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Medio informativo del Movimiento Político de Masas Social y Popular del Centro Oriente de Colombia

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Los orígenes rebeldes de los artesanos


Los orígenes rebeldes de los artesanos

Trochando Sin Fronteras – Diciembre 16 de 2019

“(…) tampoco los muertos estarán a salvo del enemigo, si este vence. Y este enemigo no ha cesado de vencer.”

Walter Benjamin

Para develar los orígenes rebeldes de los artesanos, debemos partir desde la histórica pugna entre liberales y conservadores hunde sus raíces en los conflictos por hacerse con el poder político y económico del país. En tal sentido, es necesario mencionar que desde el mismo surgimiento de estos dos partidos, sus dirigentes han volcado todos sus esfuerzos para consolidar su hegemonía mediante la fuerza, poniendo en primera fila de combate a las capas más desfavorecidas de la sociedad, quienes muchas veces no tienen claro el por qué luchan en feroces guerras contra sus hermanos de clase.

El conservadurismo, muy ligado a la religión cristiana, desde sus inicios tuvo una fuerte influencia doctrinaria en abierta oposición al liberalismo. En efecto, en América latina luego de 1864, luego de que la primera autoridad católica da el visto bueno en la lucha contra las ideas liberales, se desata una suerte de agitación fanática de las ideas conservadoras en cabeza de dirigentes íntimamente ligados a la iglesia católica; así surgen figuras como las de Gabriel García Moreno (1851) en Ecuador, Miguel Antonio Caro (1872) en Colombia, Carlos Walker Martínez (1887) en Chile y José Manuel Estrada (1883) en Argentina[1]

En Colombia esas ideas se condensan en el periodo conocido como la regeneración y más específicamente con la constitución de 1886. En agosto de 1892 se posesionaba como presidente Miguel Antonio Caro quien obtuvo 2.075 votos en todo el país y sucedía a Carlos Holguín Mallarino. El carácter intransigente de Caro se manifestó desde temprano en su administración. Autoritario, su pensamiento político y su catolicismo radical lo llevaban a negar que pudieran darse derechos a quienes se encontraban en el error, como liberales[2]. Ese “error”, lo cometieron miles de artesanos y campesinos quienes veían en esas ideas la forma de organizarse para luchar contra un sistema semiesclavista y negacionista de derechos.

Justamente surgen las sociedades democráticas como manifestaciones genuinas del poder de los artesanos, frente a lo cual se crearon las sociedades populares, impulsadas por los conservadores y los jesuitas como respuesta a la organización de los artesanos conscientes.

Al año siguiente, 1893, luego de una publicación del periódico Colombia Cristiana, en la cual Ignacio Gutiérrez denigraba y humillaba los artesanos y sus familias, señalando sus vicios y pecados, entre ellos el alcoholismo, el desaseo, el abandono y la prostitución, aduciendo que la causa de su pobreza obedecía a estos vicios y no la escasez de trabajo ni el elevado costo de vida, hubo rápida respuesta de parte de los artesanos quienes reaccionaron mediante protestas escritas publicadas en la prensa, avisos y carteles públicos. La reacción fue más allá y el 15 de enero unas 500 personas enfurecidas la emprendieron contra la casa del periodista Gutiérrez, dejándola en ruinas.

Allí no se detuvo la furia de los enardecidos habitantes, para el siguiente día la multitud ya superaba las cuatro mil personas, quienes atacaron la estación de policía, la vivienda del alcalde de Bogotá y la del ministro encargado con funciones presidenciales, también se vieron afectadas edificaciones públicas y establecimientos de religiosos jesuitas y salesianos. También controlaron cuatro de las seis comisarias de policía que operaban en la ciudad, la dirección general de la policía estuvo asediada por la turba, quienes enfurecidos hacían llover piedras sobre aquel cuartel.

Muchos de los manifestantes se dirigieron hasta las afueras de la ciudad, allí se ubicaba la cárcel de mujeres, perteneciente a la comunidad Nuestra Señora del Buen Pastor, dejando en libertad a alrededor de 200 mujeres que cumplían penas por distintos delitos. Solo hasta horas de la noche y con la intervención del ejército la situación fue controlada. Al igual que en otros hechos de la historia del país, no se tiene certeza sobre el número de muertos y heridos luego de esta manifestación. La cifra más modesta la presentó el periódico conservador El Correo Nacional, que registró 21 muertos, y la más elevada El Progreso, que informó de la muerte de 400 personas[3]. Esta revuelta es conocida en la historia como LA PUEBLADA y se convierte en un hito muy importante para la lucha de los artesanos en su búsqueda por condiciones de vida digna.

La represión no paro y por supuesto tampoco la brega de los artesanos. El siguiente año, 1894, estuvo atravesado por un estruendoso escándalo de corrupción, el cual salpicaba al expresidente liberal Santiago Pérez, su hijo y otros funcionarios públicos quienes influenciaron para permitir la aprobación de contratos con la firma Punchard Mac-Tagart Lowther Co, relacionada con la construcción de los ferrocarriles de Antioquia y Santander. Este hecho hizo enfurecer las organizaciones de artesanos, esta vez no solo contra los conservadores sino también en contra de los liberales, quienes planteaban que lo único que diferenciaba estos dos partidos eran sus colores, ya que en el fondo tenían las mismas pretensiones y ambiciones. Ello llevó a la conspiración artesanal de 1894.

De esa manera los artesanos se organizaron y crearon estrategias de conspiración minuciosas, barrio a barrio de la capital, con responsables organizados en Legiones, quienes tenían a su cargo la agitación y mando sobre alrededor de 300 hombres que en su mayoría tenían armas cortopunzantes y su acción se centraría sobre el batallón quinto Vargas y el batallón tercero Boyacá, se esperaba que la conspiración iniciara el 1 de abril a las 4 de la tarde, aprovechando la procesión del día de la resurrección. Sin embargo, el plan fue develado por el gobierno, uno de los conjurados (línea de liberales) se vendió por 200 pesos, hubo delaciones bajo los efectos de la chicha y algunos de los liberales pacifistas también informaron a las autoridades sobre la conspiración. En Bogotá hubo unos 60 detenidos y toda la documentación de la Legión del barrio de las Nieves fue incautada y las casas de sus jefes allanadas y muchos de ellos apresados.

Pero en esta ocasión a la mayoría de detenidos les dejaron en libertad bajo fianza, lo que hizo que continuaran con sus planes conspirativos contra el gobierno y los dirigentes de los dos partidos, solo que esta vez se sumarian los liberales radicales ante los acuerdos y entendimientos entre liberales y conservadores nacionalistas, así se desarrollaba un nuevo complot contra el gobierno, esta vez dirigido por la facción más guerrerista de los liberales, su plan era iniciar la insurrección en Bogotá y luego irradiarla por el resto del país; asestar golpes a personalidades del gobierno, sitiar cuarteles mediante barricadas y despojar a los militares de las armas para entregárselas al pueblo.

El plan falló porque la gente comprometida se arrepintió a último momento. Los que no cayeron en manos de las autoridades salieron de la ciudad de Bogotá rumbo al municipio de Facatativá para incorporarse a las fuerzas del general Siervo Sarmiento, aunque el complot falló se dieron pronunciamientos de guerra en varias partes del país, y su auge se dio en los departamentos de Boyacá, Cundinamarca, Santander y Tolima, pero en tan solo 53 días las tropas oficiales vencieron a los liberales belicistas. Así terminaba la guerra de 1895[4].

Como se puede apreciar en estos tres hechos importantes en la historia del país, los artesanos, quienes dieron origen a los obreros y por tanto al movimiento obrero, nunca cesaron ni se entregaron y a pesar de las derrotas en sus luchas y reivindicaciones, las traiciones, delaciones y errores tácticos que estuvieron a la orden del día, su ímpetu no se detuvo, hasta el día de hoy resuenan los gritos de libertad y emancipación, de lucha contra las estructuras partidistas retardatarias ligadas a las ideas religiosas de preservar el orden establecido. La historia de los derrotados vuelve incesantemente hasta alcanzar la victoria estratégica y propiciar condiciones de vida digna para los excluidos.

 

[1]Vega Cantor, Renan; Aguilera Peña, Mario. Ideal democrático y revuelta popular, 1998, Bogotá. CEREC

[2]Tirado Mejía. Álvaro, Nueva Historia de Colombia, Nueva História de Colombia, Bogotá, Planeta

[3]Vega Cantor, Renan; Aguilera Peña, Mario. Ideal democrático y revuelta popular, 1998, Bogotá. CEREC

[4]Vega Cantor, Renan; Aguilera Peña, Mario. Ideal democrático y revuelta popular, 1998, Bogotá. CEREC