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Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Revueltas en latinoamérica


revueltas en latinoamérica

Trochando Sin Fronteras, edición 41 – Enero -Marzo de 2020

Por: Marcela CruzTrochando Sin Fronteras 

En medio de la salida de la cárcel de Lula y del golpe contra Evo, los gobiernos de la región andan como el borracho que metió la pata y sabe que hay que andar pasito. Como se sabe, eso es un resultado del contagio de protestas que han obligado a los gobernantes a dar reversa a las medidas antipopulares que las detonaron. Incluso, no se ha podido ocultar que los han obligado a comprometerse con agendas de mejoras sociales, como ha pasado en Haití, Ecuador o Chile.

Lo que no parece es que Duque se haya enterado, porque en forma arrogante ha calificado de mentirosos a los convocantes al paro nacional que inició el 21 de noviembre 2019, remedando las bravuconadas de Piñera, que para sofocar las protestas salió a decir que estaba en guerra, atizándolas hasta un punto que nunca imaginó. A diferencia del cretino de Duque que no desea aprender, el movimiento social requiere asimilar lo que está pasando en el vecindario.

Lo primero a ver, es que el capitalismo viene renqueando desde hace décadas y por eso las grandes crisis mundiales, como la de 2008, tienden a reproducirse. Lo segundo es que la región se adelantó a ella, debido al bajonazo en los precios de las materias primas y productos agrarios desde 2014[1]. Esto, sin que la nueva crisis mundial haya llegado, de la que se dice que está a la vuelta de la esquina.[2]

A consecuencia de esa caída se redujo el ingreso nacional, y se produjeron situaciones de déficit en las cuentas de los gobiernos y del sector externo. Luego, procediendo como buenos ricachos, las empresas y gobiernos sacaron prestado para “disimular” la situación, en espera que todo fuera mejor, pero eso no sucedió, ni sucederá en el futuro próximo. Así que su deuda total creció, y ahora la única forma que ven para pagarla, es ajustarle el cinturón a la clase popular, lo que significa bajar salarios, pensiones y gasto social, y a su vez, elevar tarifas e impuestos como el IVA.

En medio de esa situación es que se ha presentado una dura puja por el poder del Gobierno entre los liberales de izquierda o gobiernos progresistas, y la derecha neoliberal, lo que ayuda a explicar las protestas en Brasil, Argentina, o el golpe contra el gobierno de Evo en Bolivia.

Los progresistas creen que pueden manejar la crisis sosteniendo la capacidad de compra de los sectores populares mediante ayudas gubernamentales de gasto social, suponiendo que si tienen más ingresos pueden comprarles más a los capitalistas y favorecerles sus ganancias, incremento del que el Gobierno aruñaría un pedacito con impuestos para poder pagar los subsidios sociales. La derecha neoliberal cree que eso crearía más ruina, que sería como “si una empresa elevara los precios cuando sus ventas van mal”, por eso se aferran a bajar los impuestos a los capitalistas (como lo hizo Duque) para que ganen más, en la esperanza que luego inviertan y venga la prosperidad.

Sin embargo, la crisis capitalista se parece a un perro hambriento: “más te tardas en espantarlo que él en regresar”[3], de modo que las dos perspectivas la espantan por un rato, pero cuando regresa, ya viene más brava y mostrando los dientes. La derecha neoliberal la medio aminoró en los noventa, y cuando regresó, vino tan fuerte que solo estimuló el cuarto de hora de los liberales de izquierda (Lula-Dilma, Correa, los Kirchner, Evo, Chávez, Bachelet). Gobiernos que contaron con la suerte de un ciclo favorable de precios internacionales hasta 2014, fase durante la cual le dieron mucho al capital y un poquito a la clase popular.

Además, cuando cayeron los precios enfrentaron la crisis endeudándose, y en ese marco se alebrestó la refriega en la región, pelea exacerbada por los norteamericanos, por eso en Brasil, Argentina, o Venezuela, se suceden oleadas de protestas para sacar o apoyar a una u otra fracción, tal como ha sucedió contra el Gobierno de Evo, y eso que fue uno de los que pudo mostrar resultados para mejorar la situación de vida de la clase popular.

La crítica a esas dos perspectivas es que al final velan porque la ganancia capitalista mejore, por lo que el capital sigue ahí, y con ello el “perro hambriento” de la crisis no se espanta y los problemas como la deuda crecen; con lo que vuelven los “ajustes” que siempre caen sobre la clase popular mediante menores salarios, y menos beneficios sociales, como por ejemplo precios más altos en los combustibles.

Esto fue lo que reventó en Chile: la gente se mamó de aguantar tanta explotación y mentira. Allí, como en Colombia, la izquierda verdaderamente popular y proletaria fue reventada a punta de masacres y torturas para obligar a que la población bajara la cabeza, o cuando menos, “aceptando” las promesas de tiempos mejores. Sin embargo, la prosperidad nunca llega, en cambio sí en su lugar más crisis y más ajustes. Y como la crisis social nunca ha sido solucionada, ni por la ultraderecha neoliberal, ni por los liberales de izquierda, la clase popular va tornando distancia de unos y de otros, al entender que no son sus alternativas.

En medio de protestas y revueltas, animadas por ultraderecha o progresistas, la clase popular va comprendiendo la necesidad de construir y defender un programa que supere el capitalismo, es así que este 2020 en Latinoamérica se continuaran las revueltas ya que la crisis sigue y el pueblo va comprendiendo que la movilización es el único mecanismo de presión y exigencia que le han dejado.

[1]Por ejemplo, el precio del barril de petróleo cayó 120 dólares en 2014, a los treinta en 2016, manteniéndose luego a un promedio de sesenta.

[2]Para ampliar el tema se recomienda el artículo “Un mundo en suspenso”, en el que se aborda también la situación de Latinoamérica, y Colombia. De igual forma los artículos de Michel Roberts sobre la depresión y crisis mundial.

[3]Pedimos que todos nos disculpen por repetir estas formas tan ofensivas con estos animalitos.


** Las opiniones, análisis y/o similitudes expresadas por los autores son su responsabilidad,  por tanto Trochando Sin Fronteras no se hace responsable