Trump: «la guerra puede perderse»

Apesadumbrado por los resultados de la guerra contra Irán, en forma casi explícita Trump ha reconocido el error de haber pensado que se decidiría en forma rápida. A su vez, esto implica que la estrategia iraní está siendo más efectiva al expandir la guerra en forma regional y de esa manera posibilitar su alargamiento, especialmente por la presión económica ante el cierre del Estrecho de Ormuz. Así, en medio de su desconcierto Trump no ha tenido más remedio que tildar a sus socios europeos de la OTAN de traidores y casi que culpabilizarles por el potencial fracaso militar en curso.

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Presionando a la OTAN

En sus declaraciones Trump ha hecho énfasis en el gasto desigual para sostener la OTAN, señalando que en su mayoría se destina a proteger a Europa. Y en la medida en que han evitado involucrarse en la aventura militarista Trump ha descrito ese gasto como “calle de una sola vía” (one way street), agregando que los EEUU han acudido cuando Europa los ha necesitado, pero la reciprocidad ahora no existe. Sobre esta base, que Trump califica de traición, ha dejado caer que el futuro de la OTAN es “muy malo”, sugiriendo casi su finalización, tono que en realidad constituye más un reto y una amenaza.

Las declaraciones más sonoras las pronunció en su intervención en la cumbre del FII Institute (Future Investment Initiative), celebrada en Miami Beach, Florida, el pasado viernes 27 de marzo de 2026. Hay que señalar que el FII Institute es un centro de pensamiento fundado y con sede en Arabia Saudita, que opera mayoritariamente con recursos del Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita, por lo que las palabras de Trump parecen un control de daños frente a sus financistas.

Allí dijo textualmente: “Les enviamos cientos de miles de millones de dólares al año para protegerlos… pero ahora, basándome en sus acciones, supongo que nosotros no tenemos por qué estar ahí para ellos, ¿verdad?”. Afirmación que en realidad constituye una amenaza directa a sus socios europeos de OTAN por no inmiscuirse en la agresión contra Irán. Agregando el calificativo de cobardes ante el argumento de los líderes europeos de no haber sido consultados antes de los ataques de febrero, por lo que calificó a la OTAN de un “tigre de papel” sin el liderazgo de EE. UU. Enseguida compartimos apartes de sus palabras:

«Llevamos décadas pagando las facturas de todos estos países que ahora se quedan de brazos cruzados. Les enviamos cientos de miles de millones de dólares al año para proteger sus fronteras, para proteger sus ciudades de amenazas que nosotros mismos mantenemos a raya. Pero ahora que tenemos una crisis real en el Estrecho de Ormuz, una crisis que asfixia su propia economía más que la nuestra, nos dicen que ‘no fueron consultados’. Es una excusa patética para la cobardía».

«La OTAN se ha convertido en una calle de sentido único, una one-way street. Nosotros ponemos los barcos, nosotros ponemos los aviones, nosotros ponemos las vidas de nuestros soldados, y ellos simplemente se sientan a ver cómo sube el precio del petróleo mientras nosotros hacemos el trabajo sucio. Les pedí ayuda para escoltar los cargueros, les pedí que se unieran a la misión para detener la agresión de Irán, y su respuesta fue el silencio. Eso no es una alianza, eso es un fraude».

«¿Por qué deberíamos estar ahí para ellos si ellos no están para nosotros en el momento de mayor necesidad? El pueblo estadounidense está harto de ser el ‘primo rico’ al que todos llaman cuando hay problemas, pero al que todos critican cuando decide actuar. Si Europa no está dispuesta a mover un solo dedo para proteger el suministro de energía del que dependen sus propias fábricas, entonces Estados Unidos no tiene ninguna obligación moral ni legal de seguir garantizando su seguridad».

«… Si no hay una respuesta inmediata, si no vemos sus armadas en el Golfo en los próximos días, creo que será un futuro muy malo para la OTAN. De hecho, diría que la alianza tal como la conocemos se acabaría. No podemos mantener una estructura que solo funciona cuando EE. UU. paga y los demás dan lecciones de diplomacia desde sus cafés en París o Londres».

«¿Saben qué? Tal vez esto sea una noticia de última hora, pero es la realidad: no los necesitamos. Nuestras fuerzas militares han logrado más éxitos en estas cuatro semanas contra las capacidades de Irán de lo que la OTAN ha logrado en cuarenta años de burocracia. Si ellos quieren ser un ‘tigre de papel’, que lo sean, pero que no lo sean con nuestro dinero. Estamos preparados para seguir adelante solos si es necesario, y nos irá mucho mejor así».

«Me dicen que el Artículo 5 es sagrado. Yo les digo que la reciprocidad es más sagrada. No puedes invocar la defensa mutua solo cuando te conviene a ti. Si un país miembro es atacado mañana, pero hoy se niega a ayudar a desbloquear el comercio mundial porque tiene ‘miedo’ de las consecuencias, entonces ese país ha roto el contrato primero. El contrato de la OTAN está roto por su inacción, no por mis palabras».

El desespero de Trump es evidente, de aquí su patética queja contra sus socios. No obstante, ellos le pagan con la misma moneda, en tanto apenas hace unos meses los humilló amenazando con invadir Groenlandia e imponiéndoles altísimos aranceles, agregando ciertos acuerdos que los europeos juzgan en favor de Rusia contra Ucrania. Además, lo sustantivo es que Europa ahora debe pensarlo más de dos veces antes de entrar en la guerra debido a la vulnerabilidad de las grandes ciudades de Europa a ataques directos desde Irán, lo que fue demostrado con el lanzamiento de un misil hasta la base militar de Isla Diego García, a más de cuatro mil kilómetros de distancia.

La guerra puede perderse

Lo más significativo de las palabras de Trump está en el pleno reconocimiento de la fragilidad de sus tropas y del cómo la guerra podría perderse. He aquí sus palabras:

«Miren, los medios de noticias falsas intentan ocultarlo, pero hemos recibido golpes. Tenemos portaaviones que son ciudades flotantes, los mejores del mundo, pero cuando te lanzan cientos de misiles y drones suicidas al mismo tiempo, algunos van a pasar. He visto las cubiertas, he visto el fuego. No es algo bonito de ver, pero es la realidad de una guerra que estamos peleando prácticamente solos».

«Me dicen: ‘Señor Presidente, ¿por qué admite que nos han tocado los barcos?’. Y yo les digo: porque quiero que el pueblo estadounidense sepa por qué estamos enviando la cuenta a Europa».

«Es un milagro de nuestra ingeniería que sigan a flote. Cualquier otro barco del mundo estaría en el fondo del océano ahora mismo. Hemos tenido incendios en las cubiertas de vuelo, hemos tenido sistemas dañados por esos drones baratos que Irán lanza por miles. Estamos gastando misiles de dos millones de dólares para derribar chatarra de diez mil dólares, y a veces, esa chatarra logra pasar la defensa. Es una guerra de desgaste y la estamos aguantando sobre nuestros hombros».

«No voy a mentirles a los inversores ni al país: el costo es alto. Hemos tenido bajas, hemos tenido daños estructurales importantes en nuestra flota de superficie. Pero lo que más me duele no es el daño al acero, sino la traición de los supuestos aliados que ven cómo nos golpean y deciden que ‘no es su problema’. Bueno, si los golpes son solo nuestros, los beneficios del futuro también serán solo nuestros».

«Nuestros generales vinieron a la Oficina Oval y me mostraron los mapas, me mostraron los radares, y lo que vi fue algo que nunca se había intentado contra la Armada de los Estados Unidos. No fue un ataque desde una sola dirección, ni desde dos. Fue un ataque coordinado desde diecisiete ángulos diferentes de manera simultánea. Teníamos misiles de crucero rozando el agua, drones suicidas cayendo desde la estratosfera y lanchas rápidas cargadas de explosivos viniendo hacia nosotros.

“Imaginen eso: diecisiete vectores de ataque al mismo tiempo tratando de hundir el orgullo de nuestra nación. Los medios dicen que ‘solo fueron unos pocos drones’, pero cuando tienes tecnología que te ataca desde diecisiete ángulos, incluso el mejor sistema de defensa del mundo tiene un límite. Algunos de esos proyectiles pasaron, golpearon el acero, y causaron incendios que nuestros marineros tuvieron que combatir mientras seguían disparando”.

«La gente cree que porque somos Estados Unidos, con el mejor equipo y los soldados más valientes, la victoria es automática. Pero déjenme decirles algo que los políticos de Washington tienen miedo de admitir: las guerras están llenas de sorpresas, y las guerras se pueden perder. He visto lo que está pasando en el Golfo, he visto cómo estas nuevas tecnologías de drones y misiles saturan nuestros sistemas, y es un juego diferente a todo lo que hemos visto antes».

«… Puedes tener el portaaviones más grande del mundo, pero si te atacan desde diecisiete ángulos con miles de drones de diez mil dólares, la matemática empieza a jugar en tu contra. Y si perdemos un portaaviones, o si perdemos el control del Estrecho de forma permanente, no será solo una derrota para mí, será el fin del orden mundial tal como lo conocen».

«Me dicen: ‘Señor Presidente, no diga que podemos perder, eso suena débil’. Yo les digo que lo que es débil es ignorar la realidad. Estamos en una pelea de barriada contra un enemigo que no tiene nada que perder y que cuenta con el silencio de Europa. La sorpresa más grande de esta guerra no ha sido la tecnología de Irán, sino la traición de la OTAN. Y esa sorpresa es la que podría hacernos perder si no cambiamos las reglas del juego ahora mismo».

En resumen, Trump empieza a reconocer los errores de su estrategia, tal vez empezando a preparar a su población para aceptar lo que podría ser otra retirada vergonzosa, peor que la reciente de Afganistán.

Tal perspectiva es posible por la tremenda presión que el cierre del Estrecho está poniendo sobre los precios de combustibles y alimentos, los que vía inflación se traducen en sistemáticas pérdidas en las bolsas de valores del mundo, lo que podría convertirse en una crisis peor que la de 2008.

Pero además, el escenario de las recientes protestas en Bahréin, potenciadas por el asesinato de un reconocido activista Chií, contra el apoyo a la guerra, coloca en riesgo una de las bases estratégicas de los EE. UU. en el Medio Oriente. A esa situación hay que sumar la fuerza militar demostrada por las milicias Chií en Irak. De modo que toda la región se ha convertido en un hervidero haciendo que los estadounidenses hayan tenido que abandonar otra base militar, para un total de trece en toda la región.

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