¡Seguir viendo con firmeza al frente, porque hay que seguir caminando!

Si algo dejó la segunda vuelta fue la constatación de que existe una importante reserva democrática y popular dispuesta a enfrentar la agenda del odio y la regresión. Los tres millones de votos adicionales obtenidos en apenas dos semanas son expresión de un proceso más profundo: la consolidación de una conciencia política que ahora deberá traducirse en mayores niveles de organización social.

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A pesar de todos sus sucios intentos, la confabulación de ultraderecha no pudo imponerse impunemente. Era de saber popular que darle la vuelta al resultado de primera vuelta era difícil porque la ultraderecha tenía en sus manos más de dos millones de votos de ventaja. De aquí que, por lo pronto, un resultado positivo de sólo unos 250 mil votos sea una victoria pírrica, que pone en evidencia que la segunda vuelta resultó muchísimo mejor para el progresismo y los sectores de izquierda, teniendo en cuenta en que en sólo dos semanas lograron sumar tres millones de votos adicionales.

En ese buen resultado hay que reconocer el trabajo de hormiga que realizaron los movimientos sociales y las bases, quienes tuvieron que recurrir a la iniciativa propia y la creatividad, para tratar de corregir algunos errores que cometió la dirección de la campaña.

Lo fundamental es que con ese gran trabajo no sólo se lograron incrementar los tres millones de votos, sino que por sobre todo se forjó una conciencia colectiva, que ahora hace parte de la opinión pública, para defender los iniciales esfuerzos en recuperar y ampliar derechos sociales, como de contener los probables abusos y la brutalidad a que parece dispuesta la ultraderecha. Ese resultado es de vital importancia porque es un acumulado que permitirá constituir una gran barrera moral, política y popular para evitar todo intento de abuso y violencia. Se trata por tanto de una posición que debe hacerse valer, y que de seguro se hará valer, siendo parte de nuestra tarea de que así sea.

Las magnitudes de los resultados se deben valorar además teniendo en cuenta que las fuerzas a que se enfrentaba el progresismo y la izquierda son inmensas, porque incluso traspasan las fronteras. Es totalmente claro que la componenda de la ultraderecha ha sido orquestada por el gran capital, en especial por la vertiente de la MAGA Trumpista. La evidente estructuración de fuerzas para imponerle al país una senda de conflicto y eventual violencia quedó más que debelada por el inaceptable abuso e intromisión de Trump, dejando en evidencia que De La Espriella sólo es un títere más de sus maniobras en América Latina. A ese entramado le sirvieron las fuerzas más retrogradas y mafiosas de las regiones, logrando inocular a una parte del país su ideario de brutalidad y rencor.

Por eso, el país ha quedado sumergido en una división política partidista que podría despeñarse como en el pasado por los vericuetos oscuros de la violencia. Por un lado, está la agenda de lo retrógrado y del odio, y del otro, una gran conciencia colectiva que comprende y sabe que el país merece otras posibilidades y alternativas para salir de su crisis.

En ese contexto a los movimientos sociales del país y a los sectores proletario-populares se nos abre una fase exigente, pero de grandes oportunidades que demanda comprender bien las relaciones con las cuales se constituyen las fuerzas políticas en disputa. Es por eso que hay que valorar y reconocer el gran avance de conciencia política sobre la necesidad de los cambios sociales y sobre el peligro de la agenda de ultraderecha en favor del gran capital. Por todo esto hay una gran diferencia respecto a la forma inerme en que ocurrieron las cosas después del 2002, cuando el paramilitarismo se encarnó dentro de todas las instituciones del Estado y de la sociedad.

Es sobre ese gran acumulado de conciencia colectiva que es necesario seguir avanzado, debemos mirar con firmeza de cara al futuro, para ser capaces de convertir la gran masa de votos en organizaciones sociales más amplias, mejor dotadas programáticamente y en consecuencia con mayor fuerza organizativa, para desde allí fortalecer nuestra lucha histórica por transformaciones sociales y políticas estructurales para nuestro adolorido país.

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