Boyacá se levanta: la dignidad de un pueblo no se negocia

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¡Oiga, Colombia! Cuando la gente sale a las calles, no lo hace solamente para marchar. También sale a hacerse escuchar, a defender sus derechos y a recordarnos que la dignidad de un pueblo no se puede negociar.

El pasado 14 de octubre, desde distintos municipios de Boyacá, llegaron voces, historias y motivos para caminar juntos. Docentes, estudiantes, campesinos, trabajadores, mujeres cuidadoras y ciudadanos de diferentes sectores sociales se encontraron en las calles para expresar su inconformidad y defender algo que debería estar al alcance de todos: el derecho a vivir dignamente.

Se marchó por el campo, por una tierra libre de glifosato y por la soberanía alimentaria. Por los campesinos que trabajan desde temprano, cuidan las semillas y hacen posible que los alimentos lleguen a nuestras mesas. Por quienes, desde las montañas y las veredas, sostienen buena parte de la vida del país, muchas veces sin recibir el reconocimiento que merecen.
También se marchó por la educación pública, gratuita y de calidad. Porque estudiar no debería ser un privilegio reservado para unos pocos, sino una oportunidad para todos. Porque la educación abre caminos, transforma vidas y nos permite imaginar un futuro diferente.
La salud, las pensiones y el derecho a una vejez tranquila también estuvieron presentes en las voces de quienes caminaron. Detrás de cada consigna hay personas reales: adultos mayores que merecen descansar después de toda una vida de trabajo, trabajadores que reclaman condiciones dignas y mujeres que cuidan de sus familias y comunidades, muchas veces sin que nadie reconozca el valor de esa labor.

Boyacá tiene una historia de trabajo campesino, luchas populares y resistencia. Por eso, cuando sus comunidades salen a las calles, también hablan desde la memoria de sus territorios. Es una manera de decir que no están dispuestas a quedarse calladas cuando sienten que sus derechos, sus oportunidades y su futuro están en riesgo.

En medio de las críticas y preocupaciones que distintos sectores sociales expresan frente al rumbo del país, la movilización se convierte en un espacio para encontrarse, compartir inconformidades y hacer escuchar distintas voces. Aunque no todas las personas tengan las mismas historias ni piensen exactamente igual, muchas coinciden en una exigencia: que la dignidad humana, la justicia social y los derechos conquistados sean respetados.

Porque defender la educación, la salud, el trabajo y la tierra es, en últimas, defender la vida de nuestras comunidades. Es pensar en quienes están hoy, pero también en quienes vienen detrás. Que estas voces se escuchen en las plazas, las veredas, las universidades, los lugares de trabajo y cada rincón de Colombia. Que podamos construir un país donde la gente no tenga que conformarse con sobrevivir, sino que encuentre oportunidades para vivir con tranquilidad, con derechos y con dignidad.

Así marchó Boyacá. Marcharon sus jóvenes, sus mujeres, sus trabajadores, sus campesinos y sus comunidades. Cada persona llegó con sus propias razones, sus preocupaciones y sus esperanzas, pero todas esas historias se encontraron en un mismo espacio: la calle, convertida por unas horas en lugar de expresión, encuentro y participación ciudadana.

Y es importante recordarlo: la historia de un país no la escriben únicamente quienes están en el poder. También la construyen las personas que se organizan, que alzan la voz, que defienden sus comunidades y que deciden no ser indiferentes ante lo que sucede a su alrededor.

¡Que viva la movilización popular!
¡Que viva la educación pública!
¡Que viva el campesinado!
¡Que vivan las mujeres cuidadoras y la clase trabajadora!
¡Que viva una Colombia libre, digna y soberana!
Porque cuando un pueblo se reúne para defender la vida, también está escribiendo su propia historia. Y hay algo que debemos tener siempre presente: la dignidad de los pueblos no se negocia.


En la plaza de Bolívar de Tunja, campesinos alzaron su voz con una consigna que marcó la jornada: «Ser oposición no es ser terrorista».

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