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Según la Universidad de Cambridge, el neoliberalismo no funciona.


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El estudio basado en archivos públicos explica que antes de la aplicación de medidas neo-liberales, la economía inglesa mantenía un mejor crecimiento y ofrecía mejores condiciones sociales.

Trochando Sin Fronteras. Londres, 24 de junio de 2015.

Por: Rodrigo Vázquez

Desde 1990, con la caída del bloque socialista en Europa, los medios masivos de comunicación globales y destacados expertos de economía europeos y norteamericanos, vienen insistiendo con la idea de que el período del neo-liberalismo económico que se inauguró en 1980 con el gobierno conservador Margaret Thatcher y que continúa vigente hoy, ha hecho crecer tanto las economías de los países desarrollados como las de aquellos en vías de desarrollo.

Según esta visión hegemónica del desarrollo capitalista, países como Colombia deben implementar el modelo neo-liberal para insertarse en la economía global de manera seria y eficiente. Con ese objetivo (el de liberalizar la economía al máximo permitiendo que la inversión extranjera corporativa sea segura en el país), se está hablando de paz con las guerrillas. Sin embargo, un flamante estudio de la Universidad de Cambridge en Inglaterra desmiente los fundamentos básicos de que el neoliberalismo ha sido beneficioso para la economía de los países donde se ha implantado hace más de tres décadas. Veamos.

Las políticas neo-liberales están basadas en el recorte del poder de los sindicatos, la privatización de la economía, la liberalización de la Bolsa de Valores y sus agentes sobre la premisa de que el Libre Mercado se auto-regula, la abolición de los controles de cambio y la baja de impuestos para las grandes corporaciones. Esta combinación de recetas es promocionada por los organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial en el mundo entero, como si fuera  la apropiada para el desarrollo y como si beneficiara a todas las clases, incluida la clase trabajadora, ya que enriquecería las arcas de las corporaciones que supuesta-mente emplearían a cada vez mas trabajadores, haciendo crecer el mercado interno al convertir a la clase trabajadora en consumidora de bienes y servicios con acceso a créditos bancarios (como en el Brasil de Lula) y, por lo tanto, abriéndole la posibilidad de escalamiento social, convirtiendo a los proletarios en propietarios.

Pero a raíz de la brutal crisis financiera del 2008, dos distinguidos académicos de la Universidad de Cambridge, Ken Coutts y Graham Gudgin, publicaron recientemente un nuevo y llamativo estudio sobre los efectos del neo-liberalismo en la economía inglesa – la primera en el mundo en ser neo-liberalizada. Según el mismo, la economía inglesa tuvo más crecimiento antes de que la Primera Ministra Margaret Thatcher impusiera su paquete de medidas neo-liberales, privatizara los servicios públicos y entregara el motor de la economía a la Bolsa de Valores de Londres, desmantelando toda la infraestructura manufacturera e industrial, junto a la explotación minera.

Las fuentes de información utilizadas en dicho trabajo fueron, paradójica-mente, archivos públicos accesibles a cualquiera. Nadie se había molestado en analizarla y sacar las conclusiones pertinentes hasta ahora, 35 años después de inaugurado el modelo, en un momento de extrema fragilidad del mismo.

Los archivos públicos prueban de manera contundente que el comportamiento de la economía británica fue superior entre los años 1960 y 1980 que a partir de entonces, cuando Thatcher comenzó a imponer las políticas neo-liberales en el país, después evaluar el modelo aplicado a través de dictaduras militares en América Latina, en alianza con Ronald Reagan (entonces presidente de los Estados Unidos). En esas tres décadas anteriores al período neoliberal en Europa, el Producto Interno Bruto por habitante en Inglaterra era del 2.6%. En los siguientes 27 años sería de tan sólo el 2.2%: el mayor declive experimentado desde 1946 en adelante.

Las cifras de los últimos años  confirman el declive, ya que el crecimiento anual promedio desde el 2007 hasta hoy ha sido de apenas un 0.2% . La merma en la productividad laboral es aun más marcada – fue del 2.9% hasta 1980 y se redujo al 1.8% entre 1980 y 2008, contrayéndose a -0.2% desde el 2008 hasta ahora. El promedio de la tasa de desempleo desde 1979 ha sido del 8.7%, casi tres veces más que antes de ese año.

No sólo la sociedad crecía en poder adquisitivo en su conjunto y había menos desigualdad y desempleo con el anterior Estado de Bienestar, sino que las políticas neo-liberales hicieron, además, que  la economía se tornara muy volátil e impredecible. Los períodos de crecimiento se comenzaron a dar en olas más lentas e infrecuentes, no de manera fluida como antes de la década del 80.

Es decir que a pesar de la mentada transformación económica neo-liberal, la situación de la mayoría de la población ha empeorado de forma notable. Tanto es así, que Lord Adair Turner, ex-jefe de la Autoridad de Servicios Financieros y antiguo regulador de la Bolsa de Valores de Londres,  ha declarado que en los últimos 30 años ha asistido al secuestro de la economía global a manos del dogma libremercadista. “Es una verdad que parece universal eso de que los mercados saben más que los gobiernos qué es lo mejor para la economía, y que por lo tanto el gobierno y los reguladores deben apartarse del camino y no molestar. Pero esto ha probado ser una gran mentira”, afirmó Lord Turner, “que sólo benefició a los bancos de inversión norteamericanos, expandiendo sus negocios”. Es decir, los banqueros hicieron más dinero y se volvieron cada vez más confiados en sus propias habilidades hasta que se pasaron de la raya e hicieron que el sistema desregulado implosionara, llevándose consigo miles de millones de dólares del ciudadano de a pie, sus propiedades y el futuro de sus hijos también.

La crisis financiera del 2008 fue la más brutal de los últimos 100 años, fruto de la codicia de los agentes de bolsa y sus jefes, igual que la de 1929, pero más lenta que aquella en resolverse.  Ante la evidencia, comienza a aceptarse desde la misma élite académica que criticar el neo-liberalismo no es exclusivo del Marxismo ni es una “tara del izquierdismo”. Por ello, Lores como Turner, conservadores políticamente, comienzan a criticar abiertamente al sistema. Pero no se ha desarrollado todavía un debate de envergadura y rigor en los países industrializados o del llamado “Primer Mundo”.

Sí se escuchan, aquí y allá,  voces que predican en el desierto, como la de Paul Woolley de la London School of Economics, o la de Saker Nusseibeh, propietario de Hermes y miembro del Grupo 300. Pero sus voces no prevalecen sobre la ortodoxia librecambista conservadora que decide las políticas europeas de respuesta a la crisis con sus programas de ajuste y hambre. Una vez, el político norteamericano Upton Sinclair supo decir que era muy difícil hacer que un hombre entendiera algo si el hecho de ganar dinero dependía de que no lo entendiera. Esa frase podría explicar cómo piensa la elite financiera internacional. También explica que la izquierda europea, al ponerse al abrigo del mismo sistema financiero neoliberal, se haya quedado sin respuestas superadoras a la crisis y haya ayudado a encumbrar gobiernos conservadores en Alemania e Inglaterra, centros financieros fundamentales del sistema. La idea de que el neo-liberalismo mejoró la economía global perdura a pesar de la evidencia en contra y constituye el sustrato de la falta de respuesta política a la crisis por parte de las fuerzas de la izquierda democrática en Europa.

El estudio de la Universidad de Cambridge detalla en su conclusión que “no hay evidencia de que las políticas de libre mercado en su conjunto hayan mejorado o puedan mejorar la tasa de crecimiento económico, ni tan siquiera de manera temporal”.

Mientras, un egresado de los claustros ingleses como Sergio Jaramillo, Alto Comisionado por la Paz, promueve una paz dialogada sin transformaciones del modelo neo-liberal, que la elite local y la mayoría de los políticos colombianos aun defiende. Bien harían Jaramillo y sus colegas en leer el estudio recién publicado. Finalmente algunos de los antiguos maestros de Jaramillo comienzan a aceptar lo que cualquier latinoamericano de a pie ya sabe desde hace mucho tiempo: que el sistema capitalista neo-liberal de libre mercado enriquece a una minoría y mantiene al 99% de la humanidad en la brutalidad, la pobreza y el hambre, llevándose consigo sus justas aspiraciones y deseos. Tal vez entonces, Jaramillo comience, al fin, a ver la luz.