En medio de la crisis persistente del sistema de salud en Colombia, trabajadores del sector se reunieron en un espacio de encuentro que permitió construir una lectura común sobre las causas estructurales del problema. Lejos de reducir el debate a fallas administrativas o coyunturales, el análisis fue contundente: la salud hoy funciona como parte de un sistema de acumulación capitalista, donde la vida se convierte en fuente de ganancia.
Como se expresó en el encuentro, “para hablar de salud tenemos que pararnos en el marco de un sistema integrado de explotación”, donde este derecho fundamental ha sido subsumido por la lógica de acumulación de riqueza. Esta mirada rompe con las interpretaciones fragmentadas y permite entender que la crisis no es accidental, sino inherente a un modelo que mercantiliza las necesidades humanas.
Esta lectura coincide con lo planteado en la cartilla del Sistema Regional de Formación, donde se identifica que los llamados Bienes de Consumo Colectivo —como la salud, la educación, la vivienda o los servicios públicos— han sido progresivamente entregados al gran capital, transformando derechos en mercancías . En este escenario, millones de familias quedan excluidas o acceden de forma precaria a servicios esenciales, no por falta de capacidad productiva, sino por la forma en que se organiza su distribución. 1
Desde esta perspectiva, la crisis del sistema de salud no puede entenderse de manera aislada. Como señalaron los participantes, los procesos de salud y enfermedad están atravesados por múltiples factores: desde el dominio internacional de la industria farmacéutica hasta la calidad de los alimentos, las semillas y el impacto de los agroquímicos . Es decir, la salud está directamente ligada a las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora.
Además, se hizo un balance histórico del sector, señalando el papel de la Ley 100 en la transformación del sistema, que no solo profundizó la mercantilización, sino que también fragmentó la organización de los trabajadores de la salud, debilitando su capacidad de respuesta colectiva . Esta atomización ha sido funcional al capital, al impedir una articulación amplia del sector frente a la crisis.
Sin embargo, el encuentro no se limitó al diagnóstico. De allí emergió como propuesta: reconstruir el movimiento de trabajadores de la salud desde una perspectiva amplia, reconociendo como parte del sector no solo a los profesionales, sino también a quienes sostienen el funcionamiento cotidiano del sistema —personal de limpieza, conductores, seguridad—, es decir, todo el trabajo colectivo que hace posible la salud del pueblo .
Este enfoque se conecta directamente con la propuesta política sobre los bienes de consumo colectivo, que plantea la necesidad de un Sistema Público Nacional de Producción, Provisión y Garantía de estos servicios, bajo control social y orientado a satisfacer las necesidades de la población, no la ganancia privada . En otras palabras, se trata de disputar el sentido mismo de la salud: de mercancía a derecho garantizado por vía colectiva.
Así, la defensa de la salud como bien de consumo colectivo se convierte en una tarea central para la clase trabajadora. No solo implica exigir mejores condiciones dentro del sistema actual, sino avanzar hacia una transformación estructural donde la vida deje de estar subordinada al mercado.
La conclusión del encuentro fue: sin organización no hay salida. Frente a un modelo que fragmenta, precariza y excluye, la apuesta es construir unidad, fortalecer el movimiento de trabajadores de la salud y sus usuarios, para así, disputar el control de los bienes que reproducen la vida, de la clase trabajador .
referencias
1 Ver Sistema Regional de formación, cartilla 5 b, Grandes problemas del país: Acercamiento a la plataforma del MPMSPCOC
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