Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Se puede avanzar hacia un modelo de vida agroalimentario nacional


Cierre de campaña Alberto Castilla Bogotá DC

Trochando Sin Fronteras, Edición 34 de 2018

Por: Alberto Castilla – Senador de la República

La constitución del año 1991 permitió adaptar toda la legislación colombiana al modelo económico neoliberal dominante a nivel internacional. Con sus privatizaciones, la mayor penetración de las empresas multinacionales a la economía del país, la disminución del tamaño del Estado y la economía en función de las exportaciones. Los países son vistos como fuentes de materias primas para el consumo de los ricos del planeta. La estructura del Estado colombiano se va adaptando para responder a los compromisos internacionales y para el pago del endeudamiento que fue creciendo en proporciones no previstas. De 26 mil millones de dólares en 1995 a 130 mil millones de dólares a finales de 2017. Y llegando a representar más del 40% del PIB.

Los compromisos y las condiciones impuestas por el Mercado internacional, y la complacencia de los gobiernos de todos estos años, orientan al país a mirar ya no su capacidad de producción agropecuaria como se hizo durante la época cuando nuestro principal producto de exportación fue el café, sino que se inclinó por los bienes de la naturaleza no renovables, y que están en las entrañas de la tierra como son, el oro, el petróleo, el gas, el carbón, el coltán, entre otros, convirtiéndose nuestro país, como la mayoría de nuestros países latinoamericanos, en exportadores netos de materias primas sin ninguna transformación, modelo de producción que se ha llamado extractivista.

El modelo extractivista, puso al país a buscar estas riquezas por todos los rincones del país, llegando incluso a explorar y explotar territorios ricos en aguas, floras y faunas, que fueron deteriorando territorios cuidados por indígenas, campesinos y negritudes, que sufrieron desplazamiento y desarraigo de lo que había sido su vida durante muchos siglos.

Las aguas limpias se volvieron turbias por la presencia de dragas, con mercurio y otros contaminantes químicos. En algunas regiones se secaron lagunas, riachuelos y esteros, generando muerte animal, vegetal y desplazamiento humano. Los únicos beneficiados de este modelo han sido las empresas multinacionales que hacen los huecos, contaminan y se van para otros territorios a seguir con su labor depredadora de la naturaleza y la humanidad.

Los gobiernos de Uribe y Santos 1, encontraron unas condiciones internacionales favorables en los precios de estos productos. Lo cual les permitió justificar la sobre explotación de la naturaleza a nombre del crecimiento económico y del desarrollo. Por ejemplo el barril del petróleo pasó de 20 dólares en 1999 a más de 100 dólares en el 2008, y luego se sostuvo en esos niveles durante varios años. En el 2015 empezó su etapa de descenso hasta llegar a un promedio de 50 dólares en el año 2017. Esto permitía la justificación del ministro de hacienda a tomar medidas que favorecieran este tipo de explotación.

Nuestro Modelo es agroalimentario

Las luchas de los campesinos, indígenas, afrodescendientes, trabajadores, hombres y mujeres contra este modelo no se han hecho esperar. Movilizaciones nacionales, cumbres agrarias, mingas comunitarias, consultas populares, durante los años 2009 al 2017, exigieron que se pare este modelo depredador, se respete los territorios, se proteja el agua de los páramos, ríos y mares, que es nuestra principal riqueza.

Esto es lo que nos lleva a proponer otro modelo económico que es viable, y que respeta la vida del ser humano y la naturaleza.

Nuestro modelo propone aprovechar nuestras riquezas principales que son, por un lado la capacidad de trabajo de nuestros campesinos y campesinas, de indígenas y afrodescendientes, que tienen experiencia en cuidado de la naturaleza, y una gran iniciativa transformadora, para producir principalmente alimentos, que disminuya las importaciones de alimentos que hoy alcanza los 12 millones de toneladas al año. Y por el otro, nuestra riqueza de los territorios, agroalimentarios, el agua, la variedad de climas, mares, llanuras y montañas, propios para la producción de gran variedad de alimentos agrarios y ganaderos.

Por esto en nuestra labor legislativa nos hemos comprometido en hacer propuestas favorezcan ese modelo agroalimentario, que le de alimentación a todo el país, que sustituya la importación de alimentos y genere exportaciones de los mismos especialmente para nuestra región latinoamericana, que tiene otros potenciales diferentes a los nuestros.

Los siguientes son algunos de los puntos relacionados con lo agroalimentario de nuestra propuesta:

1. Reconocimiento político del campesinado como sujeto de especial protección y de derechos diferenciados. La necesidad de desarrollar normativamente los artículos 64 y 65 de la Constitución Política de Colombia, que tiene que ver con el acceso a la tierra de forma progresiva para “trabajadores agrarios”. Que se nos reconozca como campesinos, ya que tenemos unas características particulares, puesto que no somos exactamente proletariado agrario, y tampoco somos grandes empresarios agrarios de carácter capitalista. Sino que muchas de nuestras formas de generar economías, combinan la colaboración, cooperación, trueque, intercambios de semillas y productos, que ni siquiera están reglamentados en los códigos, sino que hace parte de nuestra cultura de colaboración, subsistencia y resistencia.

2. Garantías para la producción de alimentos, facilidades para la consecución de semillas, herramientas y tecnologías apropiadas para la geografía diversa de nuestros territorios.

3. Construcción de vías de acceso para sacar nuestros productos a los centros de comercialización y abastecimiento de las grandes ciudades. Para que no se nos dañen los productos en las trochas y caminos porque no entran los vehículos.

4. Construcción de hospitales y centros de salud de primero, segundo y tercer nivel que atiendan los campesinos y campesinas. Creación de centros de educación de secundaria y universitaria para que nuestros hijos e hijas, sigan vinculados a los territorios, orgullosos de ser campesinos y campesinas.

5. Políticas de fomente agropecuario, con facilidades de créditos blandos para la inversión, con políticas favorables de precios para nuestros productos y asesorías técnico-científicas para la generación y recuperación de nuestras especies.

6 .Políticas culturales, que conserven nuestras costumbres y arte, respeten nuestras formas de organización y cooperación, inserten nuestros hijos e hijas al deporte y el arte nacional e internacional manteniendo nuestras culturas.

7. Facilidades para el acceso a la tierra, para hacerla productiva, delimitando los grandes latifundios improductivos.

8. Impulso de cada uno de los eslabones de la cadena productiva para el impulso de procesadoras de alimentos y comercializadoras de los mismos hasta llegar al consumidor nacional e internacional.

Estamos seguros de que si en el Congreso de la República, se debate este tipo de propuestas, y los sectores populares se movilizan con el mismo objetivo, estaremos haciendo un aporte importante para nuestro país, garantizando el derecho a la alimentación saludable, al trabajo campesino, a la superación de la pobreza e incluso a la eliminación de una de las causas de la producción de cultivos ilícitos en territorios abandonados.

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