lunes, octubre 3, 2022

Capitalismo verde, políticas ambientales y despojo

Existe evidencia de que hace más de 12.000 años había comunidades habitando territorios del altiplano cundinamarqués[1], también en la Sierra Nevada de Santa Marta, El Chiribiquete y otros lugares del país.

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Jorge López Ardila
Jorge López Ardila
Licenciado en Ciencias Sociales Cuestión Agraria. DDHH. DIH. hago parte de @asonalca_ y @cna_colombia

El desarrollo de estas formas de poblamiento territorial se mantiene hasta hoy, con comunidades que fueron campesinándose y posteriormente proletarizándose, cambiando su forma cultural y organización social o sosteniendo sus formas económicas, culturales e incluso manteniéndose como semi-nómadas. Todas estas comunidades perviven en sitios con condiciones particulares de importancia ambiental: páramos, serranías de litoral, serranías amazónicas, bosques, humedales, llamadas por el Estado Áreas Protegidas y Páramos.

La deuda convertida en crisis ambiental y Social

Históricamente, la acumulación de capital se ha fortalecido con la sistemática explotación de la clase trabajadora, el robo de las riquezas naturales y la transferencia de la riqueza producida de las sociedades de la periferia al centro capitalista. Así, Toneladas de piedras preciosas, oro, petróleo, carbón y otros minerales son arrancadas de los territorios para alimentar los centros capitalistas. Esta misma dinámica económica de explotación, producción – consumo y desecho de los bienes impuesta por el capitalismo se hace cada vez más rápida, llevándonos a niveles de catástrofe ambiental.

Es así que la catástrofe ambiental está golpeando a todo el planeta, sin embargo, no es lo mismo aguantar 40 °C de temperatura en un chalé suizo que encontrarse en La Guajira, o una inundación en el sur de Bolívar a una en los condominios de La Florida, Estados Unidos. Las afectaciones ambientales tienen clase social y amenazan mayormente a los trabajadores y trabaja-doras del mundo, quienes, al fin de cuenta, no somos los grandes responsables de los daños ambientales.

Los problemas ambientales del planeta desencadenados por el capitalismo son inocultables, temperaturas extremas, masivas precipitaciones, sequías, huracanes, pandemias, hambre y miseria. Esta realidad podría revertirse al planificar la economía, fortalecer las decisiones colectivas, eliminar el consumismo y las ganancias de quienes se lucran con el sudor de la clase trabajadora. Sin embargo, quienes manejan el mundo, la burguesía internacional, han decidido no ceder un milímetro de sus privilegios, prefiriendo que el mundo arda o se congele por el cambio climático, llevándose por delante todas las formas de vida que sean necesarias.

Agenda internacional del capitalismo verde para el despojo

Las empresas y su publicidad, a raíz de las reuniones de los gobiernos a nivel internacional, han venido usando las “bienintencionadas” reuniones de la COP[2] para impulsar nuevas formas de acumulación y maquillar el despojo y la depredación de “verde”, “carbono neutro”, “emisiones cero”. Así tenemos petroleras con responsabilidad ambiental o cementeras que son “luz verde”.

Otra de las trampas del capitalismo es la venta de bonos de carbono o “pagos por servicios ambientales”, que prometen a las comunidades dar dinero por evitar deforestación, por “capturar” o “secuestrar” o garantizar otros “servicios ecosistémicos”, es decir por vender y comprar procesos que la naturaleza ofrece sin intervención humana. Esta capitalización de la naturaleza parece a simple vista una opción “válida” para quienes defienden el modelo del capital, el libre mercado, la autorregulación y otros mitos fundantes del liberalismo. Pero veamos:

-Para el caso colombiano, la celebración de contratos de “pagos por servicios ambientales”, mecanismos de reducción de emisiones de carbono por deforestación, entre otros, representan para las empresas las posibilidades de disminuir[3] el pago del impuesto nacional al carbono, obligatorio para empresas contaminantes y relacionadas con la industria del transporte y los hidrocarburos, lo que supondría un ahorro para estas empresas y una llegada “directa” de recursos para las comunidades, lo cual es engañoso. Engañoso, porque las entra-das para las comunidades suponen apenas una parte de lo que correspondería al conjunto del pueblo colombiano en impuestos.

-El gran negocio del mercado del carbono da grandes ganancias para el sistema financiero, ya que las empresas que certifican los bonos de carbono, los bancos nacionales y extranjeros que participan en la transacción, la bolsa de valores y las organizaciones intermediarias, se quedan con grandes cantidades de dinero de esos bonos. Es decir, estos mecanismos son en realidad una forma de fortalecer el sistema financiero, “lavar la cara” de las empresas, y en ningún caso disminuir la contaminación generada, manteniendo los niveles de producción a nivel mundial.

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Existen casos en Colombia, como la Selva Matavén[4] en el Vichada, donde se comercializan en el mercado del carbono más bonos (toneladas de carbono supuestamente capturadas), que las reconocidas por los organismos del gobierno. En otras palabras, las empresas pagan un blanqueo por medio de un carbono que no se “captura” o “reduce”.

-Las comunidades reciben pequeños aportes por el cuidado ambiental, que no sobrepasan los 500.000 pesos por hectárea conservada al año, lo que no representa una posibilidad de sostenimiento o mejora en las condiciones de vida para las comunidades campesinas o pequeños productores; sin embargo, si es un negocio para los terratenientes y rentistas de la tierra.

Para la comunidades fuera de estas dinámicas, la arremetida viene con formas de reordenamiento territorial, para garantizar la “oferta” de los servicios ecosistémicos. Desde inicios de siglo existe legislación ambiental orientada a desplazar comunidades de sus territorios con el achaque de la conservación ambiental, expidiendo así leyes de reserva forestal, parques nacionales, páramos, parques regionales, distritos de manejo, etc., que lejos preservar la riqueza natural y sus habitantes, buscan garantizar mercados de oxígeno, carbono, turismo, riqueza paisajística, aguas, suelos y material genético. Así expulsan y empeoran las condiciones de vida de las comunidades que han cuidado y pervivido en los territorios, con especial saña contra el campesinado, llegando a prohibir en la totalidad sus actividades agropecuarias, la construcción de viviendas, la apertura de carreteras o la “ocupación temporal de las áreas”.

– Así como se garantiza la oferta de los servicios, en Países Bajos, Holanda, ya se está imponiendo a granjeros la disminución de las cabezas de ganado, bajo el argumento de la contaminación producida por sus gases, lo cual está abriendo más demandantes de bonos de carbono para equilibrar, no sería de extrañar que estas medidas se aplicaran también a otros países.

Cabe anotar que estas medidas de “economías verdes” pueden ser suspendidas con una firma u olvidadas con facilidad cuando las ganancias de las empresas y la economía de las potencias mundiales se encuentran en peligro de recesión. Por ejemplo, Estados Unidos es el mayor explotador[6] de petróleo del mundo debido al uso indiscriminado de la técnica del Fracking luego de la crisis económica de 2015; y Alemania reactiva la producción de energía en termoeléctricas de carbón[7] al aplicar sanciones contra Rusia en el marco de la guerra con Ucrania siguiendo los designios de Estados Unidos.

La cuestión ambiental se ha convertido en una de las contradicciones centrales del capitalismo, la sobreproducción, sobrepesca, degradación de suelos, el hambre, acaparamiento de tierras, contaminación del aire y agua y las variaciones en la temperatura son evidentes. Las soluciones que brinda el capitalismo verde son paliativos y profundizan este modelo de hambre. Para revertir esta crisis se necesita cambiar el modo de producción, teniendo en cuenta que no se trata de la permanencia o no de comunidades en los territorios, sino los usos, presiones y formas de relacionarse con el territorio. Debemos construir planes de vida que busquen el equilibrio entre las actividades humanas y el territorio, solo así garantizaremos la vida para las generaciones venideras.

Referencias
[1]Artefactos líticos de abrigos rocosos en: El Abra, Colombia | Revista Colombiana de Antropología.

[2]Conferencia de las Partes (COP) es la Cumbre Anual que realiza la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

[3]Bonos del impuesto Nacional del Carbono | Enel Colombia. (2022). Enel Colombia.
[4]En Colombia empresas estarían comprando “bonos de carbono” que exageran resultados. (s. f.). El Espectador.
El «fracking» convirtió a EEUU en el primer productor mundial de petróleo. (2017, 29 noviembre). Infobae.
Gobierno alemán activa centrales de carbón para ahorrar gas. (s. f.). DW.COM.

 

 

 

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