jueves, septiembre 23, 2021

¡No nos engañen más! – Parte II

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Trochando Sin Fronteras, agosto 10 de 2021

Ni la más mínima esperanza en las elecciones de 2022, pues por ese camino no será alcanzable lo deseado. En la primera entrega de esta serie de artículos nos remitimos a un par de los mitos con los que se intenta engañar a las clases populares, refiriéndonos a:

      • La democracia representativa en Colombia como una posibilidad de disputa del poder.
      • Criticar el progresismo es hacerle el juego a la derecha.

En este texto nos proponemos ampliar estos postulados a la luz del escenario electoral que se avecina.

I

Hay quienes auguran que, para las próximas elecciones, tras el desgaste del uribismo y la profunda crisis social, la victoria será para candidatos de “centro-izquierda”. Guiados por esta premisa muchos sectores esperan la democratización, no solo en el sistema político-jurídico, sino también en el contenido económico y social que define el Estado. ¡No, no y no! Transformaciones así no se han presentado en el mundo capitalista hasta nuestros días, veamos ejemplos:

      • Con el derrocamiento de las monarquías nace el Estado-Liberal-Burgués, esquema reproducido en las Repúblicas latinoamericanas a partir de la primera década del siglo XIX y que se consolidaría con muchos tropiezos tras las guerras de independencia.
      • Luego la crisis mundial y las disputas inter-imperialistas darían forma al Estado de derecho, que entre otras cosas, permitió fuertes arremetidas contra los movimientos obreros.
      • Con el fin de la II guerra mundial, el lastre de la crisis y con la “amenaza” comunista surge el Estado de bienestar. Estado que permitiera cierta regulación para sobrellevar la crisis, pero esta, contrario a lo esperado, no dejo de ser la tendencia, forzando el cambio en el patrón de acumulación hacia los 70 dando paso al neoliberalismo. Para este periodo América Latina no solo debía enfrentar su profunda desigualdad social, sino que además debía hacerlo sin haber alcanzado “el desarrollo”, solucionar ambos obstáculos fueron las tareas encomendadas al Estado social de derecho, pero este ha terminado por profundizar el problema.

Estas han sido las propuestas de Estado que han ofrecido las elites, perpetuar y profundizar la explotación y la dominación, son su principal objetivo y ninguna opción electoral va en una vía opuesta, ¡ninguna!. Es importante resaltar, que existen en la actualidad múltiples impedimentos para que desde el cambio de gobierno en 2022 puedan consolidarse transformaciones profundas, si es que ese fuera el propósito y ¡No, no lo es!, solo mencionaremos dos:

Primero, nuestro país se encuentra sumido en la dependencia y el subdesarrollo histórico, debido al retroceso productivo, la temprana desindustrialización, y su inserción al mercado mundial basada en las exportaciones agrícolas y mineroenergéticas. Esta realidad juega muy en contra de cualquier proyecto alternativo, pues en el marco de la crisis de acumulación mundial, las potencias se disputan el tipo de configuración internacional prevaleciente, y con ello, el rol que cada nación debe asumir.

Recomendado: Democracia: el problema no es (sólo) del presidente

Segundo, la oligarquía colombiana se ha atornillado en su rol succionador de renta. Rol que ejerce, mientras explota a millones de trabajadores en la producción y consumo de bienes de consumo colectivo. Con lo cual, poco interés tiene en superar nuestra dependencia tecnológica, por el contrario, está dispuesta a cerrar filas para seguir acaparando el excedente social en las actividades económicas de su interés, mientras se acomoda en la configuración internacional que demande el imperialismo. No hay proyecto político que pueda enfrentar efectivamente la crisis social colombiana sin enfrentarse frontalmente con la oligarquía, la misma que lleva hasta hoy las riendas del Estado.

II

A sabiendas de que el cambio que queremos no es a través y para las candidaturas presidenciales, es necesario exponer un último mito con el que han pretendido engañarnos: La existencia de ciudadanías libres.

La clase dominante ha impuesto la idea de que cada nación es una comunidad política articulada desde un pacto social. En este pacto social los individuos ejercemos de manera libre nuestros derechos políticos, mientras asumamos los deberes que la sociedad demanda para garantizar nuestro bienestar, así, aparece nuestra condición de ciudadanos iguales y libres.

¡No y rotundamente no! Esta concepción oculta que nuestra sociedad se divide en clases, donde una de ellas de manera violenta ha expropiado los medios de producción, con lo cual, apropia la riqueza que producimos los y las trabajadoras. Este hecho imposibilita que seamos libres e iguales, porque al vender nuestra fuerza de trabajo, estamos supeditados a relaciones de explotación impuestas, que nos muestran como alternativa, aunque no lo son, opciones políticas sobre las que decidimos cotidianamente.

Si no somos una masa homogénea de ciudadanos, entonces ¿qué somos?

La retórica posmoderna aquí también intenta confundirnos, disgregando al sujeto en retazos que no pueden discurrir hacía apuestas comunes de mundo. Esta retórica nos diluye a través de la fragmentación de los discursos y las identidades, por supuesto negando la existencia de las clases sociales.

En lo político sacan provecho de este mito, como lo ejemplifica el nuevo presidente de Estados Unidos, al proponer lo que ha sido denominado el gabinete más diverso de la historia. Gabinete que no solo cuenta con amplia representación de mujeres, sino además de múltiples: razas, orígenes geográficos y orientaciones sexuales. Un verdadero gobierno incluyente y para todos ¡También falso! Los sectores sociales conquistan sus reivindicaciones en la lucha popular, medio por el cual reconocen su unidad en fines últimos y superiores: la emancipación social. Objetivo que solamente se puede alcanzar superando la sociedad de clases.

Es importante no olvidar que, mientras el capitalismo explota y domina, va creando en su interior la fuerza capaz de destruirlo.  Esa fuerza, ese sujeto por el que nos preguntamos líneas atrás, es la clase trabajadora organizada. Es la fuerza que ayudamos a forjar como movimiento y en ella esta nuestra esperanza y el único camino para construir una nueva sociedad.

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