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Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Maldito el poeta que haga del arte su mejor mercancía


arte mercancía

Trochando Sin Fronteras Septiembre 3 de 2020

Por: Pájaro – Colaborador TSF

Maldito el poeta que haga del arte su mejor mercancía. La dignidad antes que la poesía, antes que todo

Carta a mis hermanos poetas

Aunque no me considere parte de la familia, ni modo, soy el hijo bastardo. No, no es por maquillarme con una profundidad que no existe, simplemente soy sincero, escribo poco, y cada vez escribo menos, estoy en los momentos más estériles… En cambio, ustedes respiran, duerman, hacen, son poesía. Veinticuatrosiete de versos, de persistencia, de delicadeza, de paciencia. Ojalá sacara callo la pluma para que la gente se percatara de lo duro que sienten, lo mucho que trabajan, lo tanto que encadenan.

Entonces, francamente, inicio rompiendo la carta: no somos hermanos, al menos no de entrada. De salida sí, pero no por los poetas, sino porque todos morimos. Eso debería ser suficiente…pero veremos que no. ¿Y por qué no? Porque a muchos de ustedes les tengo rabia, no porque sean mejores que yo, pues seguramente hay mejores que todos nosotros juntos, sino porque la tienen más fácil. Eso me predispone, se traduce en cierto desasosiego. Cuando escribo, cuando me leen y a veces cuando me escuchan pareciera que soy de su combo, pero apenas pasamos al detrás de cámaras, a sentarnos a beber, a conversar, ya me siento distante.

Ustedes citan a otros poetas, yo más bien conozco pocos, ustedes pueden pasar la noche y madrugada delirando, consumiendo alcoholes, cigarrillos y a la ciudad entera, yo no, porque yo vivo lejos, porque mañana seguramente trabajo y en la casa tenemos una deuda. ¿Alguno de ustedes piensa en las condiciones materiales de existencia del que escribe? No sé si les interese, finalmente no podemos sindicalizarnos, lo más cercano que les conozco son los manifiestos de tal o cual movimiento.

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Ahí está la primera distancia, que no sé si es insalvable, pero para serles franco malestar sí me produce. Ustedes concursan para ganarse del primero al tercer premio, invertirán el dinero en una publicación, en alcohol, en su editorial, en más libros. Yo me pregunto si con un concurso de esos puedo sacar a mi vieja de trabajar, sus huesos le duelen, y ahí está lo maldito. Tuve, al parecer, primero un sentido de clase que un sentido poético. Mi estética está influida por aquello que vi en casa, que fue ver a mi mamá trabajando limpiando la mierda de otros, quizá estudiantes de literatura de la Nacional con papás abogados… Quizá mi primera lectura fue en los libros del patrón porque en mi casa no había. Quizá solo quería propinarles un golpe en la nuca, verlos caer, ver a mi mamá tranquila, verme a mí con ella disfrutando de la vida, una mansión en llamas y detrás del humo que estuviera el mundo para nosotras.

Lo siento mis hermanos poetas, no puedo concebir una obra digna que ha cabalgado sobre el tiempo de otra persona ignorando la vida práctica, la capacidad de las manos para pegar una puntilla o cocinar. No los puedo ver a los ojos sin estar apretando mis mandíbulas, y sin embargo aquí me tienen, hablando con ustedes, de un mortal a otro, ¿quién si no ustedes me escucharía? ¿Me leería acaso mi mamá o sus compañeras de la ruta al trabajo? Claro que no. Porque allí hay otro abismo, la última vez que le escribí una carta semejante a mi vieja no supo decir mucho por no decir que nada, solo me abrazó y me dio las gracias. Yo lloraba, ella seguramente no lo hizo porque no entendió muchas de las palabras que usé, porque en su cabeza no se hicieron las bellas imágenes que tanto se valoran, pero supo que ahí estaba mi corazón y me entregó sus brazos y dijo gracias.

Debió ser un cuadro patético el de aquella oportunidad, pero no es el caso que venga a contarles mis tristezas, no es mi cometido. Esto que escribo era para confirmarles que tranquilos, la desconfianza es mutua, no busco que nos caigamos bien, así que tomemos con tranquilidad los silencios incómodos. En cambio, sí es de mi interés convocarlos a ustedes a que creen con los pies en la tierra, en su tierrita, en su momento. Admiro que trabajen en su obra importante, pero lo realmente importante urge, amerita de poetas, pero no de los burgueses y acomodados, no de los que ponen su drama como ombligo del mundo y son felices por ser tan complicados, tan elevados, tan insondables. No, el mundo necesita de una creación comprometida, que logre lo insospechado haciendo de los versos panes de trigo que puedan masticarse en la mesa, es decir, necesitamos poetas combativos y no cobardes. Ustedes y yo sabemos leer muy bien, ¿no es acaso un arma? ¿no es una ventaja para explotarle al enemigo? Creemos en el corazón de la poesía, ¿cómo nos atrevemos a renunciar al humano?

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No todos me harán caso, tampoco quiero fundar la Central Unitaria de Poetas del Pueblo, porque para qué si condiciones laborales no tenemos, y aunque hiciéramos paro todo circularía con normalidad, aunque quizá más feo. Pero para quienes hallen sentido en mis palabras entonces les invito a militar por lo humano, no le teman al humilde ni al mal olor del que duerme en la calle, no sucumban ante sus dolores cuando aun su corazón es capaz de ser generoso y cultivar otro mundo en este que parece muerto.

Eso era todo, una invitación y una nota aclaratoria, esperemos encontrar a Roque Dalton. Dignidad antes que poesía, antes que todo. Sentiré entonces, y solo entonces, una hermandad más real, que puedo tocar sin que el tiempo me la robe, hasta ese momento solo podré criticarlos, admirarlos o aborrecerlos.

De manera contradictoria, con mis más sinceras animadversión y confianza, espero vernos disputando la vida no solo entre líneas, sino también en todas las batallas.