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Crisis o re-acomodamiento del capitalismo


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Editorial – edición Nº 29  Periódico Trochando Sin Fronteras

 

Sin duda alguna, varios de los fenómenos que ocurren en la actual coyuntura a nivel internacional y nacional, están ligados a un período de reacomodamiento y ajuste de los mecanismos de dominio político y explotación económica. Esto suele suceder cuando el capitalismo se encuentra en crisis.

Ese reajuste del capitalismo ha sacudido el tapete de la geopolítica internacional. En función de sus dinámicas y tendencias, podemos decir que el mundo actual se debate en la tensión entre de la resistencia de las masas de trabajadores y sectores explotados del mundo entero, y las medidas de intervencionismo militar, sabotaje político y ahorcamiento económico.

En Europa, la crisis se ha sentido de manera peculiar. Los países del sur de ese continente han visto comprometida su estabilidad económica y política, lo cual ha generado manifestaciones sociales que se alinean tanto a la izquierda como a la derecha.

En España, las reformas económicas neoliberales han favorecido al gran capital en detrimento del bienestar de sectores populares. A raíz de esto surgió UNIDOS PODEMOS, fuerza parlamentaria que empieza asumir las banderas de izquierda, pero que no ha podido canalizar el descontento social. Por otro lado, en Inglaterra las tendencias neo-conservadoras han hegemonizado el escenario político y presionan las decisiones en los centros de poder de la Europa central. Esto, aunado a la agudización del fenómeno migratorio, que también incide en las decisiones políticas de la Unión Europea.

En Estados Unidos, la ‘competencia’ electoral prolonga esta tendencia, al tener dos candidatos prestos a administrar la crisis capitalista en beneficio de los grandes negocios y a costa de las necesidades del pueblo. En ese sentido, las aparentes diferencias de estilo entre Hillary Clinton y Donald Trump, buscan encubrir la política racista, xenófoba e intervencionista norteamericana, pero lo cierto es que ambos representan el mismo proyecto.

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En Latinoamérica hemos visto ejemplos de esa táctica de reacomodamiento. En el caso de Venezuela la burguesía nacional e internacional se han aliado para asfixiar la economía y generar descontento popular e inestabilidad política.

Algo similar pasa en Brasil, donde se presentó un golpe de estado blando contra el gobierno Dilma Rousseff, elegida como presidenta con casi 54,5 millones de votos. El senado la suspendió del cargo y luego la destituyó de su cargo, con el voto de tan solo 61 senadores. Este suceso revela las contradicciones de un sistema de “democracia” en el que el pueblo participa en las urnas, pero unos cuantos son los que deciden. Con lo anterior se impone al político neoliberal Michel Temer, quien ya anunció que privatizará “todo lo posible” y en el nuevo presupuesto presentado ante el Senado redujo en un 30% la inversión social representada en vivienda, educación, reforma agraria y otros derechos sociales.

En ambos casos se ha visto cómo los medios de comunicación privados sólo muestran las manifestaciones de la derecha, maximizan la corrupción y el desabastecimiento, y, por otro lado, invisibilizan los logros y avances de esos gobiernos en cuanto a la inversión social y al mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población.

Pasando al plano nacional, en Colombia se aproxima la firma de los acuerdos de paz entre el gobierno nacional y las FARC, la cual se dará el 26 de septiembre en Cartagena y que luego será objeto de un plebiscito.

El plebiscito es la herramienta con la cual el gobierno pretende hacer creer que el pueblo participa en el acuerdo de La Habana. Resulta inaceptable que la participación del pueblo en la construcción de la paz se vea reducida a las urnas, cuando esa propuesta no resuelve las causas del conflicto y tampoco contiene los anhelos de justicia social.

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Más allá de la firma y el plebiscito, la resistencia y movilización son el camino necesario para garantizar la permanencia en el territorio y las conquistas que harán posible una paz real. La Nación U’wa, Asoinca y la Minga nacional agraria, campesina, étnica y popular, demostraron en la práctica el camino a seguir: organización, unidad, lucha social y resistencia popular para la autodeterminación y la vida digna.

La resistencia pacífica de la nación U’wa se convierte en baluarte de la defensa de la madre tierra y la soberanía popular; la firme decisión de los profesores agremiados en ASOINCA, deja ver el renacer de un sindicalismo al lado de las luchas sociales de los trabajadores colombianos por mejoras en sus condiciones laborales; y la Minga, como expresión de unidad de sectores sociales, populares, étnicos y campesinos, increpa al gobierno por respuestas contundentes a las graves problemáticas que afrontan el campo y las ciudades.