martes, abril 20, 2021

La crisis es muy seria como para dejársela a los capitalistas

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Trochando Sin Fronteras – Edición 42 – Julio – Agosto de 2020

Al fin ha estallado una nueva crisis del capitalismo mundial. Un hecho previsible que advertimos insistentemente durante los últimos años en editoriales anteriores, dada las tendencias mundiales de la sobre acumulación y sobreexplotación de los trabajadores. Los resultados tienden a agravarse; una pandemia salida de ¿quién sabe dónde?, ha paralizado el mundo y servido como mecanismo de regulación y control de la población.

La humanidad ha sido confinada en precarias condiciones por parte de sus gobiernos y organismo multilaterales, mientras la economía capitalista se derrumba a nivel global, haciendo más complicada la vida de la clase popular y agudizando las disputas por el control hegemónico del proceso de reordenamiento del orden mundial del capitalismo internacional.

La fractura del proyecto global del capitalismo occidental es inminente. La lucha por el control de la gestión de los escenarios futuros ha dispuesto una afrenta sin escrúpulos por parte de los principales actores de poder, que bien puede verse en la actual disputa de las elites “globalistas” y “soberanistas” en los EEUU.

Esta contradicción pasó del campo de la guerra jurídica, al de la violencia y el caos civil, con amplias probabilidades de mayor beligerancia y agudización, debido a la intensa confrontación entre la plutocracia imperialista por el gobierno estadounidense; del desenlace de esta depende el tipo de gestión que cualquiera pueda hacer del crónico escenario mundial. Sobre esta base se han movilizado y capturado el ánimo y anhelo de la nación norteamericana rumbo a la coyuntura electoral de final de año.

El proyecto de unidad europeo se ha hecho pedazos, su futura situación parece resolverse en el destino y oportunidades que la disputa hegemónica entre occidente y oriente disponga en el ajedrez de la geopolítica mundial. Aunque en combustión, el proyecto global de occidente, lejos está de ser desplazado, por lo me-nos en el corto y mediano plazo, de los circuitos del poder mundial.

La pandemia reacomoda el capital y a sus administradores

Si bien es sospechosa, la pandemia por ahora resulta en un corto experimento de desposesión y exterminio inescrupuloso por parte del capital hacia la clase trabajadora mundial, mientras se acuerdan las nuevas formas en que las viejas reglas de la competencia capitalista se realizarán en la próxima afrenta universal.

Del aparente consenso acerca de los orígenes, la fiabilidad y justeza relativa de las orientaciones y recomendaciones emitidas por los organismos multilaterales como la OMS[1], pasamos a la “anarquía” de los técnicos ortodoxos y los líderes exóticos que el neo-conservadurismo de nuestro tiempo nos ofrece, quienes priorizaron la defensa de la salud de sus economías y finanzas nacionales justificando de forma cínica y amarillista la incapacidad estructural de sus sistemas sanitarios para responder a la situación y las barreras objetivas que la amenaza biológica establece.

El aparente origen natural y conveniente del virus junto a la polémica por los manejos que China y la OMS dieron a la situación y las posteriores denuncias de los vínculos de esta última con el fraudulento mundo del corporativismo filantrópico y la industria farmacéutica, han disipado la idea de estar frente a un súbito fenómeno socio-natural.

Al contrario, la situación deja ver lo peligroso del juego biogenético que las elites capitalistas han decidido asumir como estrategia de contención de los problemas del capitalismo global, operación que pone en evidencia los riesgos del desarrollo biotecnológico, militar y la administración despótica al servicio de corporaciones.

La opción por una alternativa biogenética puede entenderse por el fracaso de la vía militar que no pudo ser llevada al límite en la región del medio oriente, pese a que a finales del 2019 el conflicto Irán versus Arabia Saudita – EEUU escaló de forma dramática y desató tremendo coletazo con la crisis de los precios del barril del petróleo en marzo del 2020.

El 18 de octubre de 2019, el Johns Hopkins Center For Health Security, el Foro Económico Mundial y la Fundación Bill y Melinda Gate en Nueva York realizaron la simulación de una epidemia tipo «coronavirus«. En la simulación 201 acudieron agentes de las industrias farmacéuticas y de las finanzas y se: “Analizaron cómo podría comen-zar todo, cómo evolucionaría y cómo podría resolverse con voluntad política, inversión financiera, información y convencimiento de la sociedad.”[2]

Entre el 17 de noviembre y el 8 de diciembre del 2019 se detectaron los primeros casos en China y el 31 de diciembre del 2019 se reportó a la OMS la existencia del virus por parte del gobierno chino. El 12 de enero del 2020, el Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades hizo público secuencias de genomas del nuevo coronavirus, el 8 de marzo el precio del petróleo se daba contra el suelo y el 11 de marzo del 2020 la OMS declaraba el COVID-19 como pandemia.

Al tiempo el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial daban sus pronósticos sobre los costos de la quiebra mundial y sanitaria y abrían sus arcas al libre endeudamiento global, orientaba el ablandamiento de las políticas fiscales, la regulación de las tasas de interés y la ampliación de las salidas monetarias como formas de apalancamiento ficticio y estructural de la economía real que, global y desigualmente, disgrega sus problemas.

El ya fatigoso estancamiento de la producción mundial ha sido llevado a límite y en medio de la situación, su quiebra terminó en radicalizar el proceso de desposesión y degradación de millones de trabajadores en el mundo entero, frente al cual, las formas de intervención desde el capital han sido de distinto tono.

La gestión de la crisis ha terminado por reforzar el predominio virtual de las burguesías financieras y rentistas, comprometer soberanías estatales y desatar conflictos internos que virarán predominantemente entre los polos de la esfera hegemónica, miradas soberanistas de tipo nacionalista o neoconservadoras, y progresismos liberales y globalistas, que tendrán como base de sus contradicciones el reajuste estructural de las normas de juego según sus medianos intereses que son de larga duración y enorme disputa por lo que comprometen con mayor presión próximos escenarios de choque y confrontación militar de considerables envergaduras.

La situación para la periferia no es alentadora en términos generales; porque una crisis del tamaño de esta, avasalla las posibilidades de los pueblos en los Estados periféricos; mientras, las oligarquías y élites políticas empeñan el trabajo y la vida de las mayorías al capital global. Las riquezas naturales serán presa y al igual que las masas de proletarios y proletarias, a discreción del nuevo adiestramiento educativo de las formas de producción y consumo de última generación, mientras la mayoría se degrada en formas precarizadas de subsistencia. Es el panorama de casi todas las naciones latinoamericanas y de las eufemísticamente llamadas emergentes. La hipnosis gubernamental y corporativa tiene límite en la calamidad real y masiva.


[1]Organización Mundial de la Salud

[2]El simulacro “evento 201” y las recomendaciones que daban los expertos en octubre de 2019 ante una pandemia global

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