Cierra Propal, sobrevive el capital ¿Quién pierde y qué significa el cierre?

La caída de Propal confirma la ley de centralización del capital: los grandes devoran a los pequeños y la clase trabajadora paga el precio de una crisis cada vez más profunda.

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La quiebra de Propal, empresa perteneciente al Grupo Carvajal, deja en la calle a cerca de 600 trabajadores, mientras el grupo empresarial logra mantener parte de su capital en pie tras haber orientado previamente sus negocios, fundamentalmente, hacia el área de empaques plásticos para alimentos. En los años noventa Propal fue la columna vertebral del proceso de crecimiento y latinización de las empresas de ese grupo capitalista, permitiendo que se ubicase entre los diez grandes grupos más poderosos del país hasta la primera década de éste siglo. Por eso se le destacaba como el  ejemplo reluciente de lo bien que le sentaba al capital nativo su aprovechamiento del mercado mundial.

Pero los resultados parecen señalar que algo está cambiado, en tanto el gran capital ahora se anota nuevas derrotas.

En su comparecencia ante los medios de comunicación Pedro Carvajal,[1] gerente de la empresa, señaló como causas de la quiebra la presión del mercado externo y condiciones coyunturales. Mencionó que la oferta mundial del sector es de 80 millones de toneladas, presentándose ahora un exceso de 5 millones al año, situación a la que se agregan presiones en los costos provenientes de la revaluación del 30% del peso colombiano durante el último año, de incrementos de los precios de la energía y combustibles y de los altos impuestos. Destacó además que otros países aplican políticas de protección –anti-dumpng– que no se lograron implementar en Colombia a pesar de las gestiones realizadas; aspecto que puede leerse en el sentido de que en el país no se crean barreras de protección a las empresas “nacionales. Sin embargo, esa, postura es contradictoria con la férrea defensa del libre mercado que promulgaron y defendieron hasta hace poco.

Propal mantuvo como ventaja el aprovechamiento del bagazo de caña de azúcar como materia prima para elaborar el papel, la que se sostenía mediante su entrelazamiento con los grandes capitales de los ingenios azucareros del Valle del Cauca, es decir con las familias Eder y Caicedo. Esto significa que la alta explotación del trabajo mediante la cual se sustenta el cultivo y zafra de la caña de azúcar fue y es rentabilizado por unas pocas familias que dominan la región, las que han procedido a acelerar la mecanización para desalojar mano de obra como respuesta a las históricas luchas obreras de 2008. Sobre esas condiciones sociales y productivas Carvajal creó negocios y marcas vinculadas verticalmente, dando lugar a marcas de reconocimiento como Norma, Jean Book, Reprograf, Propalcote, Conversa, Mepal o Publicar, sobre las cuales extendió su actividad por toda América Latina.

Ahora bien, tratándose de un grupo empresarial con experiencia, redes y grandes masas de capital, surge la pregunta de cómo fue posible que terminara perdiendo una unidad productiva tan significativa para sus negocios. Y la respuesta sobrepasa las limitaciones coyunturales en costos o la recusación de pereza estatal para proteger al capital “nacional”. El punto real se encuentra en el gigantismo que domina cada vez más las diversas áreas de la producción en el mundo.

En este caso, los datos son elocuentes. Las plantas de Propal (Yumbo y Guachené) apenas podrían producir unas 250 mil tns/año. En cambio, el grupo Nine Gragos Paper de China transforma 25 millones de tns/año, es decir 100 veces más que Propal. Mientras Suzano de Brasil puede procesar 1.7 millones de tns/año de papel y 13,5 millones de tns/año de celulosa; y Navigator Compay de Portugal 1,6 millones tns/año en papel.

Las desventajas tecnológicas de Propal estriban en plantas que trabajan por lotes, con limitaciones de anchos y velocidades, y centradas en segmentos en declive como el papel gráfico. Hay que apuntar que mientras la producción de papel gráfico caía un 24% en la última década, la producción global de cartón aumentaba más de un 32% y el segmento de papel tissue crecía un 35% (servilletas, papel higiénico, toallas de cocina y pañuelos). El Grupo Carvajal decidió no acometer las inversiones para diversificar al sector de empaques de cartón-que además suponía pisar la manguera a su otra empresa de empaques plásticos- y sacrificar la estabilidad laboral de sus empleados. 

Entre tanto, la competencia se diversificaba hacia esos segmentos y operaba con multi-líneas continuas y automatizadas, además que algunas de ellas como Suzano produce en grandes extensiones de bosques propios el eucalipto que compone su materia prima, mientras en Colombia se dependía sólo de la oferta regional. En resumen, la producción de Propal representaba cuando mucho el 1% de la mundial, de aquí que el “exceso de oferta” mundial, superior al 5%, la dejara sin capacidad de respuesta real.

Propal fue fundada en 1957, en la etapa de plena juventud del capitalismo manufacturero de Colombia, y durante las últimas décadas fue signo de rentabilidad, hasta empezar sus problemas en 2023 y su obligado cierre. Una historia algo similar relata lo sucedió con la filial de Chevrolet, GM-Colmotores cuya planta se ubicaba en Bogotá, y que fue cerrada en abril de 2024, tras 67 años de funcionamiento, dejando en la calle a unos 850 trabajadores directos. El motivo estribó en que su capacidad instalada cuando mucho daba para armar uno 120 mil autos/año, operando sólo al 9% cuando se cerró, mientras en el mundo el mínimo de ensamblaje puede llegar a las 300 mil unidades. Sin embargo, actualmente empresas como Volkswagen enfrentan serios problemas de sostenibilidad, a pesar de que su planta de Wolfsburgo tiene una capacidad de 800 mil unidades/año, resultando limitada frente a empresas como BDY de China, que produce 1,3 millones de autos/año, en la planta de Hefei.

Es así, que el lento pero sistemático derrumbe de lo que fuera la base de la industria manufacturera de Colombia, y de otros países de la región, está asociado a la inevitable ley de centralización del capital. Esto significa que, por diversos cauces, el capital no sólo se concentra, si no que termina por centralizarse en pocas manos y empresas, de tal modo que los grandes capitales devoran y se alimentan de los pequeños. Y en ese brutal proceso la población proletarizada es la que soporta la peor parte, porque es lanzada a la calle para “terminar pateando piedras”, en tanto parte del capital, como acaba de suceder con el del Grupo Carvajal, puede seguir temporalmente en su angustioso camino de la competencia.

De aquí que la vida del burgués consista en sobrevivir bajo la agobiante nausea, causada por la persistente inseguridad a la que sistemáticamente está sometido el valor de su propiedad, pues lo que hoy posee mañana puede devaluarse y súbitamente valer nada. Mientras para el proletariado la vida es de absoluta inseguridad y ausencia de horizontes, en tanto los puestos de trabajo progresivamente son más escasos, más exigentes en calificación, pero más competidos y peor pagados, siendo cada vez más segura una vida entre el desempleo o el mero rebusque. Tal cuadro general es el que debe ser considerado como componente fundamental de la vida en el país.

Por eso, como movimiento social afirmamos que no sólo es urgente lograr una salida proletario popular a la crisis del capitalismo, sino que además agregamos que es necesario el paso intermedio y meramente defensivo de desarrollar una Economía de Fondos Públicos, capaz de contener la destructiva fuerza del gran capital sobre las oportunidades de empleo y vida para las mayorías proletario-populares.

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referencias

[1] Entre ellos se puede escuchar la entrevista de Caracol Radio: https://caracol.com.co/programas/6am-w/audios/

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