El tremendo reversaso de Trump, de este 23 de marzo, parece obedecer a los evidentes peligros que implica su anuncio de elevar las apuestas en el campo militar, al amenazar la infraestructura energética de Irán. En respuesta, ese país afirmó que atacaría las plantas desalinizadoras de agua de países aliados de EEUU en el Golfo, como son Arabia Saudita, Emiratos Árabes, Kuwait y Qatar, y de las que dependen entre un 50 % y un 90 % para acceder al agua, lo que evidentemente desataría una crisis más profunda.
Ante tal escenario se había profundizado la tendencia al alza en los precios del barril del petróleo y del gas, condición que hace más creíbles los efectos inflacionarios. Esta amenaza de incremento de la inflación había afectado negativamente los precios de los bonos del tesoro de EEUU, que siguen arrastrando una falta de confianza no revertida ni siquiera por la mayor recompra de bonos de la historia en la semana pasada: 14.700 millones de dólares en una sola semana, con la que el Departamento del Tesoro buscaba que subieran el precio de los bonos.
Sin embargo, las expectativas de inflación —incrementadas por el shock de los precios en el petróleo y el gas— y de que la FED mantenga las tasas de interés altas, junto a la creciente emisión de deuda nueva, neutralizaron totalmente el efecto de esa recompra.
De hecho, reportes financieros recientes revelan que el mercado de bonos globales ha perdido más de 2,5 billones de dólares en valor de mercado en lo que va del mes. El rendimiento del bono a 10 años (referencia del mercado) subió del 4,3 % el 13 de marzo hasta tocar un máximo de un 4,4 % hoy, 23 de marzo. Esto representa un incremento de aproximadamente 14 puntos básicos en solo diez días, con un punto de inflexión el pasado viernes cuando los rendimientos saltaron 11 puntos básicos en una sola sesión, reflejando el pánico del mercado.
Lo más relevante es que, aunque históricamente en tiempos de guerra los inversores suelen comprar bonos de EE. UU. por seguridad, en esta ocasión se observa una “ausencia de demanda de refugio” de ellos, debido al riesgo de estanflación y al alto costo fiscal de la guerra.
Esta falta de confianza eleva la potencialidad de que una espiral alcista termine por afectar al mercado de capital y deuda en todo el mundo, temor que, por ejemplo, ha expresado el primer ministro británico, Keir Starmer.
En consecuencia, Trump ha tenido que cambiar la cara de emperador militarista por la de negociador y campeón de la paz, logrando, por lo pronto, que los precios del Brent desciendan y con ello ceda la presión sobre los mercados financieros. No obstante, esto coloca al gobierno de Trump en una posición difícil, casi límite, porque de no lograr acuerdos serios con el gobierno de Irán, en torno al estrecho de Ormuz y al desarrollo de la guerra, el rebote en el campo militar y en el de la economía podría ser muy drástico. En tal sentido, tanto el campo militar como el espacio económico han quedado estrechamente condicionados bajo una tensión en la que cualquier cosa puede pasar.





