Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI

El nuevo informe del Departamento de Estado de Estados Unidos convierte a la izquierda, el antiimperialismo y los movimientos sociales en amenazas a la seguridad nacional, sentando las bases ideológicas para una nueva etapa de persecución política dentro y fuera de sus fronteras.

Más leidas
spot_img

Hace unos días el Departamento de Estado de EEUU hizo público un informe en el que se califica a Cuba como “una operación global de inteligencia y subversión, centrada en su revolución existencial contra los Estados Unidos”. Se trata de un documento de lectura rápida, compuesto de ocho capítulos cortos en los que se realiza una breve descripción histórica y organizativa de lo que serían las actividades subversivas de Cuba contra los Estados Unidos. En general se trata de información pública que fácilmente se puede encontrar en los medios electrónicos y páginas web, mediante la cual se magnifica la capacidad ofensiva de Cuba contra la estabilidad de ese país.

De aquí que una clave del documento estribe en agregar información añeja para sobre ella construir la certeza de que un gran virus se irriga por las más íntimas entrañas de la vida de los Estados Unidos, al punto de constituirse en una gran amenaza para su seguridad nacional. En ese sentido, la historia que se cuenta oculta deliberadamente las estrategias y acciones que por décadas ha desarrollado los Estados Unidos destinadas a liquidar lo que ellos rotulan como el régimen cubano. Por eso, y teniendo en cuenta las graves dificultades que enfrenta la sociedad cubana por efecto del bloqueo, salta la pregunta sobre el objetivo específico que se persigue al publuicar un documento que pareciera hecho en plena etapa de la Guerra Fría.

El Informe inicia con la aseveración de que “Durante casi siete décadas, el régimen cubano ha librado una campaña sostenida de subversión contra los Estados Unidos. Se trata de una campaña que se ha infiltrado en los niveles más altos del Gobierno de los Estados Unidos, reclutado y formado a generaciones de activistas estadounidenses, respaldando una ola sin precedentes de terrorismo de izquierda en suelo estadounidense, y llevado a cabo una de las penetraciones de inteligencia extranjera más duraderas y dañinas de la historia estadounidense” (pg 106, se agrega el resaltado).

La estrategia cubana superaría a la del “imperio soviético, y resultaría más efectiva por descansar en el frente ideológico, destinado a atacar a los Estados Unidos desde dentro, mediante la “conversión de estadounidenses en instrumentos de la perdición de su propia nación”. Fidel Castro habría desarrollado un nuevo tipo de marxismo que pregonaría un nuevo tipo de revolución, donde el sujeto principal ya no es el obrero sino los “pueblos colonizados” del Sur Global, de modo que el “principal antagonista de la historia mundial ya no era el “capital”, sino la propia civilización occidental” (pg 6), donde el anticolonialismo uniría al Tercer Mundo en su lucha por la liberación.

Esa estrategia, lanzada por Castro en 1959, habría penetrado en “las instituciones de la izquierda estadounidense moderna”, constituyendo una “extensa red de inteligencia, con una “penetración significativa en instituciones civiles y militares sensibles en territorio estadounidense”, manteniendo “presencia en cientos de grupos de fachada, organizaciones activistas”. Ese Peligro se presenta magnificado en la medida que Cuba funcionaría como plataforma de coordinación de las actividades de países y regímenes hostiles como Corea del Norte, Nicaragua, China, o Irán.

La forma de esa red de organizaciones se habría modificado a través de las siete décadas de actividad subversiva, pero siempre habría dependido de la Dirección de Inteligencia cubana-DGI, y del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos-ICAP. En la primera etapa, marcada por el periodo de la Guerra Fría, Cuba habría formado y armado a organizaciones como las Panteras Negras o las guerrillas latinoamericanas. Sobre esa base, en los noventa, habría impulsado organizaciones centradas en brigadas de solidaridad internacional (“turismo revolucionario”) que le permitieron reclutar personal de inteligencia y promover el anti-imperialismo. Mientras que, en la actualidad, esas redes descansan en el compromiso político de las organizaciones dentro de los EEUU, que permiten el movimiento de recursos y propaganda en plataformas, destacando como ejemplo el Convoy Nuestra América, que en forma reciente llevó recursos en la pretensión de romper el cerco de los EEUU.

Por supuesto, el informe para nada refiere que tan pronto como se derrocó al régimen dictatorial de Batista, el gobierno de los Estados Unidos empezó una estrategia dirigida a demoler el proceso de cambio, postura que recibió como respuesta la radicalización de la revolución. Para nada se mencionan las agresiones directas como el ataque en Bahía Cochinos y los miles de ataques, saboteos y bombardeos a las infraestructuras productivas de la Isla. Menos aún los costos del histórico y cruel bloqueo que hoy consume las posibilidades de vida de los cubanos y cubanas. Tampoco se dice nada, de los planes de la CIA para usar armas biológicas contra Cuba, los cuales quedaron en evidencia cuando una Comisión del Senado que investigó a la CIA en 1975 y desclasificó los documentos del «Proyecto Cuba» que hacía parte de la Operación Mangosta. La introducción deliberada de plagas y enfermedades causaron graves daños económicos y muertes en la isla, como la fiebre porcina africana (1971, medio millón de cerdos sacrificados), el moho azul del tabaco (1979, destruyó el 85% de los cultivos) y el Thrips palmi en 1996, aparecido tras un rocío de una avioneta estadounidense, por sólo referir algunos hechos.

En cambio, el informe sí que es bastante directo al señalar organizaciones que serían el soporte de la estrategia cubana, entre ellas: la red de pastores por la paz-IFCO, Código Rosa, Gremio Nacional de Abogados, Red Nacional sobre Cuba, Foro de los Pueblos, o movimientos más generales como Black Lives Matter, No King, Anti-ICE, y redes Antifa. Tal entramado no sólo serviría para el espionaje, sino que promovería el ataque a las instituciones de los Estados Unidos, alentando las protestas masivas recientes en la última década dentro de ese país, interpretación en la que omiten las propias contradicciones dentro de ese país.

Y aquí es donde aparece la conexión más relevante, en tanto los Socialistas Democráticos de los Estados Unidos-DSA ocupan un lugar muy relevante, al ser considerados “una organización de base que opera abiertamente en la política electoral estadounidense, con secciones en todo el país, una bancada creciente de cargos electos y una influencia real dentro de la coalición del Partido Demócrata”.

En forma cierta esta fuerza ha avanzado en la última década, contando ahora con unos 120.000 militantes, entre los que se cuenta al popular alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani. Tal crecimiento ha obligado a que el Partido Demócrata desplace levemente sus propuestas hacia la “izquierda”. Del impacto que está teniendo esta fuerza puede dar testimonio el reciente artículo del The Wall Street Journal al afirmar que “los demócratas tradicionales ven –en ellos- una amenaza fundamental” (29-06-26)[1]

Tal situación da cuenta de uno de los objetivos fundamentales del Informe, al afirmar que esa “fracción” es heredera del radicalismo de izquierda y “su tamaño e influencia en la política estadounidense se han extendido como un cáncer” (pg 93), llegando a ejercer “una influencia real dentro de la coalición del Partido Demócrata” (pg 92), con lo cual son interpretados y reducidos a cajas de resonancia de los intereses cubanos y antinorteamericanos.

Entonces, el Informe es totalmente transparente sobre cómo se establecen las identidades y límites permitidos bajo el actual gobierno de los Estados Unidos. Al igual que en los demás documentos que componen la Nueva Estrategia de Defensa de Seguridad Nacional, para el actual gobierno sólo termina siendo legal y legítima la posición que regenta el Partido Republicano. En consecuencia, todo lo demás, incluido el Partido Demócrata, cae en el área siniestra del comunismo, izquierdismo, o anti-imperialismo, y son definidos como amenazas a la seguridad nacional, por tanto, formas terroristas objeto de persecución y aniquilación.

La aguda eliminación de las líneas de lo permitido llega incluso a cercenar el uso de conceptos como justicia e igualdad, en los que sólo puede caber la interpretación de la administración Trump, mientras que los demás sólo los usarían para atacar los valores occidentales, tal como lo acaba de exponer Marcos Rubio.

«Esto es lo que es la izquierda radical. Pueden autodenominarse anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su carácter fundamental es siempre el mismo. Se trata de un resentimiento venenoso enmascarado tras el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación; una necesidad abrumadora de derribar lo que hombres más grandes han construido, de destruir lo que es bello y lo que es justo…»

Con todo esto, el Informe es una destacada pieza del fundamentalismo político que se promueve y practica desde el actual gobierno. Se trata de una posición que incluso se refiere con cierto relajamiento y naturalidad sobre las prácticas de persecución social y política que se impusieron en la época del marcartismo, para en forma pragmática y directa resaltar y promover sus resultados:

“En particular en los Estados Unidos la creciente desilusión de la izquierda con el proyecto soviético estuvo acompañada en simultáneo por duras represiones del gobierno contra sus órganos institucionales internos: listas negras, investigaciones y enjuiciamientos de la era McCarthy, y una lista de leyes anticomunistas tanto a nivel estatal como federal. En 1947, el Partido Comunista de los Estados Unidos supuestamente se jactaba de tener mucho más de 75.000 miembros. En 1959, según una estimación, ese número había caído por debajo de 5.000.”

Así vemos que el Informe tiene varios objetivos que ahora se tornan explícitos. Uno de ellos es atacar al Partido Demócrata mediante la acusación de ser instrumento de la política anti-americana de los cubanos, debido a la infiltración proveniente de la tendencia socialista. Tal embestida puede ser dirigida para crear fisuras ante el avance de las corrientes que se declaran socialistas y de esa manera reversar la aguda pérdida de credibilidad que ahora enfrenta el Partido Republicano, resultado de la afectación sobre los ingresos de los trabajadores debido a la sostenida inflación, la que tiene como causa la ya prologada guerra sobre Irán, que según Trump sólo duraría unas pocas semanas.

Otro objetivo, que es destacado por Max Boot, en su artículo del Washintong Post (27-06-26)[2], es que Rubio busca ganar ventaja frente al vicepresidente JD Vance de cara a las futuras nominaciones a presidencia. Por eso Rubio exagera las amenazas provenientes de la izquierda para consolidar la postura de MAGA, y por eso elige supuestos enemigos débiles a fin de no correr riesgos, como sí los asumiría de afincar sus dientes sobre Irán o Rusia. Es decir, Rubio no está promoviendo los intereses nacionales de Estados Unidos. Pero sí está promoviendo los suyos propios al mejorar su posición ante Trump y sus seguidores, quienes inicialmente desconfiaban de su autenticidad como seguidor de MAGA”.

No obstante, el documento también ha sido construido como soporte ideológico del nuevo fundamentalismo político que promueve la dirigencia de  MAGA. Tal posición ha sido direccionada a consolidar una Internacional Anti-izquierda, que nada tiene que envidiar a las viejas formas del fascismo, en tanto todo lo que no sea de su vertiente es descalificado, rotulado de terrorismo y en consecuencia agredido. Para adelantar esta política han estado construyendo instrumentos de coordinación mundial, tales como la reunión “Cumbre Antifa” (Conferencia sobre el Terrorismo Político de Extrema Izquierda– 16-06-26), a la que supuestamente acudieron delegados de sesenta países; o la llamada cumbre “Escudo de las Américas” (7-02-26), en la cual doce mandatarios de la región se subordinaron a la agenda militarista de los EEUU, y en la que se ha subordinado en forma reciente el titereyanque De la Espriella.

Tales hechos sólo cobran significado cabal cuando se considera que el actual gobierno de los Estados Unidos ha diseñado una especie de guerra existencial de larga duración para derrotar a China. En ella, pareciera que hubiese algo así como un momento cero, cuyo objetivo es la preparación del terreno que consideran como propio para su defensa, que según sus documentos va desde Groenlandia hasta el Sur de América. Esa etapa pareciera implicar el borrado de toda posición que no se subordine totalmente a los intereses y objetivos del capital de ese país.

En ese contexto, el Informe es la base ideológica y programática que impone las líneas de lo que es aceptable y lo que debe ser atacado. Por tanto, para la región latinoamericana y en especial para las diversas organizaciones sociales y políticas se prevee la apertura un periodo de persecución que podría resultar más cruel incluso que el Plan Cóndor en los años setenta, implementado bajo las crueles dictaduras en Chile, Argentina o Brasil. Frente a tales sombras es necesario laborar por la unidad y defensa de las diversas formas de izquierda para mediante su fuerza movilizadora, evitar que en la sociedad se generalicen nuevamente la persecución, torturas, desapariciones y masacres y que más bien se avance en la ampliación de derechos sociales y políticos.

[1] “Un pequeño grupo de socialistas está sembrando el pánico en el Partido Demócrata” (29-06-26).

[2] “Rubio exagera las amenazas de la izquierda para consolidar su imagen como partidario de MAGA”,

                                          Escucha esta y otras noticias en

- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img
Análisis

Alta tensión política: ¿a qué se debe?

La tensión política ha seguido creciendo en el país después de las votaciones del pasado 21 de junio, contrariamente...
- Advertisement -spot_img

Lo Último

- Advertisement -spot_img