lunes, octubre 25, 2021

Colombia, una sólida dictadura en América Latina

Algunos la llaman la democracia más sólida y antigua de América, Un país sin dictaduras militares, campos de concentración y genocidios. Aquel que elige de manera pacífica a sus presidentes y representantes por medio de elecciones limpias cada 4 años.

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Jonathan Camargo
Licenciado en Filosofía, UPTC En @C_Pueblos desde 2010 Opiniones personales
Trochando Sin Fronteras, julio 2 de 2021

“El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.” K. Marx

Algunos la llaman la democracia más sólida y antigua de América, Un país sin dictaduras militares, campos de concentración y genocidios. Aquel que elige de manera pacífica a sus presidentes y representantes por medio de elecciones limpias cada 4 años.

Así presentan a Colombia, país con un profundo conflicto social, económico y político que deriva en un conflicto armado. Sin embargo, en esta presentación existen como mínimo 3 «pequeñas mentiras» y un gran engaño.

El mito de las elecciones libres y democráticas

A pesar de los informes de “transparencia” de la Registraduría y entes de control – cooptados por demás- es claro que el sistema electoral colombiano está diseñado a la medida de la corrupción. La compra de votos, el clientelismo y la trashumancia  son ley en todas las elecciones. A estos problemas se suma la exclusión política de sectores y apuestas contrarias al establecimiento. Apuestas que son presentadas como “castrochavismo”, “neomadurismo” y otras categorías estigmatizantes, todo en un contexto de guerra sucia, desinformación y manipulación. Atrás quedó el asesinato de candidatos presidenciales ahora, su muerte – política- se agencia desde los pulpitos de las iglesias, los medios corporativos y las instituciones «democráticas«.

¿Campos de concentración?

Aunque en Colombia actualmente no existen campos de concentración como Auschwitz o Dachau. Si existen cárceles atiborradas de colombianos a los cuales las precarias condiciones de vida los llevaron a la lumpenización o porque su conciencia de sí y para sí los llevó a luchar por transformar el país. En Colombia, las cárceles son auténticos campos de concentración, en ellas se aplica la tortura y la muerte.

Además de las cárceles, encontramos otros centros de concentración camuflados en el trasporte masivo, puestos de trabajo forzado y grandes negocios del capital.  Lugares en los cuales miles de trabajadores son condenados a la explotación y degradación, además de ser expuestos al COVID-19 en medio de la pandemia. Te dejan elegir, mueres de hambre o mueres de COVID.

Estas condiciones de explotación y degradación social en áreas rurales y urbanas, condenan a las mayorías a la miseria material, intelectual y cultural. También, los despoja de tierra, comida, vivienda, agua, educación, salud. Condiciones que los entregan a la lumpenización y los sume en un círculo vicioso que alimenta la miseria de los sectores explotados.

¿Dictadura militar?

Esta es otra de aquellas “pequeñas” mentiras que se pretenden ocultar, pero es evidente la cofradía y contubernio entre Fuerzas Militares, criminales, paramilitares. La doctrina militar  aplicada establece que cualquiera que piense diferente es un enemigo interno, además del copamiento de los territorios, estrategia que desarrollan a través de la destrucción del tejido social y el posicionamiento de economías extractivas o ilícitas.

El copamiento territorial está  profundamente emparentado con el proyecto de consolidación de los capitalistas. Siendo los mismos militares los protectores de proyectos extractivos, cocinas y rutas. En los territorios las Fuerzas Militares, Policía y el paramilitarismo son la mano negra que asesina y desplaza. Ellos dan entrada a los grandes «negocios» que  se asientan de manera tranquila mientras se despoja y saquea.

De la soberanía, ni hablar, puesto que la relación de subordinación militar de Colombia con Estados Unidos es marcada. En la una supuesta “lucha contra el narcotráfico” y «lucha contrainsurgente» se entrega todo, la vida de colombianos (Falsos Positivos), la dignidad de nuestras mujeres (Casos de violación y violencia contra mujeres y niñas), mientras la cocaína sale por puertos y aeropuertos.

De democracia a dictadura

Con el empeño de desenmascarar estas pequeñas mentiras es que se descubre el gran engaño. Colombia en vez de democracia, es una sólida dictadura en América Latina. Una dictadura de la burguesía empresarial, terrateniente, mafiosa y paramilitar, es decir, en últimas, la dictadura del régimen oligárquico y capitalista.

Algunos dirán que no es capitalista, bajo la idea idílica de que el capitalismo es progreso, desarrollo y armonía social. No logran entender que el capitalismo en realidad es el sistema global que padecemos hoy, es decir, la explotación de una clase sobre otra y sobre la naturaleza y la destrucción del planeta. Este sistema está caracterizado por la concentración del poder económico y político, el autoritarismo y genocidio, además por mantenerse mediante la manipulación ideológico-cultural masiva.

El capitalismo de hoy es la forma más desarrollada del mismo, aunque se esconde tras eufemismo como el neoliberalismo,  mantiene su control global y voraz. Permite la existencia opulenta de una clase minoritaria en el poder, mientras que condena a la explotación a millones de personas. Personas que nacen marcados para hacer parte del ejército de reserva del capital, los cuales intentan sobrevivir vendiendo su fuerza de trabajo, siempre al filo de la total miseria, siempre al filo de la muerte por inanición.

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En Colombia esta dictadura del capital, se ha configurado a través del régimen oligárquico de dominación y es sostenida  por el narcotráfico. Conectando redes desde el primer productor al primer consumidor ¿Qué podría salir mal? Una geografía apropiada para la producción, manejo y distribución, un aparato estatal cooptado al servicio del negocio, fuerzas militares, de policía y paramilitares, dominación religiosa, cultural y mediática al orden del día, proyectos insurgentes estigmatizados y desmovilizados, LA DICTADURA PERFECTA.

Ante esto, la propuesta de algunos congresistas de unificar calendarios electorales, ampliando así dos años más el gobierno de Iván Duque, hizo que algunos sectores, desde su cómodo liberalismo denunciarán –una vez más, como lo llevan haciendo durante años ante cada cosa- un grave GOLPE A LA DEMOCRACIA.

Sin embargo, ante esta «democracia», dos años más de Duque resultan un problema menor. Con o sin Duque en el poder, la verdadera mafia de la burguesía colombiana – Sarmiento Ángulo, Ardila Lule, Gillinsky, Santodomingo y el puñado de familias millonarias en el poder- continuarán imponiendo su régimen de acumulación para sí, a punta de muerte y saqueo, mientras beben del santo grial de la impunidad, del santo grial de la dictadura del capital.

Salidas a la dictadura

A los revolucionarios se nos llama extremistas, radicales, fatalistas y pesimistas, porque al buscar el problema de raíz, encontramos que un “buen” presidente no será salvación, ni siquiera un Congreso “decente y progresista”. Mientras asesinan a cientos de jóvenes por luchar la intervención anti soberana de la Corte Penal Internacional, no hará que se detenga el régimen de sangre y muerte. Nuestro problema es un problema global que se conecta directamente con el capitalismo, que hasta no ser superado, es decir, destruido, y cambiado por uno radicalmente diferente, no habrá verdadera justicia, dignidad, democracia, paz ni vida digna.

Sin embargo, aunque conocemos esa realidad, nos negamos a la resignación, porque esa sería otra victoria para los dueños del poder. Sería desconocer que las mayorías, también tienen poder, el poder de organizarse, juntarse, levantarse.  Poder para tomar conciencia de manera beligerante y decidida, librarse de las cadenas, para de una vez por todas sacar a patadas a la oligarquía colombiana y a su régimen burgués.  Aplastando al poder hegemónico e imponiendo, a través del empoderamiento popular, una nueva sociedad, en donde el régimen no sea ya de explotación, sino de constante y permanente liberación.

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