EE.UU. e Irán firman una tregua de 60 días: Trump cede para contener una guerra que no pudo ganar

Tras cuatro meses y medio de guerra, Estados Unidos e Irán firmaron un memorando de entendimiento de 14 puntos que establece un cese inmediato de hostilidades, reabre el estrecho de Ormuz y abre una negociación de 60 días sobre el programa nuclear iraní. El acuerdo revela los límites de la ofensiva impulsada por Washington e Israel y deja al descubierto las crecientes diferencias entre Donald Trump y Benjamín Netanyahu.

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Donald Trump y el presidente iraní Masoud Pezeshkian firmaron este jueves, en el marco de la cumbre del G7 celebrada en Versalles, un memorando de entendimiento de 14 puntos que establece el cese inmediato de las operaciones militares y abre una tregua prorrogable de sesenta días para negociar un acuerdo definitivo. El documento contempla la reapertura del estrecho de Ormuz, el levantamiento gradual de sanciones, el desbloqueo de activos iraníes y la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica sobre el proceso de dilución del uranio enriquecido dentro de Irán, sin exigir su salida del país, uno de los principales puntos de disputa entre ambas partes.

Entre los puntos más relevantes figura el compromiso de Irán de no desarrollar ni adquirir armas nucleares, con la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica sobre el proceso de dilución del uranio enriquecido dentro del propio territorio iraní, una concesión respecto a la posición inicial de Washington, que exigía la retirada de ese material del país. El acuerdo también contempla el levantamiento gradual de las sanciones estadounidenses y la creación de un fondo de al menos 300.000 millones de dólares para la reconstrucción y el desarrollo económico de Irán, financiado por socios regionales y no por EE.UU. directamente.

Los analistas advierten, sin embargo, que el texto deja pendientes los asuntos más complejos. El acuerdo nuclear de la era Obama tomó cerca de dos años en negociarse; ahora ambas partes disponen, en teoría, de apenas 60 días para alcanzar uno nuevo y definitivo, lo que dejaría abierta la ventana para nuevas escaladas ofensivas, en especial por la postura contraria al acuerdo que mantiene el gobierno de Israel.

De ser cierto este contenido, lo que se estaría firmando es una tregua limitada en el tiempo, marcada por las presiones coyunturales que enfrentan Irán y el gobierno de los EEUU. Esto habría motivado a que por ejemplo el Washington Post titulara “Trump intentó derrocar al régimen iraní. Pero se conformó con reabrir el estrecho de Ormúz” (15-06-26), dejando en evidencia el revés que queda abierto.

Y es que luego de cuatro meses y medio la alianza militar de los EEUU e Israel no logró cumplir sus grandes cometidos: derrocar al régimen iraní, eliminar su industria nuclear y de uranio enriquecido, eliminar su programa de misiles balísticos y cortar la conexión entre Irán y sus aliados en la región.

Sin embargo, hay que considerar que el desgaste militar, económico y probablemente político sobre la sociedad iraní ha debido ser considerable, dada la cantidad de bombardeos y los cerca de 15.000 objetivos alcanzados, según afirmaron los gobiernos agresores. En este sentido, para el gobierno de Irán el acuerdo puede significar un logro que le permita dedicar recursos y atención a su población, así como tiempo para oxigenarse y seguir viendo hacia el futuro de mediano plazo, cediendo por ahora sólo en la reapertura del estrecho, pero a cambio accediendo a importantes activos, colocándose de esa manera en una posición cercana a la que había logrado sostener con los gobiernos Biden y Obama.

Por estas razones, el gobierno de Netanyahu lo ha calificado como un “mal acuerdo” que le daría “un salvavidas al régimen asesino de Teherán”, agregando que “no se considera vinculado con el Memorando de Entendimiento” y que sus tropas permanecerán en forma indefinida ocupando y bombardeando territorios de Líbano, Palestina y Siria, postura que no hace más que ampliar las distancias entre Trump y Netanyahu, quienes enfrentan agendas políticas con tiempos diferentes.

Netanyahu debe enfrentar las elecciones legislativas el próximo 27 de octubre, en un escenario en el cual el descontento con la guerra crece, de allí que su coalición ultraderechista este debilitándose, y su opositor Gadi Eisenkot (exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel FDI) sea considerado el favorito por las encuestas. Es así que su supervivencia política depende de mantener y profundizar la guerra dirigida a conseguir el objetivo prometido de destruir al régimen político de Irán, base para afectar su programa de misiles y de resistencia, tal como sistemáticamente lo ha prometido.

Por su parte Trump enfrentará las elecciones legislativas durante el próximo noviembre y en ese contexto la creciente inflación -que llegó al 4,2% en mayo, empujada por el creciente precio de la gasolina; razones que han hecho muy impopular la guerra contra Irán, siendo rechazada en cerca de un 62% por los estadounidenses, mientras entre la población republicana no-MAGA ese rechazo llega al 34%, tendencia que de mantenerse lo castigaría electoralmente.

No obstante, los problemas van más allá de la opinión de los votantes y se relaciona con los fundamentos de la acumulación de capital Estados Unidos. Esto es debido a que la inflación llevó a que la Reserva Federal frenara la baja en las tasas de interés, temiéndose incluso nuevas alzas, cambio de dirección que castigaría negativamente los precios de las acciones y los bonos, y por tanto, la sostenibilidad de las bolsas de valores.

Esa perspectiva descansa en la drástica caída en la reserva estratégica de petróleo, que bajo de 630 a 349 millones de barriles entre inicios de la guerra y mediados de junio, de acuerdo con informes de la Agencia de Información de Energía (EIA), con una salida de unos 4,4 millones de barriles día. Tal tendencia generó una creciente preocupación entre los analistas del mercado, quienes plantearon que en julio se produciría el punto de ruptura y la disparada descontrolada de los precios, de mantenerse la guerra.

Estas condiciones económicas y políticas ayudan a explicar por qué el gobierno de Trump se ha puesto en la perspectiva de cerrar con urgencia algún tipo de acuerdo con Irán, aun que sea parcial y temporal, y muy a pesar del creciente distanciamiento con su socio Netanyahu, a quien supuestamente Trump le ha reñido por los ataques sobre Beirut, tal como lo declaró en reciente entrevista a FOX-News.

A diferencia de Israel, el posible acuerdo ha sido bien recibido por los países aliados de los EEUU en la región. Por ejemplo, Catar, que Junto a Pakistán han sido facilitadores del acuerdo, lo califica como triunfo de la diplomacia, en la misma Línea que Omán y Kuwait; Arabia Saudita recibió con satisfacción el anuncio del cese al fuego por 60 días; mientras Emiratos Árabes Unidos se manifestó exigiendo cumplimiento estricto de lo que se acuerde. Es evidente que para todos ellos significa un alivio la reapertura de la circulación comercial por el estrecho de Ormuz y el cese del ataque a sus infraestructuras, objetivo que los EEUU no pudieron garantizarles.

Lo cierto es que la difícil situación política en que se colocó Trump al entrar en el conflicto con Irán se asocia a la ruptura de su promesa de no entrar en guerras en el extranjero. Lo peor es que los EEUU se anotan un nuevo revés militar y político, tras su reciente y humillante salida de Afganistán a fines de 2021.

Esos fracasos pretender ser ocultados por los republicanos de la MAGA mediante burdas medidas circenses, tal como acaba de ocurrir este fin de semana cuando convirtieron en un ring de peleas de la UFC a la Casa Blanca, en el marco de la celebración del 250 aniversario de la Declaración de Independencia de ese país, y de la celebración de los 80 años de Trump. Sin embargo, ese despliegue estético de fuerza y brutalidad de estilo romano sólo viene a confirmar la incapacidad moral y política de la dirigencia de los estados unidos para enfrentar la profundidad de las contradicciones y la dificultades en que se desenvuelve una sociedad que hace tiempo dejo de ser promesa de progreso y desarrollo.

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