¿Resultados electorales: un punto de inflexión?

Las derrotas electorales de la ultraderecha en Brasil, Israel y Estados Unidos, sumadas al ascenso de las movilizaciones populares, podrían marcar un punto de inflexión en la disputa política mundial. Sin embargo, las contradicciones del imperialismo y los límites del reformismo demócrata advierten que frenar el fascismo exige mucho más que victorias en las urnas.

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Las derrotas electorales de la ultraderecha-fascista en Brasil, Israel y Estados Unidos vienen como una leve corriente de aire fresco en el panorama mundial. Si sumamos la sostenida y creciente movilización en varios puntos del mundo, podemos identificar un posible punto de inflexión que quizás permita contener el avance de la ultraderecha. La profunda derrota de los republicanos, debido a su profundidad, es la que probablemente tenga más efectos, así que bien vale algunas consideraciones sobre su potencial significado.

La tremenda derrota electoral de Trump y su partido se asocia a la arrogancia con la cual han gobernado. Ella suma persecución racista al proletariado migrante y a grupos sociales históricamente oprimidos como mujeres e identidades sexuales, fuertes recortes a los subsidios estatales y sobre todo una inflación sostenida que carcome los ingresos de los trabajadores, la que es producto de la guerra contra Irán. Y todo este contexto se complementa con una bajada de impuestos a los supermillonarios a fin de incrementarles las fortunas, política que pretende remedar aquí De la Espriella con su “Ley de Rescate”.

Esa mezcla de arrogancia y abuso llevó a que buena parte de la población virara su voto hacia el Partido Demócrata -que había perdido ese favor hace sólo dos años- en especial la población latina joven.

Para los republicanos los resultados fueron mucho peor de lo que incluso se esperaba. Además de perder la mayoría que tenían en Cámara y Senado, fueron derrotados en estados típicamente republicanos como Texas (James Talarico), Kansas (Adam Hamilton), Iowa (Josh Turek), Maine, Ohio, Carolina del Norte y Carolina del Sur. Los demócratas además ganaron 22 de las 36 gobernaciones que se disputaron, quedando con la mayoría de ellas, situándose bastante bien perfilados para las próximas presidenciales que deberán realizarse en noviembre de 2028.

La victoria demócrata apenas abre la posibilidad a nuevas tendencias políticas tanto al interior como al exterior de ese país. Esto porque el movimiento de ultraderecha comandado por Trump está golpeado, pero no liquidado. De modo que la MAGA buscará recomponerse dentro del Partido Republicano, imponer el candidato a las presidenciales de 2028, situación que pasará por una agría disputa, ahora más marcada, entre Vance y Rubio.

Al no contar más con el apoyo irrestrictico que tenía en Senado y Cámara, Trump tenderá a gobernar sus dos años restantes con un talante más autoritario del que ya ha mostrado. En esa dirección, Trump, que en forma rara ha aceptado su derrota, ha advertido que hará uso a fondo de su derecho a veto sobre las leyes que puedan promulgar los demócratas. Por lo tanto, lo que se espera es un periodo marcado por duros tira y afloja que al final conducirán a arreglos bipartidistas, resultado que a la larga será mediado por la fracción más conservadora (demócrata-republicana) que existe dentro del Partido Demócrata.

La amplia victoria del Partido Demócrata a su vez le impone grandes retos frente a la población que le ha votado en espera de ciertos cambios. En particular en relación al control de la inflación, la recuperación de programas sociales en salud, vivienda, asistencia alimentaria, subsidios a la educación secundaria y universitaria. Y muy en especial respecto a los derechos civiles del proletariado migrante frente a los abusos del ICE.

Sin embargo, no son esperables grandes cambios. Esto porque la mayoría que salió victoriosa dentro de los demócratas es de tipo conservador, muy a pesar de los avances que han tenido ciertos sectores ubicados más a la izquierda, pero que aún siguen siendo pequeños dentro de esa colectividad. A ello se agrega el evidente bloqueo a las leyes que definan, ya que sencillamente serán vetadas por Trump.

Sin embargo, la mayor dificultad que enfrenta el Partido Demócrata es la de no contar con un proyecto social y político alternativo al nacionalismo de factura imperialista que ha desplegado Trump, aspecto que será definitivo de cara a noviembre de 2028, en la medida que el globalismo promotor de capitales financieros se estrelló con el avance del capital chino.

Por lo tanto, los dos años de gobierno restante implicarán una dura contienda y negociación. En ella los demócratas procurarán usar a fondo los poderes del Congreso para fiscalizar las medidas y programas desarrollados por el gobierno, llamando a sus funcionarios a rendir cuentas y desarrollando investigaciones sobre sus anteriores actuaciones. No obstante, el estilo autoritario de los republicanos podría sostenerse y hacer caso omiso, tal como ya lo hicieron en el primer mandato de Trump. En ese contexto los demócratas solo quedan dotados realmente del poder que les ofrece la definición del presupuesto anual, medio por el cual podrían presionar y obtener ciertos acuerdos.

En política exterior, por ahora, no son previsibles grandes cambios en la medida que ella es potestad del ejecutivo. Sin embargo, los demócratas podrían presionar para que Trump modifique su estrategia en contra de Irán, dado el relativo fracaso de su guerra y el nocivo efecto sobre los precios del petróleo y los combustibles, vía por la cual darían una respuesta a la población que les acaba de votar. Respecto de América Latina, en lo inmediato, no son esperables grandes cambios, en la medida que los capitales de ese país se benefician bastante con la intensificación del saqueo que ha logrado Trump, por tanto, no es previsible que tiendan a soltar sus presas fácilmente, si es que tal opción llegase a barajarse.

Sin embargo, a mediano plazo sí que se abren brechas interesantes, en especial porque la mayoría de gobiernos de ultraderecha de la región descansan en el poder y los acuerdos personales con Trump.

En el caso de Colombia se vuelve a repetir el grave error de cálculo político en que incurrió el gobierno de Iván Duque, al participar abiertamente en política dentro de los Estados Unidos en favor de Trump en 2020, intromisión y derrota que luego fue cobrada con creces cuando los demócratas recuperaron el gobierno.

Es así que De la Espriella se manifestó abiertamente en apoyo de la candidata de ultraderecha de la Florida María Elvira Salazar. Su importancia se asocia a que venía desempeñando la dirección del subcomité del Hemisferio Occidental de la Cámara, función que pasa a manos del demócrata Joaquín Castro. En su mal cálculo político De la Espriella apostó a un caballo que ya se sabía perdedor, tanto que malgastó el margen de 20 puntos que alcanzó en las pasadas elecciones y ahora podría enfrentarse a un proceso de reconteo de votos, dado el estrecho margen con el cual ahora cuenta (0,4% o 1.000 votos). Esa intromisión de De la Espriella ya ha sido señalada y criticada por Mast Gregory Meeks quien pasará a presidir el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara.

Sin embargo, esta vez las cosas no terminan ahí, dado que el Grupo Gilinski, por medio de sus empresas en la Florida, aportaron cerca de 92 mil dólares a la campaña de la señora Salazar. En la medida que el Grupo Gilinski es la base empresarial más inmediata del gobierno de De la Espriella -la que por demás lo vincula directamente con el poder de Netanyahu en Israel- el efecto potencial puede ser más grande que el que debió enfrentar en su momento Duque, en la medida que los dos previsiblemente quedarán frente a la mirada escrutadora de los nuevos funcionarios estadounidenses.

Si bien el gobierno autoritario de De la Espriella sostendrá el favor del Secretario de Estado Marcos Rubio, es necesario tener presente que sobre él ha recaído el mayor peso de la derrota republicana, de la cual en forma sagaz el Vice-Presidente J.D. Vance se ha tratado de desmarcar criticando la aventura en Irán. Luego si bien las “amistades” le permitirán seguir gozando de los favores del poder Republicano, esas relaciones cargan el peligro que implica un motor en llamas de la nave sobre la cual se desplazan. Y este escenario cambiante puede jugar en contra De la Espriella en tanto pretende imponer una de las reformas tributarias más agresivas contra la clase trabajadora del país, y ello en medio de un llamado a paro nacional que ya han realizado las principales centrales obreras y movimientos sociales del país para el próximo 19 de noviembre.

En resumen, puede que la conjunción de tres derrotas electorales (Brasil, Israel y Estaos Unidos), las grandes y crecientes protestas que se amplían por el mundo, en especial con los llamados a Huelgas Generales -siete de ellas para este noviembre-, pudiesen estar marcando un techo en el avance de la ultraderecha mundial, hechos que en forma inmediata podrían repercutir con fuerza sobre el autoritario gobierno colombiano y sus oscuras

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