«Este es un proyecto de vida»;Decía el viejo Carlos Mesías Arriguí

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Fotografía de retrato familiar Foto: Sandra Riveros

Trochando Sin Fronteras, Edición 32 Mayo – Junio de 2017

Por: Isaac Marín Lizarazo

 

La memoria del movimiento campesino en el pie de monte de Casanare es la memoria de hombres y mujeres que sin proponérselo, fueron fraguando el destino de provincias y comunidades en recónditos territorios del país que hoy son pujantes regiones. Uno de sus protagonistas fue don Carlos Mesías Arriguí, un campesino formado en la dura faena de la finca y labrando la sementera, aprendió del ejemplo de los viejos y no pocas veces desanduvo el camino para reconocer que un poquito de inteligencia podía más que toneladas de fuerza.

Por los años 80’ don Carlos, doña Edita Guenis y sus hijos llegaron al Casanare como tantas familias que migraron de una región a otra en el país; él, trasteando con los corotos del hogar, y doña Edita su esposa, lidiando con los muchachitos. Habían salido de Belén de los Andaquíes en el Caquetá, pasaron unos meses por la región cundi-boyacense y luego se asentaron en el barrio 20 de julio de Yopal, cuando este apenas era un caserío al que sus habitantes le hacían ¡grandes inversiones! algunos pesitos y un montón de esfuerzos en la construcción de la escuela, el centro de salud y el aprovisionamiento de sus servicios básicos.

Don Carlos Arriguí fue alternando su trabajo de aserrador y jornalero, con sus oficios de líder social en la Junta de Acción Comunal y en las nacientes asociaciones de campesinos en esta región piedemontuna. “Hay que buscarle la comba al palo” decía don Carlos cuando las dificultades y problemas se desbordaban y rebasaban las capacidades de resolución de las comunidades, allí estaba don Carlos, no para resolverles el lío, si no para escucharles, para invitarlos a conversar, debatir y buscar soluciones entre todos los vecinos.

Señor Arriguí ¿Usted qué fue lo que estudió? O es que ¡lo tienen bien asesorado! Le dijo un funcionario de la empresa petrolera, un tanto desencajado e incómodo, interpelándolo cuando don Carlos le desenmascaraba el engañoso discurso que acompañado de promesas  y adulaciones, intentaba convencer a la comunidad de la “Bondades” de la explotación de los recursos. -No se necesita ser muy letrado para entender que el  interés de sus empresas es llevarse los recursos y dejar a las comunidades más pobres y con mayores problemas, doctor-, ¡Esto ya lo hemos vivido en otras regiones! Serenamente respondió don Carlos.

Y es que ser líder como el viejo Carlos, es la suma del aprendizaje hombro a hombro con sus vecinos, es la dedicación, de tiempo completo a las preocupaciones y afujías que invaden a las gentes en sus veredas y barrios, no es una carrera que en cinco años se alcanza en la universidad, no, es la capacidad y grandeza de desprenderse de lo personal para entregarle todo al colectivo social, “este es un proyecto de vida”, decía el viejo cuando algún desprevenido le preguntaba – ¿Don Carlos y usted porqué es que se preocupa tanto por la gente?,  ¡sí es que eso no da plata!

“Eso si pa’ que, a Carlos le gustaba cocinar, lavar, planchar, él no le daba pereza metérsele a la cocina” dice doña Edita, recordando que, también se chupaba los dedos comiéndose un sudado de carne, yuca y plátano cargadito de Ají”. Así lo hacía en las movilizaciones y jornadas de paro; y como se subía a la tarima a exigir con vehemencia los derechos, o tomaba la palabra en la mesa de negociación con argumentos, pulso y sin vacilaciones para defender los pliegos de su comunidad, también se le media al fogón, porque le gustaba y porque era un convencido de enseñar con el ejemplo.

Exigente, muy exigente consigo mismo y con sus compañeros de trabajo, don Carlos no ahorraba tiempo para animar, ni palabras para llamar la atención; “si no ¡pregúntenos! A los que compartimos con él y de cuando se enteraba de tal cual embarradita”, afirma un dirigente de Aguazul.

Nacido en Belén de los Andaquíes, Caquetá, el 22 de mayo de 1.945; allí don Carlos inició el proyecto de toda su vida, ser dirigente social, trabajador de las comunidades, campesino de machete y azadón, pero ante todo un estudioso de las clases sociales, del comportamiento de la humanidad, era un educador popular, ejemplo de mucho líderes y líderesas que recibieron su legado, fue un defensor de las mujeres, estudiantes, trabajadores  y de la tierra como razón y sentido de ser de los campesinos.

Don Carlos fue asesinado en Yopal Casanare el 13 de abril de 1.995. Cuando los argumentos y la dignidad de campesinos hicieron retroceder  a las empresas petroleras, cuando los gamonales políticos de la región y los militares de la brigada 16, les pareció que un dirigente campesino que se oponía a la explotación petrolera, que convocaba a miles de manifestantes, que denunciaba lo atropellos y el saqueo de las riquezas en la región y lo consideraron un peligro, un estorbo. Aun así, su legado de lucha y convicción ¡está  vivo y actuante!

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