Las raíces históricas de la crisis colombiana y el espejismo ultraderechista de De la Espriella

La actual disputa electoral no sería una confrontación entre proyectos opuestos, sino un nuevo capítulo de una larga crisis que las élites colombianas han intentado resolver reciclando las mismas fórmulas políticas y económicas. En su más reciente artículo, el Centro de Pensamiento Praxis sostiene que la candidatura de Abelardo De la Espriella representa la versión más reciente de ese ciclo, al combinar neoliberalismo, ultraconservadurismo y subordinación a la agenda trumpista bajo el discurso de la defensa de la patria.

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El Centro de Pensamiento Praxis acaba de publicar un nuevo artículo titulado: Elecciones, crisis y salida de la crisis en el que vincula la forma álgida del actual debate electoral con los fracasados intentos de salir de la profunda crisis del capitalismo retardatario en el país, y muestra la gran estafa que se está urdiendo la campaña de Aberlado De la Espriella.

El artículo ofrece un recorrido histórico para desmontar una de las falacias más recurrentes en la coyuntura electoral colombiana: la idea de que un cambio de partido en la presidencia puede resolver la crisis estructural que arrastra el país desde los años ochenta. La tesis central es: Colombia no logra superar su malestar de fondo porque, ante cada colapso, las élites han optado por refundar el mismo régimen ultraconservador bajo nuevos ropajes, en esa misma dirección la actual campaña de Abelardo De la Espriella, con su supuesta defensa de la patria es una gran fraude porque somete al país a la agenda del trumpismo, consistiendo una versión empeorada de los anteriores reencauches.

Una crisis que viene de lejos

El análisis comienza a finales del siglo XIX, cuando la joven república intentó orientarse por el liberalismo radical descentralizado. El auge exportador agropecuario se derrumbó con la crisis mundial de los ochenta, y la respuesta conservadora impuso la Constitución de 1886: Dios, patria y orden como ejes centrales, catolicismo como norma social y un libre comercio que beneficiaba a las grandes haciendas. Aquí se destaca un patrón que se repetirá cíclicamente: ante la crisis, se retrocede cultural y políticamente, aunque se mantenga una fachada liberal en lo económico. Ese “caminar hacia atrás”, como el de los cangrejos, se consolidó con la hegemonía conservadora hasta 1930, pasando por la Guerra de los Mil Días.

El segundo gran momento es el giro de los años treinta. La crisis de 1929 y la masacre de las bananeras (1928) aceleraron el relevo. Los liberales, ya moderados, recogieron la demanda de un capitalismo industrial orientado al consumo interno, en disputa con los conservadores que defendían el libre comercio externo y la vieja hacienda. El texto enfatiza la confrontación entre Laureano Gómez y Alfonso López Pumarejo. Del primero se rescata su admiración por el franquismo, su anticomunismo visceral y su promoción de bandas paramilitares, una herencia que, según Praxis, llega hasta Enrique Gómez Martínez, jefe político de De la Espriella, quien ahora propone usar a los reservistas como bandas de choque. Del segundo, López Pumarejo, se subraya su reformismo progresista, tibio ante la presión conservadora, un antecedente que se emparenta con “más capitalismo” como lo proclama Petro. La paradoja histórica es que, en lugar de avanzar, el país retrocede culturalmente, aturdido por enredarse en salidas falsas.

La crisis presente y sus postergaciones

El tercer momento ubica el origen de la crisis actual en los años ochenta, cuando la industria manufacturera “colapsó”. El capitalismo colombiano derivó entonces hacia formas cuasiparasitarias: narcotráfico, contrabando, minería, ganadería extensiva y una brutal superexplotación laboral, todo apalancado en la apropiación privada del presupuesto nacional. El artículo cuantifica: evasión y corrupción por 150 billones de pesos anuales, más negocios privilegiados en salud (100 billones), pensiones (45 billones) y servicio de deuda (110 billones). Es un capitalismo rentista de élites, mafias y parapolíticos, que convierte las elecciones en una cuestión de vida o muerte para esos sectores.

La salida neoliberal de la Constituyente de 1991 es presentada como un fraude: se modernizó el discurso, pero se reinstauraron las viejas reglas del libre comercio decimonónico. El Estado se desmanteló, se vendieron empresas públicas a precio de ganga y la crisis se agravó hasta el colapso de 1998-1999, con miles de familias perdiendo sus ahorros. La medicina de choque se reduplicó con el uribismo, una nueva versión del laureanismo, que prometió acabar la guerra en cien días y la extendió mediante paramilitares y falsos positivos. Que la economía mejorara entre 2003 y 2014 no se debió a buenas políticas, sino a un ciclo alcista de materias primas. Cuando ese viento de cola cesó (2015-2019), la crisis rebrotó con más fuerza, desembocando en las protestas masivas de 2019 y 2021.

El cuarto momento analiza el actual gobierno progresista. Praxis sostiene que Petro se colgó del hartazgo popular y de una agenda transformadora (empleo, pensiones, salud, tierras, energía), pero la gran burguesía primero recortó las reformas, luego las imposibilitó y finalmente cercó al gobierno, repitiendo la misma maniobra aplicada a López Pumarejo en 1936. El resultado es que la crisis no solo no se resuelve, sino que la ultraderecha logra endosársela al progresismo, haciendo creer que los problemas comenzaron hace cuatro años.

La disputa actual: De la Espriella como remedo trumpista

Entonces aún queda la pregunta, ¿Cómo salir de la crisis? Y la respuesta que se intenta imponer, advierte el autor, es nuevamente caminar hacia atrás. El «programa» de Abelardo De la Espriella es un “país milagro” vacío: mantiene el libremercado neoliberal, que nuevamente reduce a Colombia como proveedor de materias primas para Estados Unidos, y lo envuelve en el rancio discurso laureanista de Dios-patria, familia y Estado, promovido al calor de la represión y el anticomunismo. Allí encaja su propuesta explícita de usar a los reservistas como bandas paramilitares de choque.

El texto establece una identidad estructural entre el trumpismo y la campaña de De la Espriella. La corriente MAGA (Make America Great Again) exige lealtad a la patria norteamericana (juramento que De la Espriella hizo en 2022), supedita las relaciones comerciales y políticas a ese principio rector, y añade un conservadurismo cultural extremo: defensa de los valores cristianos y la familia nuclear patriarcal, sometimiento de la mujer a relaciones de servidumbre, ataque a las identidades diversas, todo bajo la lógica de la “Alt-right”. Así, Praxis concluye que De la Espriella es un “espantajo prefabricado” por las necesidades del capital y el imperio. Su defensa de la patria es una estafa, porque en realidad busca revertir al país al nivel de colonia. Y cita a Donald Trump: su mapa de seguridad nacional incluye desde Groenlandia hasta la Amazonía colombiana.

Conclusiones y llamado final

Es evidente que ninguna salida real a la crisis vendrá de repetir las fórmulas neoliberales o liberal-progresistas, ambas agotadas. Mucho menos de la democracia burguesa.  Sin embargo, la ultraderecha agrupada bajo el espantajo de De la Espriella no es una novedad, sino un reencauche del laureanismo y el neoliberalismo paramilitar de los noventa, ahora disfrazado de salvador de la patria. Esta falsa postura, se cae cuando se toma en cuenta su articulación estructural al trumpismo en cuanto implica la pérdida de soberanía y un retroceso político, del que sólo se pueden esperar más ataques a los derechos laborales, de género, ambientales, y una andanada de represión contra el movimiento social y la izquierda.

Por eso, el artículo finaliza con un llamado al Pacto Histórico y al movimiento social. Les pide no domesticarse, retomar la senda de lucha que traían hasta el estallido social y mantenerse unidos junto al pueblo colombiano. Solo así, advierte, se podrá “plantar cara a los atropellos y barbaridades que con fiereza se preparan”.

En síntesis, el texto de Praxis es un llamado a desenmascarar el espejismo ultraderechista y a entender que la crisis estructural no se resuelve con elecciones ni con cambios cosméticos, sino con transformaciones profundas que las élites han saboteado sistemáticamente durante más de un siglo. Para el lector la advertencia es oportuna: cuando un candidato promete orden, Dios y patria, conviene mirar el puñal que esconde detrás del crucifijo.

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