Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Decreto 1850 o el trabajo invisible de los docentes en Colombia


Trochando Sin Fronteras 30 de marzo de 2017

Juan Luis Granados Soto.
Secretario de prensa y propaganda de la Asociación de Educadores del Arauca ASEDAR.
Correo: granjuan16@gmail.com Cel: 3107785970.

A

l respecto, vale la pena mirar el decreto 1850 del 2002 que regulariza la situación laboral de los docentes, el cual establece una jornada laboral de 8 horas; 6 horas en los establecimientos educativos y “2 horas” que podrán ser desarrolladas fuera del establecimiento (trabajo en casa) o en reuniones ocasionales de carácter pedagógico institucional si el rector acuerda colectivamente.

No obstante, las supuestas “2 horas” que la sociedad en general no observa, las que casi nadie ve, están planteadas para encargarnos de actividades curriculares complementarias tales como “… administración del proceso educativo; preparación académica; evaluación, calificación, planeación, reuniones de profesores generales o por área, preparación servicio de orientación estudiantil; atención de la comunidad, en especial de los padres de familia, la realización de otras actividades vinculadas con organismos o instituciones del sector que incidan directa e indirectamente en la educación; las actividades formativas, culturales y deportivas contempladas en el proyecto educativo institucional; actividades de investigación y actualización pedagógica relacionadas con el proyecto educativo institucional…”[1], en fin.

¿Pero por qué hacer cumplir el decreto 1850?

Frente a todas estas tareas, es la administración del proceso educativo la carga más importante para los docentes. Esta trata de la planeación de clases en la que definimos qué enseñar, cómo enseñar, cuándo enseñar, con qué enseñar y los tiempos, todo esto mediado por la cantidad de asignaturas y estudiantes que los rectores asignen a los docentes, cuestión bastante compleja de la que ningún docente escapa: Pues mientras a un docente de bachillerato se le pone la difícil labor pedagógica de impartir más de dos asignaturas en diferentes grados y cursos; al docente de primaria le toca convertirse en un todero que no descansa (o sea preparar todas las materias, impartirlas diariamente y sin “huecos” en su horario); o ser docente rural-unitario que trata de multiplicarse pedagógicamente, es decir, preparar clases para todas las asignaturas, de todos los grados de primaria y media, para luego impartirlas diariamente en los distintos grados, casi al mismo tiempo, con escasos materiales de trabajo y en un mismo lugar.

Esto debe llevarnos como docentes, a mirarnos reflexivamente y señalar que sencillamente superamos las “2 horas” del trabajo complementario de la jornada laboral, pues la planeación de nuestra práctica pedagógica nos exige diariamente mayores tiempos para el desarrollo de dichas actividades. Para agregar a la reflexión, es importante resaltar el tema de las reuniones convocadas por las directivas de las instituciones, las cuales no deben ser muy frecuentes según afirma la directiva ministerial 03 del 26 de marzo del 2003: “… puede el rector o director convocar ocasionalmente a los docentes para realizar actividades institucionales, tendientes a la integración de la comunidad académica o para la atención de actividades especiales de carácter cultural o recreativo”.

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Pues si dichas reuniones son realizadas con mucha frecuencia tienden a desconocer y/o obstaculizar la principal labor del docente que es planear: Clases, construir estrategias pedagógicas, diagnósticos, actividades de evaluación y refuerzo, preparación de actividades para mejorar la convivencia escolar, así como tener los tiempos necesarios para la formación constante.

Pese a ello, se dan casos en que algunos establecimientos educativos estipulan horarios fijos semanales a los que el docente debe ir, haya o no situaciones relevantes para tratar, excediendo las “2 horas” faltantes y por ende sobrepasando la jornada laboral de 8 horas. Lo anterior ha venido obligando a los docentes a trabajar en tiempos como fines de semana o hasta altas horas de la noche entre semana, lapso en el cual los deberían realizar actividades culturales, deportivas, formativas y descanso propias para mejorar sus condiciones de salud física y emocional.

Esta situación laboral suele suceder por desconocimiento del código sustantivo del trabajo, del decreto 1850, de los fallos judiciales a nuestro favor respecto a la jornada laboral docente. También se da por temor a disentir de las decisiones tomadas por las directivas, por ausencia de mecanismos de diálogo, participación y exigencia de nuestros derechos, por excedernos en espíritu colaborativo con nuestras instituciones escolares (auto infringiendo nuestros derechos). Esto implica restar importancia, como poco tiempo y fuerza, a la preparación de clases y otras actividades curriculares complementarias, que tiene gran valor y definen la rapidez con que el docente entrega sus notas evaluativas, corrige trabajos, elabora estrategias para el aprendizaje, escoge y planifica mejores herramientas para llegar a sus estudiantes… Cuestión grave, pues dicha situación atípica de la jornada laboral, se ha venido instituyendo desde las diversos casos nombrados como una situación natural, legítima y cotidiana.

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Sobre las seis horas de permanencia en la instituciones escolares, el Consejo de Estado[2] plantea “…una jornada máxima de cuarenta (40) horas a la semana distribuidas en seis (6) horas con dedicación exclusiva a la Institución Educativa, incluido el descanso; y las restantes, bien en el establecimiento educativo o por fuera de él, según se acuerde con el rector” (fallo de julio 22 de 2008).

En este orden de ideas, pese a que el decreto 1850 constriñe y desconoce gran parte de gestión pedagógica en tiempos y modos de la labor docente, es vital hacerlo defender, por tanto es necesario que:

Docentes y directivos hagan respetar la jornada laboral pues es resultado de una conquista histórica de los trabajadores y trabajadoras.

Se establezca concertaciones con las directivas sobre las fechas y tiempos de actividades extracurriculares, de análisis institucional, etc., sin que los mismos sobrepasen lo estipulado, no sobrecarguen el trabajo docente, guarden periodicidad, sistematicidad y organización pertinente que mejore su efectividad.

Se lleve conteo de dichas actividades extracurriculares, temas, tiempo y asistencia para que no excedan las dos horas restantes (¡no podemos seguir naturalizando nuestro trabajo como actividad de más de 8 horas diarias!).

Estudiando de nuevo el decreto 1850 con nuestros compañeros y compañeras docentes y directivos, así como los fallos judiciales que favorecen y amparan el respeto de la jornada laboral para los docentes.

Generando espacios de pedagogía sindical entre compañeros docentes, padres de familia, medios locales de comunicación y directivas que visibilicen a la sociedad en general que hacemos siempre más de 2 horas por fuera del establecimiento educativo, lo que implica que pese a las limitantes del decreto 1850 para nuestra labor, por lo menos se nos debe respetar lo que estipula dicha norma, al igual que los ya referidos pronunciamientos judiciales.

Asumiendo cabalmente nuestra responsabilidad en los descansos escolares, pues estos son también un escenario pedagógico que está dentro de las 6 horas de la jornada en el establecimiento educativo (no son nuestros descansos) en el cual debemos orientar, controlar, vigilar y realizar acciones pedagógicas que mejoren sus desarrollos.

Realizando informes a las filiales sindicales, como a las Secretarías de Educación municipales y departamentales, sobre las posibles situaciones anómalas en jornada laboral pues cada uno de nosotros y nosotras debemos ejercer un papel activo frente a estas problemáticas.

Recordemos colegas que el exceso de carga laboral y la extensión de la jornada laboral son factores principales que atentan contra la salud física, emocional y mental del docente, pues es un “gasto productivo del cerebro, nervios, músculos y manos,… en ultimas un gasto humano”. Un trabajo abstracto e invisible, el que pocos observan, pero que se pone en total evidencia en los informes nacionales sobre la pésima salud los docentes.

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Al respecto, vale la pena visibilizar que las enfermedades más recurrentes[3] de los docentes se encuentran en afectaciones de tipo cardiovascular (hipertensión arterial, infartos); osteomuscular (lumbago, cefaleas tensionales); gastrointestinal (gastritis, enteritis); infecciosas y, en un quinto lugar, las enfermedades mentales. Sobre este último tipo, los estudios también demuestran síntomas de depresión leve, trastornos de adaptación, ansiedad con depresión, pánico, personalidad emocionalmente inestable y reacción al estrés agudo. Estos factores, a su vez, se relacionan con el síndrome de desgaste profesional, también llamado síndrome de “estar quemado por trabajo”.

Cuestión que repercute evidentemente en el trabajo docente, pues inclina a que muchos estén emocionalmente exhaustos, faltos de energía y de satisfacción con el trabajo, factor que dificulta la capacidad para llegar a estudiantes, influye en desarrollos poco efectivos de la práctica pedagógica y deteriora por ende condiciones de vida.

Que este artículo sea un llamado a la comunidad educativa a valorar el trabajo de sus docentes, pero también un llamado a que los docentes, asuman colectivamente la defensa de sus derechos, con compromiso y altruismo, asumiendo del mismo modo nuestras funciones laborales con responsabilidad y ética. Pues esta sociedad debe conocer y comprender los sacrificios que constantemente hacemos por mejorar las condiciones sociales de este país y las formas sobre las cuales hemos venido haciendo este trabajo.

La educación es un derecho, no una mercancía

 


[1]Tomado del decreto 1850 de 2002

[2]En el Proceso adelantado contra el decreto 1850 de 2002 (expedientes acumulados:
 110001 – 03 – 24 – 000 – 2002 –00338 – 01 – y: 110001 – 03 – 24 – 000 – 2002 –
 00271 – 01 – y: 110001 – 03 –24 – 000 – 2003 – 00024 – 01), folios 131 – 132.

[3]Informe Nacional del Foro Latinoamericano de Políticas Educativas FLAPE.
 La cuestión docente en Colombia 2008 (Diana Milena Peñuela, Víctor Manuel Rodríguez).