En la estampida de migrantes que sucedió en el enclave español de Ceuta convergieron elementos de colonialismo, nacionalismo burgués y geopolítica, motivando el cruel asesinato de 57 personas. Ese lamentable resultado se suma a las cerca de 1.500 víctimas, que se contabilizan en lo que va corrido de este año, intentando llegar a las costas de Europa. Y todo esto es producto de las políticas segregacionistas de la burguesía europea que han convertido al Mediterráneo en una gran tumba colectiva para proletariado migrante, bañando en sangre las hermosas playas donde los capitalistas tienen sus grandes negocios de turismo.
Lo que han dejado saber los medios internacionales es que cerca de 48.000 mil personas –en su mayoría jóvenes marroquíes y argelinos- intentaron pasar nadando desde Marruecos a Ceuta bordeando los espigones fronterizos, sin embargo, muchas de ellas murieron por ahogamiento e hipotermia, al ser arrastrados por las corrientes. De acuerdo con la Asociación Marroquí de Derechos Humanos- AMDH o Caminando Fronteras el cuerpo de seguridad militar marroquí suele utilizar medios represivos contra su propia población, lo que termino en acorralar en la línea de playa a grupos enteros de personas, precipitándolos hacia el mar, de allí que miles de ellos no llevaban los mínimos medios de ayuda y sobrevivencia. Aunque esto aún está por “investigar”, hay videos que parecen evidenciar que la guardia marroquí permitió el movimiento masivo de personas. Luego, en la noche posterior, se hicieron correr discursos de odio y grupos de habitantes en Ceuta salieron a perseguir a los migrantes.
Varios aspectos son resaltantes en las descripciones sobre cómo se desenvolvieron los hechos. ¿Cómo pudieron converger en un mismo momento y lugar tantas personas necesitadas y deseosas de llegar a los enclaves del Estado español? La respuesta inicial de los medios consistió en que se realizaron convocatorias espontáneas por redes sociales, sin embargo, incluso por episodios anteriores, se sabe que tal resultado exige mover ciertas “palancas” a fin de masificar las convocatorias. Además, se debieron requerir cuando menos unos 800 buses de sesenta puestos para movilizar tal cantidad de personas, descontando la satisfacción de necesidades como comida y agua. Con todo, es evidente que allí pudieron converger los hilos de las mafias traficantes de personas, cuerpos internacionales de inteligencia, e intereses del régimen marroquí, que relajó los controles de su lado, al punto que el Sindicato Unificado de la Policía-SUP en Ceuta señaló que Marruecos “ya no está reteniendo a nadie”. Es decir, hubo una evidente «relajación» temporal de los controles marroquíes en puntos específicos de la frontera que coincidió de forma exacta con la movilización organizada por las mafias de tráfico humano.
Lo fundamental es que en Ceuta se estrellan contradicciones coloniales, capitalistas y nacionalistas, mientras la victima está siendo la población proletaria que no encuentra condiciones de vida en el norte de África y ve en la migración a Europa una oportunidad de subsistir.
Vale recordar que Ceuta y Melilla son enclaves del Estado español en territorio africano desde hace 500 años. Por esta razón, Marruecos desde su independencia en 1956 ha exigido que esas colonias sean regresadas e integradas a su territorio. Por su parte, la tiranía que reina en Marruecos -a través del Rey Mohamed VI- mantiene dominio sobre buena parte del Sahara Occidental, área que en pleno proceso de descolonización fue ocupada por Marruecos, con el apoyo de EEUU. Por esa razón el pueblo saharaui aún sigue luchando por su independencia a través del Frente Polisario, fuerza reconocida por Naciones Unidas como su representante legitimo, y que tiene en Argelia su principal aliado. Todo eso configura apenas una parte del cuadro inmediato de los intereses en choque.
En 2007 Marruecos presentó una propuesta de “autonomía” administrativa para el Sahara Occidental”, en la que se le otorgarían competencias locales en temas como educación o policía regional, pero el régimen de Rabat mantendría el control real mediante defensa, política exterior y moneda. En 2022 el gobierno de Pedro Sánchez rompió con la “neutralidad activa” que mantenía sobre ese conflicto, al dirigir una carta dirigida al tirano de Marruecos en la que manifestaba que la autonomía marroquí era la opción “más sería, creíble y realista” para el Sahara Occidental. El cambio de postura lo realizó para amortiguar los choques con Marruecos tras haber permitido la atención médica en España de Brahim Gali, líder del Frente Polisario en 2021, y ante la cual el régimen de Marruecos facilitó una estampida de 10.000 personas en Ceuta, antecedente que hace creíble pensar que también en esta ocasión ha utilizado a las masas necesitadas como arma de gran presión sobre el gobierno de Madrid.
No obstante, el giro político de 2022 acarreó fuertes costos para el Estado español, por cuanto la nueva posición fue mal recibida en Argelia, dado que es el principal aliado del Frente Polisario, apoyando una salida de autodeterminación. Por eso, Argelia no sólo retiró a su embajador de Madrid, sino que congeló las operaciones bancarias del comercio bilateral y redujo el envió de gas a España, alegando dificultades técnicas.
Y como los negocios son primero, la tensión empezó a aliviarse desde 2023, cuando se reenvía embajador a Madrid y se reanuda el Tratado de Amistad entre los dos estados. De ese modo las exportaciones españolas a Argelia se recuperaron, y en este momento el gas proveniente de Argelia explica un tercio del total que se consume en el Estado español. El mejoramiento de las relaciones no paro allí, y Pedro Sánchez acudió a Argelia apenas el pasado 20 de julio, “visita” en la que fue acompañado de directivos de Repsol, Naturgy, Enagás, Indra, Sacyr, CAF, Airbus, donde señaló que España pretendía ser socio estratégico en la modernización de Argelia.
Esos fortalecimientos de relaciones con Argelia implican una desmejora para la burguesía marroquí, que entre otras compite por convertirse en puente energético hacia Europa, identificando además una evidente reversión de la posición española sobre el tema del Sahara Occidental respecto de lo manifestado en 2022.
Y como se advirtió, el entramado de contradicciones no se limita a los intereses de las burguesías nacionales, y a la disyuntiva que enfrenta el Estado español entre sus colonias de Ceuta y Melilla y el gas argelino.
Por eso, hay que agregar que el Rey Mohamed VI es el jefe político, militar y religioso de Marruecos, siendo el típico régimen autoritario que a su vez boga por facilitar una modernización de tipo capitalista. Esa perspectiva se consolida con la participación de la casa real en grandes obras de infraestructura a través de holdings corporativos. En tal contexto estableció relaciones diplomáticas con Israel en 2020 -la cercanía de los monarcas marroquíes con Israel es de vieja data- e inmediatamente elevó un acuerdo militar, mientras en este año ha firmado un Plan de Acción militar conjunto. Como compensación al “giro marroquí”, Trump brindó su apoyo al plan de autonomía sobre el Sahara Occidental, estrechando los viejos lazos que unen a los Estados Unidos y el régimen de Rabat.
Un día después de la crisis, el congresista republicano Thomas Massie reveló que la Cámara de Representantes de ese país aprobó el pasado 15 de julio un proyecto de ley que da alas a las reclamaciones de Marruecos sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, lo que habría desencadenado indirectamente la crisis migratoria que ahora fingen condenar. Se trata del proyecto presupuestario de defensa H.R. 8595 para 2027 que asigna 40 millones de dólares en ayuda militar para Marruecos, repartidos entre programas de seguridad nacional y financiación militar exterior, y en el que se califica a Ceuta y Melilla como «ciudades administradas por España» situadas en «territorio marroquí», y se insta al Departamento de Estado a promover un diálogo para negociar su «futuro estatus». Para nadie es un secreto que EEUU lograría mayor control militar sobre la entrada al Mediterráneo si Ceuta Y Melilla estuvieran bajo control de un aliado incondicional e inflexible como Marruecos.
En contraste, el gobierno de Sánchez ha tomado posturas que chocan con las agendas de Trump, valiéndole ciertos enfrentamientos. Una de ellas es su negativa a incrementar el gasto militar al 5% del PIB, tal como lo impuso Trump a la Unión Europea. Sánchez se ha manifestado como crítico ante la cruel invasión sobre Gaza, atribuyéndole una enemistad con Israel; agregando luego su negativa a prestar las bases militares como punto de apoyo de los Estados Unidos en la guerra sobre Irán. De allí que este 8 de julio Trump afirmará: «España ha sido un socio terrible en la OTAN. No participan. No pagan. No quiero saber nada de España. Corten todo el comercio con España, por favor, incluidas las visitas.»
Y tal enfrentamiento con la MAGA se sucede en un contexto donde el Partido Socialista Español viene recibiendo la presión desde el sistema judicial de ese país, al llevar a juicio a Rodríguez Zapatero por corrupción, y a la esposa de Pedro Sánchez por tráfico de influencias y malversación de recursos públicos, oscureciéndose así sus perspectivas electorales futuras.
Además, el gobierno de Sánchez ha desarrollado una política totalmente en contra de la persecución clasista y racista que se ejerce en la mayoría de la Unión Europea y los Estados Unidos, lo que se concreta en promover la legalización de cerca de 600 mil inmigrantes, política que ha desatado la furia de la ultraderecha española y mundial.
Es aquí donde brota otro hilo, pero ahora bajo “condiciones extrañas”, en tanto que el pasado 8 de julio el tribunal Supremo español dictaminó que los migrantes que llegasen por mar a Ceuta y Melilla no podían ser devueltos sumariamente a Marruecos sin el debido proceso, frente a lo cual el ministro de Interior español, Fernando Grande-Marlaska, atribuyó la decisión a una manipulación de traficantes de personas, según cita el Washington Post[1], con lo cual las autoridades españolas afirmaron que devolverán a los migrantes llegados a Ceuta a pesar del fallo.
Lo cierto es que la masacre de Ceuta ha sido utilizada en pleno por la ultraderecha mundial para atacar al desgastado gobierno español. Trump afirmó que “Ayer vi lo de España y observé la catástrofe que tuvo lugar. Pareció una invasión de un país por cientos de miles de personas, y eso mismo nos va a pasar a nosotros si no ganan los republicanos, pero mucho peor.”
Por su parte, Giorgia Meloni inicialmente pidió que España fuera suspendida de la zona Schengen de libre tránsito dentro de la Unión Europea, petición secundada por Finlandia y Dinamarca, agregándose posturas críticas de los gobiernos de Suecia, República Checa y Austria. Pero Meloni, otra fiel escudera de Trump, fue más allá y suspendió la vigencia del acuerdo Schengen para España, muy a pesar de que para ese momento la gran mayoría de quienes pasaron a Ceuta habían regresado a Marruecos.
Este entramado de mezquinos intereses y contradicciones, bajo el cual se desarrollan alegremente los negocios del gran capital mundial, es el que ha caído con toda su fuerza sobre la vida de 72 personas para arrebatárselas con toda brutalidad. Estos son los maravillosos métodos bajo los cuales se desarrollan “las libres, prosperas y democráticas relaciones” en la decadente sociedad actual, en medio de las cuales las vidas del proletariado son trituradas y escupidas como mero residuo o “daño colateral”. De aquí que, si el viejo dicho rezaba que “el diablo es puerco”, deba ser actualizado a: “el diablo es puerco, pero más asquerosos son los agentes que representan el capitalismo”.
Referencias
[1] Migrantes invaden un puesto de avanzada español, provocando la indignación de la Casa Blanca, 31 de julio de 2026





