Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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ETB: una clase dedicada a robarse el patrimonio de todos


PENAETB

Trochando Sin Fronteras 23 de Mayo de 2016

Por: Carlos Roa

En el principio todo era agua en esta tierra. Y de un organismo microscópico y viviente se fue generando la vida gracias a una forma de escritura: el ADN. Una molécula generaba otra. Un cuerpo, otro. Años y años y este milagro se hizo vida. Todo escrito y reescribiéndose en el hermoso lenguaje genético del ADN. Unos piensan que tal vez así pudo haber pasado también con el universo. Un lenguaje desconocido pudo generar esa cadena de energía y materia y ese cierto movimiento de orden y entropía que hizo cosmos nuestras ansias de mirar al cielo en las noches claras.

Luego vinieron los pictogramas y el lenguaje tomó su forma en las piedras. Y pasarían siglos después de verlo en papiros que esconderían los cristianos en su lucha contra los imperios; en los sellos romanos o en los papeles chinos fabricados de arroz, para que llegara la imprenta y el papel. Y aún no había sido suficiente.

Vino Lutero y su reforma, e hizo de la lectura y la escritura hábito de muchos. Se empezaron a difundir los primeros clubes de conocimiento mientras los colonizadores con su mano sangrienta enterraban en Nuestra América casi todos los vestigios de civilización de nuestros ancestros.

Pero aún faltaban más formas del lenguaje y de conocimiento para ir ampliando este enorme proceso. Hacia 1876, en Estados Unidos ya se hacían las primeras pruebas de telefonía por cable, y unos años más tarde, en 1884, la Compañía Colombiana de Telecomunicaciones ya estaba generando su primera llamada telefónica. Después de atravesar un incendio y de renacer luego como empresa privada, fue comprada por la ciudad en 1932 como Empresa de Teléfonos de Bogotá -ETB-.

Hoy, cuando el actual alcalde de Bogotá ha decidido incorporar, como un mico en la propuesta de plan de desarrollo presentada al concejo de Bogotá, la venta de la ETB, el debate sale a la luz como si de un asunto técnico se tratara, apoyado en un par de cifras sobre los ‘malos rendimientos’ de la empresa. El alcalde Peñalosa asegura que la empresa, en 2014 y 2015, presentó pérdidas acumuladas por 74.000 millones de pesos.

Si estos son los grandes argumentos para vender la ETB, o el alcalde es muy tonto, o es muy ladrón. Ignora o no quiere ver la inversión que hizo la ETB en todo el país por 2.1 billones de pesos para la instalación de fibra óptica en los últimos 3 años, algo que ninguna otra empresa en el sector ha hecho y que la posiciona hacia el futuro de las telecomunicaciones en Colombia y América Latina.

La pretensión del alcalde Peñalosa es vender la ETB por encima de los 3 billones de pesos, como en su momento lo sugirió el hoy preso ex alcalde Samuel Moreno con la excusa de buscar un ‘socio estratégico’ para una empresa que entre 1997 y 2010 tuvo utilidades equivalentes de 18 billones de pesos, aportados entre otras a la Universidad Distrital y al presupuesto del distrito.

¿A quiénes beneficia la propuesta?

Con la Ley de Tecnologías de la Información -1341 de 2009-, que reguló el trato simétrico entre las empresas del sector, se otorgaron facultades para las empresas públicas que eran casi obvias para garantizar su patrimonio. Entre ellas, se contaba la posibilidad para éstas de ofrecer todos los servicios de comunicación (Art. 10), se exoneraba a las empresas públicas de una serie de pagos y se arrojaban por esta vía una serie de saldos a favor de las mismas (Art. 73).

Pero quiero llamar especialmente la atención sobre el hecho de que el numeral 3 del artículo 2 de dicha ley menciona la necesidad de que se remunere el uso de la infraestructura a costo de oportunidad. Eso implica la obligación de las empresas privadas a pagar por el uso que han hecho de la infraestructura que durante décadas han construido las empresas públicas con el dinero de todos los ciudadanos.

La ETB tiene pasivos que las empresas privadas de comunicaciones no le han querido pagar, y hoy son esas compañías privadas de telefonía, a las que en otro momento la ETB les hizo su capital (como en el caso de Claro que antes era COMCEL, capital de ETB y Telecom, o Movistar, venta de Telecom a Telefónica) las que están pidiendo la venta de la ETB. Con su compra, el ya oligopólico mercado de las telecomunicaciones se concentraría aún más, con la posibilidad, si Claro la comprara—y si dejamos que se vendan sus acciones—de quedarse con el 80% del negocio en el país, es decir, con su monopolio. Ello ocasionaría alza en los precios del servicio y dificultades de acceso para los usuarios de menos recursos.

Hoy en Bogotá la ETB tiene zonas de wifi (internet inalámbrico) gratuitas en varios barrios de la ciudad y proyecta hacerlo en otros lugares del país; ha instalado fibra óptica como no lo han hecho otras empresas en todo el territorio nacional, y tiene tecnología 4G. La inversión que hizo en fibra óptica durante los últimos tres años, es decir, la posibilidad de que la información viaje a la velocidad de la luz, significa que tiene la tecnología más avanzada en el sector de comunicación en Colombia.

Por si fuera poco, la ETB tiene la posibilidad de co-administrar el uso del privilegiado espectro electromagnético que da nuestra órbita geoestacionaria, ubicada sobre la mitad de América, lo que implica la posibilidad de servir de comunicador entre Canadá y Argentina, otra especie de Canal de Panamá en la era de la comunicación digital.

Esa es la gallina de los huevos de oro para el sector, como lo era ISAGEN para la generación de energía eléctrica. Pero además está ubicada sobre el sector estratégico —el de las comunicaciones a través de la fibra óptica—que marca el lenguaje y la comunicación humana hacia el futuro. La defensa de la ETB se trata, pues, de un problema central de soberanía para el país. Se trata del patrimonio construido durante más de un siglo por los colombianos.

Sin embargo, entre el sindicato de la ETB se dice que el nuevo gerente mandó a recoger la herramienta de los trabajadores para que no se siguiera ampliando la red de la empresa, al menos hasta que sea vendida.

Definitivamente, ni el alcalde es un tonto ni actúa solo como ladrón. Desde 1998 cuando quiso vender la ETB, dejó la semilla de la tercerización laboral en la empresa para debilitar a su sindicato. Desafortunadamente las supuestas izquierdas que gobernaron Bogotá, y que ya vimos en qué puestos de gobierno terminaron (Lucho Garzón, Clara López), no quisieron nunca terminar con el régimen de contratación por Orden de Prestación de Servicios (OPS) que se extendió en el distrito. Decimos que no roba solo, porque claramente opera igual a como lo hizo la clase política en manos de Uribe con el sector petrolero en su momento, vendiendo acciones de Ecopetrol y quitándole potestades sobre el manejo del recurso; o como lo hizo Samuel Moreno que avanzó la venta de casi un cuarto de las acciones de la ETB; o como lo hace hoy Santos, siempre con el capital privado esperando detrás del escritorio de mando.

La venta de la ETB, se propone como una más de las salidas a la agónica crisis cíclica del proceso de valorización del capital por parte de los grandes conglomerados financieros, robándose el patrimonio histórico de la humanidad concentrado, en este caso, en el conocimiento.

“Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos” diría Galeano. Dos lecciones nos quedan. Tenemos pues la necesidad urgente de preparar ese movimiento social unificado que dé la lucha por la liberación de los patrimonios de la humanidad de las garras del capital. Además, es necesario un movimiento más auto reflexivo que dogmático. Parece no ser posible una nueva sociedad, sin una nueva persona que la construya. De no ser así, pasarán generaciones tras generaciones de izquierdas cansadas de acumular fracasos, viendo caer sus esfuerzos en manos de políticos corruptos y alianzas de papel que recogen así el fruto de nuestras limitaciones en el proceso de formación de las nuevas personas, esas sin las cuales no es posible la construcción de la nueva sociedad.

Esta formación, está claro, no es la que se da a través de universidades prestigiosas ni doctores de corbata, pues han sido éstos los principales ladrones de la nación. Ha de darse, principalmente, a través del ejemplo y del esfuerzo diario de cada uno por superar esos vicios que también desde muy dentro nos consumen. No se trata de personas perfectas, sino del esfuerzo que nos va labrando al calor de la construcción de ese movimiento social unitario que requiere el momento. Mucho, poquito y nada, tenemos que ir cambiando, como diría la canción magistralmente interpretada por Daniel Viglietti, para que nuestras palabras no sean ni necias, ni reboten en oídos sordos.