Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Guainía: una cultura en el olvido


Fotos: Juan Sebastián Arias Carvajal

Trochando Sin Fronteras, diciembre 19 de  2017

Por: Juan Sebastián Arias Carvajal

Tuve una oportunidad extraordinaria. Recorrer la vena principal de la tierra que me vio crecer y junto a ella reencontrar y reconocer las diferentes comunidades indígenas y campesinas que la habitan. Sikuanis, Curripacos, Puinaves y colonos adornaban el paisaje; no perdí la oportunidad para capturar con mi lente este momento y de allí, como resultado mi crónica, y la satisfacción de haber aportado, aunque sea un poquito, al reconocimiento de estos pueblos olvidados.

Estas son algunas de las fotografías que tomé en el recorrido y seleccioné para narrar gráficamente mi paso por allí:

En un primer momento volamos en un avión de carga DC3. Aviones que fueron dados de baja desde los años 30’s, en la segunda guerra mundial; hoy llevan carga y pasajeros a los rincones más recónditos del país.

Sentí algo de miedo al viajar en este abuelo de los aires hasta que tuve la posibilidad de hablar con el piloto Germán Romero; un experimentado piloto que muy amablemente me dejó volar junto a él en cabina.

Frontera de uno de los raudales más peligrosos del recorrido y una pequeña muestra de lo que alguna vez fue la bonanza de la coca.

Recorriendo las calles empedradas del corregimiento de Mapiripana encontré lo que alguna vez fue un puesto de salud y hoy es la muestra de que en algún momento, este lugar, tuvo una atención integra para sus pobladores.

Al llegar al resguardo de Siare, la comunidad más alejada del Guainía, comenzó la labor humanitaria. La situación y el panorama no mejoró para nada. Los niños indígenas padecían enfermedades respiratorias, parásitos, desnutrición y anemia, entre otras.

Nos esperaba una lista extensa de niños para ser atendidos. Muchos, a la expectativa de lo que iba a ocurrir, se asomaban por la ventana del improvisado consultorio médico.

El recorrido comprendía los resguardos indígenas de Siare, Carpintero, Palomas, Concordia, Altamira, Cumaral, Cumaralito, Guaco Bajo y Laguna Cejal. No llevábamos ni el cincuenta por ciento del camino y ya había pasado una semana y media.

Linda, una enfermera y acompañante italiana, con una sonrisa en su rostro, repetía un sin número de veces las formulas médicas, durante todo el día. Una labor bastante dispendiosa, pero esto nunca le truncó el afecto que irradiaba hacia los demás.

Uno de los recuerdos gratos que me llevo de este viaje es ver el imponente paisaje y su gente, que se fusionan en el entorno al borde de convertirse en un solo ser.

Como toda aventura hay un momento en el que todo parece desmoronarse ante los ojos. El paisaje deja de ser verde y el atardecer apaga su vendaval de fuego.

El corazón se hace trizas. Y sólo en ese momento llega la fuerza esperada para continuar, para no caer.

Finalmente, concluido nuestro recorrido, nos retiramos con un halo de alegría e incertidumbre. Compartimos sus vivencias, sus potenciales y carencias. Solo espero que este recorrido no sea otro más que pase a la historia de las
comunidades sino que sirva para visibilizar una cultura que está a punto de desaparecer.

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