Embajada de la vergüenza en Jerusalén

La propuesta de trasladar la embajada a Jerusalén trasciende una decisión diplomática: expresa la afinidad política e ideológica entre la ultraderecha colombiana, el proyecto sionista más radical y el canon moral que dio sustento al paramilitarismo.

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En su intervención del 26 de julio Abelardo de la Espriella afirmó que reabrirá la embajada de Colombia en Jerusalén, transgrediendo las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (242, 338, 478) en las que se establece que Jerusalén Oriental es territorio ocupado, razón por la cual ningún Estado puede establecer embajadas en esa ciudad hasta que se resuelvan los litigios relacionados con su status.

La decisión de De la Espriella expresa su subordinación a la postura del gobierno Trump que, en 2017, bajo su primera administración, decidió trasladar su embajada de Tel Avid a Jerusalén. Tal medida fue posible ante la Jerusalem Embasy Act de 1995, que planteaba ese traslado, medida que fue aprobada bajo la presión de grupos de ultraderecha, especialmente evangélicos, pero que sistemáticamente había sido suspendida por los presidentes subsiguientes. La decisión de Trump pretendía eliminar la distinción entre la parte occidental y oriental y así validar la ocupación israelí, violando el Derecho Internacional y minando las bases legales para que se pueda alcanzar una solución de dos Estados independientes.

Por su parte, el resto de los gobiernos del mundo considera que Jerusalén Oriental es un territorio ocupado por Israel. Por ello, en virtud del Derecho Internacional Humanitario y de la Cuarta Convención de Ginebra, mantienen sus embajadas en Tel Aviv. Solo los gobiernos títere de Guatemala, Honduras y Kosovo optaron después por alinearse con la postura de Trump, contraviniendo así las resoluciones de la ONU, que prohíben explícitamente establecer sedes diplomáticas en Jerusalén Oriental. Cabe destacar que la Asamblea General de la ONU aprobó en 2017 la Resolución ES-10/19, en la que declaró que cualquier decisión sobre el estatus de Jerusalén es ‘nula y sin efecto legal.

Recordemos que tras la guerra de ocupación de 1948 Jerusalén quedó dividida entre Israel (parte occidental) y Jordania (parte oriental). Luego, en 1967 en la llamada guerra de los seis días Israel invadió todo Jerusalén, anexando además 70 km2 de Cisjordania, hecho que intentó formalizar en 1980 mediante la llamada «Ley Básica: Jerusalén, Capital de Israel«, norma rechazada por la ONU mediante la Resolución 478 de 1980, bajo la cual declara que esa ley israelí es “nula y sin valor”, de allí que Países Bajos y Costa Rica retirarán sus embajadas de Jerusalén y las trasladarán a Tel Aviv. Sin embargo, a pesar del rechazo de la comunidad internacional, Israel ha continuado la práctica de invadir territorio de Cisjordania mediante la extensión de asentamientos judíos, imponiendo por la fuerza una ocupación creciente y de hecho.

Esa tendencia a la invasión permanente ha cobrado renovada fuerza en los últimos años, en la medida que la fracción judía del Kahanismo se ha tornado prevaleciente dentro de Israel. El Kahanismo es un tipo de sionismo que profesa un etno-nacionalismo violento al sostener la supremacía judía y justificar la eliminación cultural y física de los no judíos. En la medida que la alianza de Trump-Netanyahu les provee protección internacional, las bandas paramilitares de los colonos israelíes atacan, incendian y asesinan a la población de origen palestino con total impunidad y descaro. Esas prácticas se desarrollan con la plena complicidad y articulación de las tropas del ejército de Israel, actuación facilitada en cuanto altos funcionarios como Ben-Gvir, ministro de Seguridad Nacional o Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas a cargo de la administración civil de Cisjordania apoyan esa tendencia del Kahanismo.

La invasión sobre Cisjordania ha sido acelerada desde 2023 mediante medidas que ha estado tomando el gobierno de Netanyahu, promoviendo la anexión de hecho. Entre ellas, en febrero de 2025 se derogó la ley que prohibía la venta de tierras palestinas a judíos en Cisjordania, permitiendo que la persecución y asesinato de las comunidades palestinas se complemente con la concentración masiva de tierras, tal como sucedió en Colombia con los paramilitares. En esa dirección, en 2025, se aprobó la construcción de más de 73 mil viviendas para colonos en esa área, con lo cual los asentamientos crecieron de 141 a 210 entre 2022 y 2025.

Es importante recordar que bajo el gobierno de Petro se rompieron las relaciones diplomáticas con el gobierno de Israel, para denunciar el cruel genocidio que se viene cometiendo en la franja de Gaza. Un genocidio que se eleva a más de 73.000 palestinos muertos y más de 173.000 heridos, de las cuales el 70% se compone de mujeres y niños, cifras a las que se suman otros diez mil desaparecidos, unos 173 mil heridos, 372 mil viviendas devastadas, 50% de los hospitales destruidos y el colapso de los sistemas de agua, alcantarillado y red eléctrica, afectando al 80% de la población con desplazamientos forzados.

Por tanto, la decisión de reabrir las relaciones diplomáticas es absolutamente inmoral. Pero por si eso no fuera suficientemente grave, se agrega el hecho de que la embajada se abrirá en Jerusalén, medida mediante la cual se da un espaldarazo mayor a la estrategia de guerra e invasión sobre el área de Cisjordania.

Bajo este contexto, la medida tomada por De la Espriella responde a un tipo de canon moral específico -que puede ser deducido del estrecho lazo político y militar entre la ultraderecha colombiana y el proyecto sionista de ese país- sobre el cual se constituyó el proyecto paramilitar, en tanto los israelíes entrenaron los primeros cuerpos paramilitares con los que luego se consolidaron las AUC.

Así, por ejemplo, en el libro “Mi Confesión”, Carlos Castaño expresa su gran admiración por Israel, reconoce su periodo de entrenamiento en ese país donde aprendió tácticas militares, de inteligencia y de operaciones de guerra psicológica, siendo tan grande su deuda que llega a afirmar: –“Infinidad de temas aprendí en Israel y a este país le debo parte de mi cultura, mis logros humanos y militares […] De hecho, el concepto de autodefensa en armas lo copié de los israelitas…”.

Con su medida de reabrir la embajada de Colombia en Jerusalén De la Espriella expresa que está respondiendo a ese mismo hilo y canon moral, actuación que en nada debe sorprender, ya que en su pasado inmediato mantuvo estrechas relaciones con los grupos paramilitares, de allí que haya afirmado que Salvatore Mancuso se había echado a la espalda una lucha que debían haber dado todos los cordobeses, agregando que en su lugar él habría hecho lo mismo y que  “si hubiese sido un paraco habría empuñado un fusil y me hubiese puesto uniforme, porque yo tengo las pelotas pa’ ser lo que hay que hacer” (…) yo habría sido un paraco de verdad verdad”.

Así que no es casualidad que en una entrevista de agosto de 2025, declarara que “el primer ministro Netanyahu, está haciendo lo que tiene que hacer para defender a su pueblo», y que él tomaría medidas similares en Colombia.

Por tanto sus palabras y sus acciones dejan en claro que sostienen y defienden una postura moral y política en la cual el asesinato cruel y en masa resulta justificable, con ello, a su vez, queda en evidencia la profundidad de la crisis moral en medio de la cual se consume la ultraderecha y la burguesía, que con su desesperada actuación pretende enredar y despeñar a todo el país por un camino de violencia sin medida.

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