A medida que las movilizaciones de masas se amplían por las calles y ciudades del mundo crecen las tesis sobre su origen. Estas van desde referencias a problemas generacionales, pasan por la idea de una agitación provocada por la izquierda radical, y pueden llegar hasta las tesis conspiracionistas sobre la intervención de fuerzas extranjeras en un marco de guerra híbrida. Sin embargo, esas disparatadas opiniones se amplifican en la intención de ocultar que la multiplicidad de protestas tiene un solo rostro: el del capital como gran agitador de las contradicciones sociales y la lucha entre clases.
A ello hay que agregar la tendencia radical a favorecer los intereses del gran capital y negar los recursos necesarios para siquiera sostener las condiciones materiales de vida de la población, perspectiva implementada mediante las políticas de los gobiernos ultraderechistas, los que en forma descarada incluso elevan los presupuestos para la guerra, como supuesto mecanismo para alentar la recuperación de las industrias nacionales.
En consecuencia, el capital y la institucionalidad estatal que lo sustenta ha producido un evidente debilitamiento de las vías institucionales que impiden que se reduzcan los gastos públicos destinados a subsidiar, en parte, las condiciones de vida de las amplias masas populares. Y por eso a las masas, en especial a las más jóvenes, no les ha quedado más que lanzarse a las calles para mediante la lucha directa impedir que el capital y sus gobiernos sigan destrozando sus condiciones de vida. De aquí que las movilizaciones se estén sucediendo por la educación pública, contra el costo de vida, por el acceso a la vivienda, entre otras, mientras que en algunos lugares ya han tomado la forma política de oponerse a gobiernos abiertamente corruptos o impopulares.
Demos entonces una rápida ojeada a la marea que tiñe de rojo al octubre en curso:
En Francia las protestas fueron detonadas por el sistemático deterioro en las condiciones de la educación básica: profesores, aulas, cafeterías, baños. La respuesta arrogante del gobierno derechista de Macrom, al desestimarlas y por sobre todo no ofrecer alternativas, llevó a que se extendieran por París y de allí saltaran a otras regiones francesas.
Además, en forma posterior se fueron solidarizando diversos sindicatos sectoriales franceses, como maestros, transporte público, salud, sector agrícola y los “chalecos amarillos” (conformado en su mayoría por trabajadores precarizados). Esta gran convergencia fue la que se manifestó con gran fuerza el fin de semana pasado, contexto donde cobraron presencia los saqueos y quemas a instituciones públicas. Es así que, mientras los estudiantes enfrentan dos semanas de vacaciones, los sindicatos y los chalecos amarrillos han asumido las banderas de lucha y ahora llaman a la jornada del próximo sábado, todo ello en una coyuntura en la que el gobierno sólo da como respuesta los toques de queda y el incremento de la represión policial y militar, mientras baraja incluso la opción de prohibir marchas y cerrar redes sociales.
En España el indignante desalojo de Mary Carmen y su posterior muerte recibió como respuesta la acampada en la Puerta del Sol, en defensa de una política pública contra la especulación en vivienda. La situación derivó, por un lado, en un cierre del parlamento y la convocatoria por adelantado a elecciones, y por el otro, en el llamado a la huelga general para el próximo 11 de noviembre. Entre tanto la acampada en la Puerta del Sol se sostiene y las protestas se han ampliado a varias de las ciudades capitales más importantes como Barcelona, Valencia, o Bilbao.
Las protestas por la vivienda detonaron poco después en Portugal, específicamente en Oporto y Lisboa, exigiéndose topes al precio de los arriendos y el fin de la especulación, pero se sumaron reivindicaciones sobre salarios dignos y en contra de las políticas de recorte de gasto social. La respuesta del gobierno fue la represión, la que se desató sobre las personas acampadas hiriendo a varias decenas de ellas. Por esto mismo este sábado 24 de octubre se realizará una nueva jornada de protesta en Lisboa, llamado al que se suma la principal central obrera de ese país, en medio de la cual se levantan las banderas por la vivienda y las condiciones de trabajo.
Los estudiantes fueron el sector detonante de las protestas en Italia bajo la consigna del día de “No Meloni”. Sin embargo, las movilizaciones han crecido en Roma, Milán, Turín y otras regiones. Por esa vía no sólo se han sumado sindicatos y movimientos sociales, sino que además las reivindicaciones ahora recogen aspectos como la vivienda, el alto costo de vida, mejora en las condiciones de educación y en forma resaltante contra el incremento en el gasto militar. La respuesta del gobierno ultraderechista de Meloni ha sido la represión, sacando un decreto que permite detener a los menores de edad, y crea el delito de “participación violenta en manifestación”. A pesar de ello las masas están decididas a avanzar y por eso los llamados a la Huelga del Sindicatos de Base en este 30 de octubre y otro de Huelga General para el 20 de noviembre.
En Grecia apenas se acaban de activar las luchas a partir de la mejora en las condiciones de educación, de allí las movilizaciones del pasado 21 de octubre que se presentaron en ciudades como Atenas o Salónica. Sin embargo, a estas protestas se han sumado sectores de la salud, pensionados y trabajadores del Estado. De esa manera la lucha se ha extendido contra el alto costo de vida, el estancamiento de los salarios y los impagables arriendos, proyectándose desde las asambleas populares unirse a las huelgas de mediados de noviembre en otros países de Europa.
En Bélgica las protestas se centraron en Bruselas, desarrollándose la cuarta gran jornada del año convocada por las centrales de trabajadores contra los recortes en educación y servicios sociales, por mejores salarios y más impuestos al gran capital. La gran movilización del 9 de octubre, que fue reprimida con violencia, fue replicada con una huelga del sector público a la semana siguiente. De esta manera la proyección es una huelga nacional para el 23 de noviembre.
A inicios de octubre en India se renovó la fuerza del movimiento de jóvenes denotado como las “cucarachas”, esta vez movilizados por la eliminación del padrón electoral de 130 mil posibles votantes por parte del gobierno derechista de Modi. Por eso la reivindicación inicial fue que renunciara el jefe electoral, pero en la medida que el gobierno respondió con la represión y encarcelamiento de algunos jóvenes las fuerzas movilizadas sólo han tendido a crecer. Además, el Partido del Congreso Nacional Indio (opositor al gobierno y de tendencia centro-izquierda) aprovechó la situación para sumar fuerzas e ir ampliando las demandas hasta convertirlas en un mecanismo de presión y cuestionamiento sobre la “dictadura de hecho” que ejercería Modi y su partido.
La situación en Albania tuvo como detonante la modificación de la Ley de áreas protegidas a fin de viabilizar inversiones de la familia Trump, en el objetivo de construir un complejo turístico en la isla de Sazan. Ante el hecho, a mediados de octubre las juventudes, presionadas por la difícil situación de vida y buscando mejoras en la educación empezaron a movilizarse, y el día 18 la crecida movilización fue reprimida y los choques fueron fuertes. Esta situación ha sido aprovechada por el Partido Democrático –de derecha- para exigir la salida del Presidente Edi Rama –del Partido Socialista-. Aquí es importante anotar que esos dos partidos desde 1991 han implementado medidas de tipo neoliberal y han estado salpicados en serias situaciones de corrupción. Es así que las difíciles condiciones de vida son las que empujan las fuertes protestas, pero estas tienden a ser instrumentalizadas en el objetivo de allanar el camino al poder del gobierno, tal como ha sucedido en otras coyunturas recientes en la región Latinoamericana.
Las protestas de mediados de mes en Tailandia se centraron en Bangkok frente alas reuniones del FMI el Banco Mundial, en las que unos quince mil activistas de varias partes del mundo convergieron para exigir la cancelación de la deuda a los países en desarrollo, recibiendo como respuesta ataques policiales.
Girando hacia nuestra latitud, las protestas también han empezado a reverdecer en América Latina:
En México el mes inició con una gran movilización el mismo dos de octubre, en la cual los estudiantes rememoraron la masacre de Tlatelolco en la que el ejército asesinó a una treintena de estudiantes en 1968. En forma posterior el 13 y 21 de octubre se desarrollaron protestas del sector salud en exigencia de insumos y mejora salarial. El contexto ha intentado ser manipulado por los partidos de la derecha y desgastar al gobierno progresista de Claudia Sheinbaum.
En Argentina se mantiene una movilización permanente frente al terrible gobierno de Miley con por ejemplo los miércoles de los jubilados. Sin embargo, el día 15 se desarrolló la quinta Marcha Federal Universitaria exigiendo recursos presupuestarios para las universidades públicas, jornada que pudo haber movilizado medio millón de personas y que fue duramente reprimida por las fuerzas del gobierno, contabilizándose unos quinientos heridos y treinta detenidos. Luego el martes 20 de octubre se sucedió un sorpresivo paro de trabajadores del transporte público que detuvo totalmente el metro-subterráneo (“Subte”), en exigencia de la liberación de dos de sus dirigentes detenidos bajo la acusación de “interrupción del servicio de transporte”, bajo una política de criminalización de la protesta, la que en esta ocasión fue vencida en cuanto el paro logró que liberaran a los dirigentes.
Durante octubre en Chile las protestas regresaron a las calles, el día uno se movilizaron los estudiantes contra las medidas del recorte en gasto en la educación, exigencias que fueron respondidas con la violencia oficial del ultraderechista Claudio Kast. Luego el día 18 la movilización conmemoró el estallido social de 2019, a pesar que la movilización no fue autorizada los colectivos de estudiantes y sindicales se movilizaron razón por la cual los carabineros arremetieron en su contra deteniendo a una treintena de personas.
El pueblo boliviano salió a las calles en octubre a protestar contra la crisis económica y la creciente inflación. Las protestas iniciaron el día 13 con algunos cortes de ruta, luego los días 15 y 21 se lograron cierres parciales en las vías a Cochabamba y la Paz, a la vez que el 23 marchó en la paz el sector educativo. La proyección es la realización de una jornada nacional de paro, que por ahora pareciera ser el día 6 de noviembre.
En Uruguay se presentó el día ocho de octubre la marcha en solidaridad con Palestina y el día 15 se desarrolló un paro nacional del sector salud en exigencia de presupuesto y mejoras salariales. En Perú las protestas de los días 9 y 22 de octubre se asocian a los altos costos del combustible y el transporte, así como problemas de inseguridad, siendo previsibles nuevas jornadas de protesta.
En Colombia el día 14 de octubre se desarrolló una jornada nacional de protesta contra las políticas del actual gobierno ultraderechista. La jornada fue convocada por un sector de la CUT y los movimientos sociales, logrando movilizarse masivamente en la mayoría de ciudades capitales, incluyéndose ciudades secundarias. La masiva respuesta es una señal de que el llamado a paro nacional para mediados de noviembre cuenta con condiciones reales para adelantarse exitosamente.
Por tanto, faltando una semana para que octubre cierre, es totalmente evidente que los gobiernos de ultraderecha sobre los que se soporta el capital vienen agitando las contradicciones sociales y la lucha entre clases. La respuesta de las masas en las calles ha sido masiva y sólida, en defensa de las condiciones básicas de vida de las juventudes y del proletariado mundial. Sin embargo, aún se echa en falta una izquierda mundial organizada cuyas miras no queden atrapadas en las alambradas de los parlamentos y gobiernos y que por el contrario bregue por superar decididamente el capitalismo y sus nefastas condiciones de vida. Puede que las Huelgas Generales convocadas para el próximo noviembre ayuden a ir despejando esta urgente necesidad y pronto podamos caminar hacia huelgas generales continentales o mundiales.





