El Ministerio del Trabajo, en cabeza de la ministra Natalia López, firmó la Resolución 2708 del 20 de agosto de 2026, mediante la cual derogó once circulares expedidas entre septiembre de 2025 y julio de este año. La decisión elimina instrumentos que habían orientado la actuación del Ministerio y de sus inspectores en asuntos como la libertad sindical, el trabajo en plataformas digitales, el trabajo doméstico y la estabilidad laboral reforzada.
Entre las disposiciones derogadas se encuentra la Circular Externa 0032 de 2026, que impartía lineamientos sobre libertad sindical, permisos sindicales y cumplimiento de acuerdos y convenciones colectivas; la Circular 0086, que establecía orientaciones para la inspección del trabajo en plataformas digitales de reparto; la Circular 0089, relacionada con la inspección en el trabajo doméstico remunerado; y la Circular Interna 0049, que desarrollaba el trámite de autorización para la terminación del vínculo laboral de personas amparadas por estabilidad laboral reforzada por discapacidad o condiciones de salud.
El argumento del Ministerio es que se trata de una “depuración normativa” y no de una reducción de derechos. Según la Resolución 2708, varias de estas circulares mezclaban recomendaciones, obligaciones, procedimientos y criterios jurídicos que excedían la naturaleza de este tipo de instrumentos administrativos. Por ello, sostiene que su eliminación no deroga las normas constitucionales, legales o reglamentarias que protegen a los trabajadores. Pero en definitiva no es solo una discusión sobre técnica jurídica.
Aunque, las circulares no eran leyes y, por supuesto, tampoco resolvían la precariedad estructural del trabajo en Colombia. , Sí establecían criterios concretos para orientar la actuación de los inspectores frente a situaciones en las que los derechos laborales chocan diariamente con relaciones laborales profundamente desiguales.
Por eso resulta contradictorio que el Gobierno sostenga que su eliminación no tendrá consecuencias prácticas y, al mismo tiempo, la propia Resolución 2708 ordene adoptar medidas transitorias especiales justamente en algunas de las materias más sensibles que regulaban las circulares derogadas: trabajo doméstico remunerado, libertad sindical y negociación colectiva, plataformas digitales de reparto y remuneración a destajo. El Ministerio reconoce así la necesidad de reconstruir lineamientos mientras expide nuevos instrumentos.
Frente a la resolución, el presidente de la CUT, Fabio Arias anunció: “con esta resolución empezó el desmonte de los derechos laborales en Colombia”. Desde la otra orilla, Fenalco celebró la medida como una recuperación de la seguridad jurídica para los empleadores.
Más allá de la resolución
Ahora bien, si resulta preocupante, aunque no sorprendente esta decisión a destajo, la discusión adquiere otra dimensión cuando se observa quiénes componen realmente la clase trabajadora colombiana. Reducir el mundo del trabajo al empleado formal es mirar apenas una parte de la realidad. El artículo Composición del proletariado colombiano en cifras, del Centro de Pensamiento y Teoría Crítica Praxis, estima que el proletariado colombiano alcanza unos 24,5 millones de personas, cerca del 62 % de la población en edad de trabajar: una mayoría social dispersa entre asalariados, desempleados, trabajadores informales, plataformas, rebusque y trabajo no remunerado. Mientras más precarias e inestables son las formas de trabajo, menor es también la capacidad para defender derechos y organizarse colectivamente. Igual frente a este escenario solo queda incluir en la agenda la organización de los múltiples matices de la informalidad.
Frente a ese panorama las circulares derogadas eran insuficientes y no transformaban esa estructura, pero ofrecían herramientas de protección en algunos de sus sectores más vulnerables. Más aún cuando la participación sindical apenas ronda el 4 % de los trabajadores y la organización sigue concentrada en una pequeña fracción del mundo laboral. El problema, entonces, no es solamente recuperar once circulares: es construir una fuerza organizada capaz de unir a una clase que constituye la mayoría del país, pero permanece profundamente fragmentada.
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