En un acto cargado de simbolismo político y memoria popular, el Puente Internacional Simón Bolívar dejó de ser por unas horas un corredor humanitario y volvió a convertirse en lo que los pueblos siempre han reclamado que sea: un espacio de unión y lucha. Allí, entre tambores, banderas y abrazos, se selló el Encuentro Binacional de Hermanamiento en Defensa de la Paz y la Soberanía de los Pueblos, desarrollado entre el 6 y 7 de febrero. La jornada combinó el análisis crítico de la política biparidista con una demostración cultural de siete regiones de Colombia, reafirmando que la defensa de la soberanía se enraíza en la organización popular.
Frente a lo que las organizaciones califican como una “ofensiva imperialista” y una escalada de “agresiones contra toda América Latina” la cita propuso un camino distinto al de la diplomacia subordinada: la unidad de los pueblos como vía para enfrentar la crisis civilizatoria producto del capitalismo. El jueves 6, en Cúcuta, el Foro Binacional abrió un debate frontal sobre los acuerdos de seguridad con Estados Unidos, históricamente promovidos por gobiernos de ambos países. Vocerías del movimiento social fueron enfáticas: “La paz y la soberanía de los pueblos no se van a garantizar mediante acuerdos militares con los gringos” —una afirmación que se articula con las conclusiones del encuentro que llaman a disputar el poder y fortalecer el tejido organizativo frente a la militarización hemisférica.
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El Puente Simón Bolívar ya no fue límite ni frontera:
El sábado 7, la fraternidad tomó forma concreta con un acto político-cultural que cerró el puente al tránsito vehicular y abrió paso a la Asamblea de los pueblos de Colombia y Venezuela: un solo abrazo, un solo futuro, reafirmando la fraternidad histórica que une a nuestras naciones. Expresiones artísticas del Cauca, Santander, Bogotá, Medellín, Arauca, Casanare y Chocó ocuparon el espacio que por años fue símbolo de crisis migratoria y cierre. La presencia de autoridades venezolanas, como el gobernador Freddy Bernal, reforzó el carácter binacional de un acto que reivindicó el puente como territorio vivo de unión, no de contención.
Durante la jornada, líderes sociales advirtieron que los ataques recientes contra Venezuela deben leerse en clave geopolítica. Leonardo Jaimes, del Equipo Jurídico Pueblos , lo sintetizó así:
tras un mes de la agresión imperialista del 3 de enero —cuando “cayeron bombas en la capital de Venezuela” y luego en territorio colombiano, ambas “de tecnología estadounidense”—, es evidente que se impone “un estado genocida y fascista” cuyo avance responde a la crisis del capitalismo global.
Para Jaimes, el encuentro señala la ruta correcta: fortalecer la autodeterminación, defender el derecho de los pueblos a existir y enfrentar el progresismo reaccionario cuyo silencio “lo hace cómplice” de la agresión en curso.
Esta jornada enmarcada en el Día de Acción Global por Palestina y Venezuela, también dejó una marca internacionalista. Las consignas denunciaron el bombardeo, el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera combatiente Cilia Flores, y alertaron sobre las amenazas contra Cuba y México. La convergencia convocante —que incluyó al Congreso de los Pueblos y al Movimiento Social por la Paz— cerró con una definición clara, coherente con los compromisos adoptados en el documento oficial: la paz con justicia social viene con de la organización, la movilización y la unidad internacionalista de las mayorías.
Las conclusiones políticas del Encuentro reforzaron esta lectura colectiva del momento histórico. En el documento final se advierte que los pueblos que han enfrentado el modo de producción capitalista “hemos sido objeto permanente de agresión y opresión” y que los ataques sistemáticos contra Venezuela y Cuba expresan el escalamiento de una ofensiva imperialista que busca el control de territorios y bienes estratégicos bajo discursos de “democracia” y “lucha contra el terrorismo”
A esto se suma —según lo debatido en el puente— el papel del progresismo colombiano, cuyas posturas conciliadoras han contenido la fuerza popular y contribuido a la criminalización de la organización social en territorios históricamente golpeados. Frente a este panorama, el Encuentro reafirmó que la respuesta pasa por fortalecer la unidad popular, la movilización y la construcción de poder desde abajo, reivindicando la soberanía, la autodeterminación y la democracia directa como principios para garantizar condiciones materiales de vida digna.





