Condenado el jefe paramilitar Santiago Uribe

La Corte Suprema de Justicia dejó en firme la condena contra Santiago Uribe Vélez como jefe del grupo paramilitar Los Doce Apóstoles. La decisión revive el debate sobre los vínculos entre sectores del poder político colombiano y el paramilitarismo, en medio de una campaña presidencial donde viejas alianzas vuelven a ocupar el centro de la discusión pública.

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El hermano de Álvaro Uribe Vélez acaba de ser condenado por paramilitarismo en tercera y última instancia por la Corte Suprema de Justicia, en su sala de Casación Penal. De esta manera se confirma las causas principales que ya había sancionado el Tribunal Superior de Antioquia, en el que se le sanciona no sólo por ser integrante del grupo paramilitar “Los Doce Apóstoles”, sino por ser su jefe.

Ese grupo actuaba en el norte de Antioquia donde, junto a ganaderos, comerciantes y tropas del Ejército Nacional y la Policía Nacional, cometieron masacres y actos de lesa humanidad en forma sistemática. De este modo Santiago Uribe es a la larga responsable de los 533 homicidios y desapariciones forzosas que el grupo paramilitar cometió en los municipios de Yarumal, Campamento, Santa Rosa de Osos y Valdivia, entre 1989 y 1998.

Es importante también señalar que la Sala Penal confirma la relación con el entonces jefe paramilitar Salvatore Mancuso, quien en sus declaraciones afirmó que Santiago Uribe Vélez era quien le proveía material y fusiles.

Ante los hechos, Álvaro Uribe ha salido en Caracol Radio (5-06-26) en la defensa de su hermano, afirmando que es un buen hombre, buen hermano, buen esposo y buen padre. Debemos recordar que Uribe se manifestó en la misma dirección en su defensa del condenado por paramilitarismo Jorge Noguera Cotes, quien fue su director del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), “Yo lo he considerado un buen muchacho, un hombre profesional, con una buena formación académica, de una familia tradicional de Santa Marta”, afirmó Uribe.

Igual argumento empleó para defender a sus ministros al afirmar hacia 2007, en medios televisados, que todos eran buenos muchachos, sin embargo, unos pocos años después, junto a Noguera fueron condenados sus ministros Andrés Felipe Arias, Sabas Pretel de la Vega y Diegos Palacios.

En su comparecencia en Caracol, Uribe arremetió contra Iván Cepeda y su campaña, a la vez que exaltó su respeto por Abelardo De la Espriella, pasando enseguida a resaltar que no sólo lo apoya, sino que todo su partido, el Centro Democrático, dará su voto a ese candidato.

Tal apoyo apenas está dentro de lo esperado, dada la fuerte vinculación de De la Espriella con el paramilitarismo, en particular mediante su pertenencia a Fundación Iniciativas por la Paz (FIPAZ), creada en el marco de los diálogos de “desmovilización” de Uribe y las AUC, la que en realidad fue un brazo de lobby jurídico y político de los paramilitares, a lo que se suma la defensa de personajes condenados paramilitarismo cono Jorge Visbal Martelo, en ese tiempo de Fedegán.

Tampoco debemos olvidar su amistad desde “muchachito“ con Salvatore Mancuso[1], a quién ha justificado en la Revista Semana sus cerca de 40.000 crímenes imputados – y 75.000 denunciados por línea de mando, argumentando que Mancuso “ se echó a sus espaldas una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses. En el lugar de él, yo habría hecho lo mismo: me han querido señalar como ‘paraco’, pero, como dice Uribe, si me hubieran querido matar y extorsionar, habría sido ‘paraco’ de verdad, con uniforme y con fusil.”[2]

En resumen, los lazos que unen políticamente a la familia Uribe Vélez con Abelardo de la Espriella no sólo refieren a sus raíces ultraconservadoras, sino que descansan especialmente en las redes paramilitares bajo las cuales parecen sostener su prestigio y poder, de aquí el gran riesgo en que vuelve a ser puesto el futuro del país en la presenta campaña electoral a la presidencia. Por otra parte, la condena contra Santiago Uribe Vélez es una decisión que confirma la responsabilidad de uno de los jefes de una de las estructuras paramilitares más sanguinarias del norte antioqueño y que, al mismo tiempo, vuelve a poner sobre la mesa las relaciones entre sectores del poder político, económico y las redes que promovieron y respaldaron la violencia paramilitar en Colombia.

Por ello, más allá de las lealtades personales o partidistas, el país está llamado a reflexionar sobre quiénes aspiran a conducir su destino y cuáles son las trayectorias políticas que respaldan. En una coyuntura electoral decisiva, la memoria, la verdad y la justicia no pueden quedar relegadas frente a discursos que pretenden normalizar o justificar responsabilidades históricas que hoy han sido ratificadas por la más alta instancia penal del país.

 pie de página

[1] https://www.semana.com/nacion/articulo/mancuso-dio-lucha-hemos-debido-dar-todos-cordobeses/95594-3/#google_vignette

[2] Durante una entrevista en el Reporte Coronell (W Radio), el propio Salvatore Mancuso ratificó este vínculo mencionando públicamente: «Conozco a Abelardo desde que somos muchachitos… y hemos podido seguir siendo amigos»

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