Trump acaba de anunciar que el cese al fuego con Irán ha terminado, amenazado a la vez con una nueva escalada de ataques contra ese país. De esta forma, el endeble Memorando de Entendimiento para el cese al fuego, firmado el pasado 17 de junio, quedó roto mucho antes de los sesenta días considerados como límite para firmar la paz. Por lo pronto es difícil previsualizar cuál será la perspectiva que realmente se imponga, debido tanto a los bandazos que acostumbra a dar Trump, como a la enérgica posición que aún mantiene el país persa.
Esta vez, el reinicio de las acciones militares provino de Irán, que atacó a tres buques que atravesaron el estrecho de Ormuz por una ruta alterna trazada por Omán. Según la interpretación iraní del artículo 5 del Memorando de Entendimiento, se reconocía su administración sobre el espacio; sin embargo, el texto dejaba sombras y ambigüedades. Por ello Teherán se apresuró a advertir que mantendría el control de la zona y que cobraría una tarifa por el paso de embarcaciones, recursos con los que seguramente espera ayudar a la recuperación de su economía. Más relevante aún resulta que los Irán no está dispuesto a soltar la carta más firme que ha tenido en medio del conflicto que le impusieron los Estados Unidos e Israel.
Ante tal situación, parte de los vecinos árabes han calificado esa pretensión de Irán como una extorsión al libre flujo marítimo. En ese contexto, Omán -país que ha sido fustigado por el gobierno de los EEUU por tratar de mantener una postura neutral- definió una ruta alterna sobre el estrecho, que al ser usada por las tres embarcaciones dio lugar a los ataques iraníes.
En respuesta, tropas de los Estados Unidos afirman haber lanzado ataques contra ochenta objetivos dentro de Irán, afectando radares, sistemas de defensa aérea y embarcaciones de la Guardia Revolucionaria. En forma posterior Trump confirmó la ruptura de los acuerdos y calificó a los iraníes como “escoria”, agregando:
“Para mí, creo que se terminó. No quiero tratar con ellos. Son escoria. Son gente enferma. Están gobernados por gente enferma. En lo que a mí respecta, es solo una pérdida de tiempo tratar con ellos«.
Volvió a sentenciar que «Irán ya no existirá«, retomando la línea amenazante que ya había esgrimido el pasado 7 de abril, cuando aseveró que «una civilización entera morirá esta noche, para no ser jamás traída de vuelta«. Es indudable que estas declaraciones se asocian a la reciente movilización de entre 12 a 15 millones de personas en los funerales del Ayatola Alí Jamenei, entre el 4 y 9 de julio, todo un desafío al poder de los Estados Unidos.
La masiva movilización ha sido criticada por los medios occidentales, señalando un gasto de más de 800 millones de dólares en ritos, trasportes y alojamientos, cuando el país enfrenta severas dificultades para solventar la escasez crítica de alimentos. A esas críticas se suman versiones sobre una división al interior del poder, al señalar que la burguesía comercial, la más tradicional y base del poder de los ayatolas, ya no apoya al sistema debido a los costos de la alta inflación. Incluso se agregan comentarios sobre supuestas grietas entre la Guardia Revolucionaria –que representa el ala más radical- y facciones burocráticas más dadas a la negociación y que además consideran que la herencia dinástica del poder al hijo del Ayatola rompe con los principios republicanos de la revolución de 1979.
A pesar de este escenario, lo indudable es que dentro de la estructura de poder en Irán hay quienes se sienten fuertes para continuar oponiéndose radicalmente a las pretensiones de los Estados Unidos e Israel. Por el contrario, sobre los hombros de Trump continúa pesando la sensación de derrota militar, al no cumplir los supuestos objetivos de esa guerra. A esa percepción se suma ahora la inquietud por la fuerte reducción de las reservas estratégicas de petróleo, las cuales continuaron descendiendo incluso durante los veinte días de relativa tregua. Esta circunstancia, al mantener elevados los precios del petróleo, aviva la presión inflacionaria en los Estados Unidos, que de persistir podría poner en desventaja al Partido Republicano de cara a las elecciones del próximo noviembre.
Bajo tal contexto, existen condiciones reales que llevan a inferir que, tanto para el poder iraní, como para el gobierno de los Estados Unidos les es más conveniente un alto al fuego -aunque sea parcial y temporal- que una reanudación frontal del choque. Pero indudablemente, la situación sigue siendo de gran incertidumbre.





