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Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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La normalización del clasismo, secuestra y esclaviza


secuestro y esclavismo

La élite colombiana es clasista, las acciones ocurridas, se pueden considerar como esclavitud, secuestro o retención.

Trochando Sin Fronteras – Mayo 13 de 2020}

Por: Iván Ipiaksua – Equipo TSF

No es la élite económica la que financia al Estado, son los impuestos indirectos del pueblo quienes lo hacen; pero en el país del sagrado corazón todo funciona al revés. Nos hacen creer que los salvadores del país son los empresarios y no los trabajadores.

El clasismo de las élites oligarcas los desborda, el «¿usted no sabe quién soy yo?» pulula en la cotidianidad de la sociedad para humillar a quien desconoce los privilegios del otro. Recordemos la semana pasada a Vargas Lleras, un político representante de la eterna clase gobernante, afirmar que «no se le debería pagar primas y bajarle el salario a los trabajadores«; o lo que decía la Martuchis «no es estar atenidos a ver qué hace el gobierno«; o los desalojos realizados por el ESMAD a los desplazados y sin techo que se tomaron urbanizaciones en obra y así sucesivamente.

Esa realidad se refleja en los hechos ocurridos en el edificio Luz Marina, en el barrio Los Rosales (Estrato 6) al norte de la ciudad. Lugar donde se secuestró a  Edy Fonseca, para que les sirviera 16 horas seguidas sin parar, sin ningún tipo de derechos en tiempos de confinamiento.

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Como esclava, todo le fue negado, y si…. ¡como esclava!; pero, lo más abominable del caso es el morbo que despertó. Morbo generador rating en los medios tradicionales, que fue utilizado para generar riqueza  para los dueños de los medios; mientras todos los colombianos querían saber de esta atroz noticia.

Y afirmo con «morbo«, porque esos medios a lo último no buscan cambiar esa situación; el clasismo y racismo alimentan esas conductas de los residentes del edificio, llegando a naturalizar el no-dolor por la desgracia ajena.

Haciendo un paneo por varios medios hegemónicos que cubrieron la noticia; y con el perdón por no citar, uno por uno, resumo lo leído y visto por varios de ellos, la historia es esta:

….la señora Edy trabajaba junto a otros empleados en servicios generales (como se le dice al tipo de actividades que no hacen sus explotadores), con los cuales se rotaban cada dos días el turno que comprendía las 24 horas, pero al llegar el confinamiento la junta de administración del edificio echo a los otros tres, sin lugar a pensar una alternativa económica que los dejará sin entrada salarial: a ella, no la dejaron ir para su casa, como hizo la inmensa mayoría de personas, por el contrario, aprovechándose de la necesidad y humildad de la doña Edy la obligaron a trabajar de domingo a domingo, y a dormir en el semi-sótano, ni siquiera en el sótano, botada en un colchón que ella misma consiguió.

Aunque le «pagaban» $15.000 pesos diarios, en lo personal no considero que sea un pago…, ese dinero no se compara en valor a lo que representa la compra de alimentos y artículos personales que una persona hace día a día viviendo o trabajando en ese sector –de la alta sociedad-.  No hay forma de sobrevivir, desayunando, almorzando y cenando, sumado a los refrigerios, y a los artículos básicos para el ejercicio cotidiano de autocuidado. La miserableza de los residentes del conjunto estrato 6 es atroz; el poder adquisitivo, mensual de una familia que habite un apartamento; puede, superar años luz el mísero ingreso de años de trabajo que pagaban a la señora Edy.

Ella no pudo salir un solo día durante ese largo mes de secuestro a ver y sentir el amor de su familia; trabajaba 24/7, en horario de 5:30 am a 9 pm, si en la noche llegaba un de sus captores o un domicilio, ella tenía que levantarse. Mientras tanto sus captores, libres de sus cadenas, salían sin problema a disfrutar de la vida. El presidente del Consejo de Propietarios, por medio de las cámaras la vigilaba y le prohibió recibir una taza de arroz que algún residente le brindó.

El baño en el semi-sótano no tenía agua, por lo cual buscaba la forma de llenar un balde y dejarlo ahí. Fue tan cruel la situación, que con el fallecimiento de uno de sus sobrinos, sus captores no le permitieron ir al seno de su familia para ayudar a consolar y ser consolada, le argumentaban que «estaba prohibido salir en medio de la cuarentena«.

Podemos recordar  que para los años 20 del pasado siglo en las plantaciones bananeras, a los trabajadores les pagaban con bonos, casi no accedían a un pago en dinero por su fuerza de trabajo, y no muy lejos a los cortadores de caña -cañeros- de las haciendas de los oligarcas nacionales en el Valle del Cauca, contaban ellos, que poca plata en sus pagos y si algunos bonos que intercambiaban por productos de aseo…; no muy lejos está la forma de trabajo de Edy, tanto la razón de explotación de los bananeros, como la de los cañeros, son la misma. El capitalismo no valora en su totalidad la fuerza de trabajo del trabajador que produce algo, sino, la explotación necesaria sobre el trabajador, en el caso de la señora Edy, que le genera su plusvalía.

Y aunque tenía un contrato directo por un millón trescientos mil pesos mensuales, las condiciones laborales no se equiparan con ese pago; es más no se equiparan con nada, la explotación de la vida a un trabajador, no se puede equipara en dinero; y eso sus captores lo utilizaron a su beneficio, lo que hace el caso aún más desalmado.

El caso es que la señora Edy, después de más de un mes de rapto y explotación laboral, en el edifico de 21 apartamentos y cientos de personas en su interior, pero en la total soledad del compartir con otros «dizque humanos«, terminó en ruina emocional, económica y sin salud; estresada, con parálisis facial y diabetes aguda.

Pero ahí no termina el macabro drama…, cuenta ella que al verla en estado de crisis emocional y de salud una mañana una joven residente, avisó a su padre para que llamara una ambulancia y cuando llegó, al momento de ingresarla al vehículo de salud, salió el presidente de la junta de propietarios y le dijo «mire en lo que nos metió, queda despedida….» ($%&).

O sea, ella, una trabajadora explotada por sus captores estrato 6; ¿resulta ser la culpable de esa explotación...? y hasta uno podría decir por la rabia que genera este caso ¡si, ella es la culpable….! por no romper sus cadenas, quemar el edificio con sus captores adentro e irse para su casa….

Al escuchar las razones por que sacrificó su vida para obtener el dinero y ayudar a su familia, en la que se incluyen sus nietos; se encuentran razones loables, solo que su esfuerzo, fue aprovechado por sus captores, llevándola al extremo de casi perder su vida .

Esto, sumado a las declaraciones del Senador Germán Varón del Cambio Radical, quien es copropietario; y que en la asamblea afirmó «hay que ser humano, pero también hay que entender que si se hubiera tomado otra decisión, también habría quejas por haber dejado el edificio sin vigilancia«[1]

Y cómo es la vida…, el abogado de la señora Edy, con quien levantará la demanda a la junta de propietarios, afirmó por redes que «había votado por el senador Varón…«, definitivamente…. Esperemos que ahora si aprenda de la real política nacional.

Para finalizar, se espera que la señora Edy se recupere de las afectaciones a su salud ocasionadas por la mala vida que soportó; agudizada por las condiciones laborales que sus captores le ofrecieron durante el confinamiento por COVID-19. Esperando que la justicia sancione debidamente a las personas que ocasionaron el dolor. La sociedad debe aprender que lo principal es liberarnos de las cadenas que nos atan a la explotación del trabajo; conquistando las condiciones para vivir en dignidad las cuales transformen la sociedad.

 


** Las opiniones, análisis y/o similitudes expresadas por los autores son su responsabilidad,  por tanto Trochando Sin Fronteras no se hace responsable