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Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Coyuntura económica y sus repercusiones en Colombia


En nuestra cotidianidad será evidente el aumento de los precios de la tecnología, los medicamentos, alimentos y bienes indispensables para la vida

Trochando Sin Fronteras, agosto 29 de 2019

Por: Diego Muñoz – Asociación Red Itoco

La guerra comercial China vs Estados Unidos – EEUU – afecta negativamente el nivel de producción de China, puesto que el aumento de los aranceles a los productos que tranzan entre las dos naciones presiona para que disminuya la producción de bienes; por lo tanto se necesita de menor cantidad de materias primas, forzando una baja en sus precios. En este sentido, la venta de petróleo y carbón al gigante asiático y a los EEUU se ve afectada negativamente, esta relación deteriora las finanzas públicas y produce un mayor déficit fiscal. Recordemos que EEUU es el principal “socio” comercial de Colombia y China es el segundo. Además, debemos resaltar que el dólar es la divisa utilizada para realizar transacciones internacionales en prácticamente la totalidad de los mercados mundiales, por lo que su fortalecimiento respecto al peso colombiano afecta diferentes elementos.
Observemos algunos enunciados que permitan evidenciar sus posibles repercusiones:

La guerra comercial entre Estados Unidos y China, está golpeando negativamente las bolsas a nivel mundial (Europa, Asia, EEUU y América latina), el miedo global al riesgo, la depreciación del yuan (moneda de China) y el encarecimiento del dólar, aceleran la recesión, aunque también presiona un acuerdo entre las dos naciones.

El yuan es devaluado como respuesta de China a la guerra comercial que sostiene con los EEUU, lo cual afecta a todas las “divisas emergentes”.

La guerra comercial entre China y los EEUU podría extenderse y los comentarios guerreristas de Trump, permiten preavisar un nuevo frente de guerra en Europa. (krugman, The new york times, agosto 2019)

La dependencia nacional al comercio mundial, como efecto de la política económica que dicta la especialización en la exportación de materias primas, característica de la primarización de la economía de Colombia, la deja en total vulnerabilidad de los dictamines internacionales, caso de Venezuela y recientemente Argentina.

El peso colombiano es el segundo más devaluado de América latina (Portafolio, Mayo 07 del 2019), lo que significa menor poder adquisitivo de la moneda nacional.

Las importaciones se encarecen: insumos electrónicos, automóviles, medicamentos, refinado de petróleo; recrudeciendo el déficit comercial (Importamos más de lo que exportamos). Tengamos en cuenta que para el 2017 las importaciones alcanzaron los 44,3 mil millones de dólares, 5.18 mil millones más que las exportaciones y que el déficit comercial aumentó en el primer semestre de este año un 59% (Portafolio, agosto 2019).

La deuda externa se incrementa en términos relativos, al aumentar la tasa de cambio, respecto del valor de la producción, recordando que más de 50 billones de pesos se destinaron este año para el pago de sus intereses.

El impacto negativo en las cuentas del gobierno presiona a que las tasas de interés no disminuyan, lo que golpea al sector productivo de mediano y bajo poder.

Las exportaciones de productos básicos y materias primas, relativamente pueden obtener mayores ganancias, sin embargo, esta bonanza se concentra en muy pocas manos.

El precio de los alimentos importados viene en aumento (por ejemplo, algunas frutas y soja), lo que puede influir junto a los demás factores en la variación porcentual del IPC (inflación) al final del año.

Los insumos que se importan para la producción agrícola se encarecen, por lo que también los precios de algunos alimentos que se producen en el territorio nacional, y que dependen de dichos insumos, en especial granos, cereales, carnes y pescados.

Por cada dólar que cae el precio del petróleo, el gobierno deja de recibir 430.000 millones de pesos, lo que podría representar a fin de año -2,6 billones de pesos (Valencia; 2019). Algo así como un poco más que la inversión al sector agropecuario durante este año.

La inversión extranjera en el último tiempo se caracteriza por ser inversiones golondrina, es decir capital que fluye de forma libre internacionalmente, abandonando según sus intereses, las economías nacionales. Los inversionistas internacionales evitan las economías subordinadas en un panorama que camina hacia una recesión global.

Abandonar el peso como moneda nacional es perder la poca soberanía que se tiene sobre la política monetaria, punto negativo para Steve Hanke que en la revista Forbes propuso dolarizar.

Las convulsiones en los mercados de valores podrían generar caídas drásticas que impactarían las arriesgadas inversiones de los fondos de pensiones en Colombia.

Estas líneas buscan visibilizar algunas de las consecuencias de la guerra comercial entre China y EEUU, así como una nueva reflexión sobre las implicaciones de la dependencia económica que sostenemos. A modo de contextualización, se pretende alertar sobre el impacto negativo a la economía de Colombia y cómo esto seguirá siendo soportado por el conjunto de los y las trabajadoras traduciéndose en nuevas políticas de austeridad. La implementación del plan de desfinanciamiento, la reforma pensional, la propuesta de ley para la flexibilización laboral y el recorte al gasto público que significa menor inversión en salud, educación, cultura, recreación y deporte. A esto le sumamos el aumento del riesgo sobre las “inversiones” de los fondos de pensiones, que juegan en las bolsas con los recursos económicos que los y las trabajadoras han aportado a lo largo de su vida con el deseo de jubilarse, así como también la legalización y profundización de la explotación laboral para quienes siguen en edad productiva y que se esconde en los discursos de la flexibilización.
En nuestra cotidianidad será evidente el aumento de los precios de la tecnología, los medicamentos, alimentos y bienes indispensables para la vida; el poder adquisitivo de nuestra moneda será cada día menor y veremos cómo el salario se esfuma en nuestras manos, mientras el desempleo aumenta, la informalidad se extiende y la explotación se fortalece.
Claramente, se seguirán formulando nuevas políticas que profundicen el modelo extractivista y la depredación del medio ambiente en concordancia con el rol de explotar y socavar los medios de vida, papel que se nos ha sido asignado por la división internacional del trabajo y los gobiernos de turno.
El panorama es desalentador: inflación y estancamiento económico son dos duras cargas para las clases populares y ante esta realidad se debe seguir caminando en pro del fortalecimiento de la unidad y la lucha social, así como también seguir construyendo alternativas económicas para la vida digna, pues la trasformación pasa por evidenciar la realidad que las clases dominantes ocultan, por generar espacios de autoformación y avanzar en la construcción de alternativas, viables y coherentes con nuestras necesidades como clase popular y trabajadora.