ASONALCA celebró su XVI Asamblea Nacional en Arauca.

Con 350 delegados de ocho departamentos, la XVI Asamblea de ASONALCA en Saravena no solo denunció el paramilitarismo y el incumplimiento estatal, sino que reafirmó una apuesta política: la organización campesina como fuerza material para disputar la tierra, el territorio y el modelo productivo en Colombia.

Más leidas
spot_img

La XVI Asamblea de la Asociación Nacional Campesina José Antonio Galán Zorro (ASONALCA), realizada en Saravena, Arauca, no solo fue un espacio de balance organizativo, sino una afirmación política del campesinado como sujeto político, en medio de la crisis del capitalismo y la intensificación de la violencia en los territorios. Durante cuatro días, delegados de Arauca, Casanare, Boyacá, Cundinamarca, Santander, Norte de Santander, Guainía y Vichada discutieron la situación del campo colombiano y proyectaron una hoja de ruta para los próximos años, en coherencia con una Declaración Política que no deja lugar a ambigüedades: la crisis actual del sistema no es coyuntural, sino estructural, y se expresa en el saqueo de los territorios, el encarecimiento de la producción agropecuaria y la precarización de la vida campesina.

Esa lectura se aterriza en la experiencia concreta de las comunidades. Como lo explicó Johanna Pinzón, el análisis realizado en la Asamblea permitió conectar la situación internacional con las condiciones materiales en el campo colombiano: “hay problemas muy importantes como la concentración de tierras, el alto precio de los insumos producto de la guerra a nivel mundial […] que afectan directamente la vida en los territorios” . No se trata solo de cifras o tendencias globales, sino de una crisis que golpea cotidianamente la producción, la alimentación y la permanencia en el territorio.

En ese mismo sentido, la Declaración Política advierte que esta crisis viene acompañada de una ofensiva violenta contra el movimiento social, señalando la reconfiguración del paramilitarismo como una estrategia de control territorial. Esta denuncia se conecta con lo que viven las comunidades: el avance de proyectos extractivos, monocultivos y figuras legales que buscan expulsar al campesinado de sus territorios para abrir paso al capital. “Las comunidades sienten una amenaza […] porque quieren sacar a las comunidades de estos territorios para dejarlos al gran capital”, explicó Pinzón , evidenciando que la disputa por la tierra sigue siendo el núcleo del conflicto social en Colombia.

Frente a este panorama, ASONALCA no se limita a denunciar, sino que reafirma una propuesta política concreta: la construcción de una Reforma Agraria Integral y Popular como salida estructural. La Asamblea definió metas claras, como la recuperación de al menos 20.000 hectáreas de tierra en los próximos cuatro años y la consolidación de Territorios Campesinos Agroalimentarios en la región del centro oriente.

Para Dixon Torres, nuevo presidente de la organización, este horizonte no es retórico, sino una tarea inmediata: “el plan de trabajo se enfoca en materializar la reforma agraria integral y popular […] y las retomas de tierras para campesinos y jornaleros” . En esa misma línea, insistió en que la construcción de territorios campesinos agroalimentarios es una apuesta de soberanía popular, donde la producción, la organización y el control del territorio estén en manos de las comunidades.

La discusión no se limita a la tierra, sino que abarca el modelo productivo. La Asamblea planteó la necesidad de transformar la matriz tecnológica del agro, pasando de un esquema dependiente de agrotóxicos y del mercado global hacia la agroecología, entendida como una apuesta política por la soberanía alimentaria. Este enfoque se viene materializando en experiencias como las biofábricas y los procesos de producción comunitaria. “La agroecología tiene un enfoque político […] para fortalecer los conocimientos campesinos y la producción alimentaria”, explicó Pinzón , dejando claro que no se trata solo de producir distinto, sino de construir otra forma de relación con la tierra y con la economía.

Sin embargo, el elemento que atraviesa toda la Asamblea es uno: la organización. En un contexto de agresión creciente, el campesinado reafirma que la única salida es colectiva.

“La única manera de poder enfrentar esa avanzada […] es la organización de los pueblos”, señaló Dixon Torres ,

sintetizando una conclusión que también recoge la Declaración Política al afirmar que la movilización social es la herramienta más efectiva para conquistar derechos y transformar las condiciones de vida. No es una consigna vacía: la misma realización de la Asamblea, en medio de amenazas y violencia, es una muestra de esa capacidad organizativa. Como lo expresó Pinzón, “pese a la arremetida paramilitar […] podemos encontrarnos, evaluar y proyectar los próximos años”.

Así, la XVI Asamblea de ASONALCA se inscribe en una trayectoria de lucha que va más allá del evento mismo. En un país donde la tierra sigue concentrada, la producción subordinada y la vida campesina amenazada, el campesinado organizado del centro oriente reafirma su papel como sujeto político. No solo resiste: propone, construye y disputa. Y en esa disputa, la consigna que cierra su declaración no es un adorno, sino una definición de época: la unidad de los oprimidos como condición para enfrentar a quienes concentran la tierra, la riqueza y el poder, y avanzar hacia una Colombia verdaderamente libre y soberana.

 Escucha las entrevistas y más noticias en

- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img
Análisis

Partidor electoral en Colombia

Es así que el futuro del ejecutivo se juega entre la continuidad del progresismo y el regreso de la...
- Advertisement -spot_img

Lo Último

- Advertisement -spot_img