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Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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¡Quédate en casa!, ¿Cuál casa?


Quédate en casa

Trochando Sin Fronteras –  Mayo 29 de 2020

Por: Nelly Alejandra García

Debido a la COVID-19, en el mundo se adoptó el lema de “quédate en casa y lávate las manos”, desconociendo las condiciones de una gran parte de la población, que no tiene acceso a servicios básicos como el agua o una una vivienda digna. En América Latina más de 111 millones de personas viven en tugurios[1] y en Colombia alrededor del 12% de la población urbana vive en zonas precarias[2].

A raíz del Decreto Legislativo 579 del 15 de abril de 2020, en el país se suspendió la orden o ejecución de cualquier acción de desalojo, que tenga como fin la restitución de inmuebles arrendados; decisión que tomó el Gobierno Nacional como ejemplo de solidaridad[3] pero no específico la prohibición de las órdenes de desalojo de las autoridades Distritales (expropiaciones administrativas por razones de utilidad pública o interés social).

La solidaridad de la que habla el presidente y en general los mandatarios locales, no se tuvo en cuenta para las familias que vivían en asentamientos informales, ni para aquellas familias que al no pagar él paga diario, se vieron obligadas a ocupar edificios abandonados y fueron desalojadas de manera violenta.

A la Administración Distrital se le olvidó que la vivienda es un Derecho y conlleva el amparo contra desalojos forzosos.

La Constitución Política, en el artículo 51 dice: “Todos los colombianos tienen derecho a vivienda digna”; este derecho se encuentra consagrado en instrumentos internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos[4] y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales[5].

En 1991, en la Observación General No. 4, el Comité de Naciones Unidas de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, dijo que “el derecho a una vivienda adecuada consiste en vivir en seguridad, paz y tranquilidad en alguna parte”, debido a que la vivienda garantiza el pleno ejercicio de derechos, como la dignidad humana e incluso la vida misma.

El hecho de que la vivienda, sea un derecho reconocido en la Constitución y en Instrumentos Internacionales, obliga al Estado a cumplir con unos mínimos, que consisten en:

La protección contra el desalojo forzoso y la destrucción y demolición arbitrarias del hogar; El derecho de ser libre de injerencias arbitrarias en el hogar, la privacidad y la familia; El derecho de elegir la residencia y determinar dónde vivir y el derecho a la libertad de circulación (…) La seguridad de la tenencia; La restitución de la vivienda, la tierra y el patrimonio; El acceso no discriminatorio y en igualdad de condiciones a una vivienda adecuada; Y la participación en la adopción de decisiones vinculadas con la vivienda en el plano nacional y en la comunidad”[6]

Los desalojos forzosos se han definido como “el hecho de hacer salir a personas, familias y/o comunidades de los hogares y/o las tierras que ocupan, en forma permanente o provisional, sin ofrecerles medios apropiados de protección legal o de otra índole ni permitirles su acceso a ellos”[7].

La Corte Constitucional[8] en múltiples fallos, para garantizar el derecho a una vivienda adecuada y cumplir con la protección contra los desalojos forzosos, ha sentado una posición en la cual, se considera que la vivienda es un derecho fundamental para población vulnerable, personas en estado de debilidad manifiesta o sujetos de especial protección constitucional, y por lo tanto, procede la acción de Tutela para proteger este derecho.

En cuanto los desalojos forzosos, la Corte ha resaltado la importancia de la garantía al debido proceso, la obligación de siempre tener presente criterios de razón y proporcionalidad y el respeto de los derechos humanos de las personas que son víctimas de las expropiaciones. Además, con fundamento en lineamientos internacionales[9], para que los desalojos se tengan como legítimos, ha dicho que estos deben cumplir con una serie de requisitos a saber: (i) que atienda principios constitucionales; (ii) sea necesario, pues no es posible lograr el mismo fin por medios diferentes y (iii) debe utilizarse el mínimo de fuerza necesario con el objetivo de evitar vulneración de los derechos de los desalojados.

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Finalmente, si las personas que se van a desalojar son sujetos de especial protección constitucional (mujeres, niños, personas de la tercera edad, personas con discapacidad, mujeres embarazadas, afros, indígenas y víctimas del conflicto interno armado, como las víctimas de desplazamiento forzado, o víctimas de desastres naturales), o se encuentran en estado de vulnerabilidad o debilidad manifiesta, finalizado el desalojo, se les debe garantizar una vivienda transitoria y a futuro una solución duradera de vivienda digna.

Cada día son más y más las personas que se ven obligadas a ocupar por vías de hecho inmuebles ajenos o a vivir en asentamientos informales, por causa del modelo económico que ha hecho de la vivienda, un negocio muy rentable para unos pocos.

Hacer que el derecho a una vivienda digna, sea una realidad y no solo un sueño, será el resultado de la organización y la movilización de los sectores populares, y el avanzar en el camino de construir una sociedad justa, libre y solidaria.

 

[1]ONU HABITAT. 2012. Estado de las ciudades de América Latina y el Caribe 2012

[2] ONU HABITAT. 2015. 1ER REPORTE DEL ESTADO DE LAS CIUDADES DE COLOMBIA: CAMINO HACIA LA PROSPERIDAD URBANA.

[3] Revista Semana. 31 de marzo de 2020. Ni desalojos ni aumento de arriendos durante cuarentena

[4] Art. 25. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

[5] Art. 11. Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados, y a una mejora continua de las condiciones de existencia. Los Estados Partes tomarán medidas apropiadas para asegurar la efectividad de este derecho, reconociendo a este efecto la importancia esencial de la cooperación internacional fundada en el libre consentimiento.

[6] Naciones Unidas Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Folleto Informativo No. 21. Derecho a una Vivienda Adecuada

[7] Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Folleto Informativo No. 25. Desalojos forzosos

[8] Sentencias de tutela: T-740-12; T-188-16; T-002-19 entre otras

[9] Naciones Unidas Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Desalojos forzosos