Bajo tal escudo, quien les critique o se les oponga es reducido a enemigo de la libertad y más aún de la “civilización occidental”. Debiéndose saber que para ellos únicamente se trata de una “libertad” recortada y hecha a la medida para que el capital salga de su letargo e intente reflorecer. Pero esta vez, ya ni siquiera acompañado de su malquerida y desgastada democracia burguesa, tal como lo enfatiza Nick Land, solo, ciertamente, libertad para el capital.
Referencias





