viernes, septiembre 30, 2022

2022: el año del cerdo

En estos días los medios han publicitado que, de acuerdo con el calendario lunar chino, 2022 es el año del tigre, pero también van dejando claro que de acuerdo al calendario del capital será el año del cerdo.

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Edgar Fernández
Edgar Fernández
Investigador en Centro de Pensamiento y teoría crítica - Praxis

Sí, él popularmente del «marrano … o del puerco», este año el capital está decidido a zamparse de un solo trancazo (Orgía especulativa de incrementos en tasas de interés y precios o inflación) al proletariado, su principal invitado. Eso sí, guardando las buenas formas, le ha puesto la manzanita en la boca y su respectiva florecita en el trasero.

Sí, suena feo y disgusta lo antes dicho, ¡es verdad!. Pero la realidad sabe aún peor, porque el especulativo incremento de precios cae sobre los alimentos, e incrementa la situación de hambre que arrastran 15,9 millones de colombianos. Compatriotas que consumen dos o menos comidas al día, según lo informa la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia, a inicios de 2022[1].

En esta situación, los medios de comunicación desarrollan una gran labor por justificar las alzas excesivas. Por ejemplo, El País, con fuente del FMI, argumenta que el alza fertilizante habría sido del 72 % en 2021, y especifica que el incremento de los precios en productos agrícolas como el maíz y la soya -que fundamentalmente son importados, habrían empujado los costos del sector avícola en 42 %[2].

Así mismo el Colombiano reportó que hacia agosto de 2021 los fertilizantes agrícolas habían subido más del 50 %, y citando productos como arroz y papa refiere que los insumos representan entre 40 % a 50 % de los costos de producción[3], lo que explicaría las alzas de precios finales.

En síntesis, su argumento descansa en el alza de los precios internacionales de los insumos agropecuarios; por tanto, únicamente se estaría importando inflación y con ello los productores pasarían a ser solamente víctimas, y de esa manera lo que pasa al interior del país, y en particular en el sector agropecuario, pasaría de agache.

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Además, resulta llamativo que los mismos medios celebren con bombos y platillos que las exportaciones agropecuarias lograron un récord al crecer en 19,9 % en 2021, llegando a un valor de 9.418 millones de dólares, entre las cuales se destacan los crecimientos de carne bovina y leche[4].

En el caso de la carne bovina el festejo es para la empresa Minerva Foods que sería la encargada de exportar hasta el 90 % del producto. Esta empresa invirtió 55 millones de dólares en dos frigoríficos[5] en un periodo en que el índice del precio internacional de la carne bovina alcanzaba un 250 % respecto de su valor en 2003. Esta fiesta de los altos precios  internacionales es la que anima las exportaciones de estos renglones, en vez de transformaciones productivas de fondo.

No obstante, las exportaciones de productos como carne o aguacate aún aportan poco al total de las exportaciones. Estas no cubren 4 % del total de la oferta nacional, lo que significa que esas empresas fundamentalmente dependen de las ventas al interior del país. Así mismo, en la medida que las exportaciones crecen, también lo hacen las importaciones de productos agrícolas y agroinsumos, por tanto, prevalece una recirculación de valor en la que algunos capitalistas logran hacer su negocio.

Más importante es que estos negociantes no pierden porque el incremento de costos lo trasladan a los consumidores finales, fundamentalmente a los proletarios de la ciudad y el campo, e incluso en medio de la fiesta especulativa pueden obtener ganancias extraordinarias a costa de incrementar el hambre en el país. Es decir, el incremento de los insumos no lo trasladan de forma lineal al precio final de los productos, sino que lo multiplican especulativamente en su provecho.

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Los medios de comunicación del capital acallan que en el sector agropecuario del país impera la economía del absurdo. Es así, porque el capitalismo descansa en la reproducción del principio de trabajadores sin tierra y tierra sin trabajadores, manifiesta en que solamente el 2,5 % de los propietarios concentran el 86 % de la tierra, mientras el 58 % de trabajadores del campo tienen que laborar en predios que en promedio únicamente alcanzan a 1,3 hectáreas[6].

Esa lógica además redunda en ínfimas tasas de inversión, bajos rendimientos productivos y pésimos salarios, condiciones que alimentan un sistemático diferencial entre los precios de mercado y los de producción (ver gráfico), que funge como fuente permanente de las ganancias extraordinarias y rentas de la tierra de para-empresarios como J. Felix Lafaurie y María Fernanda Cabal. Las condiciones anteriores descansan en la necesidad de escasear artificialmente la tierra como medio para incrementar los precios y alimentar las rentas de la tierra[7].

En síntesis, la galopante fiesta de especulación e inflación engorda a los capitalistas y terratenientes, mientras exprime a los proletarios y demás sectores populares del país, hasta el punto de condenar sistemática al hambre a varios millones. Esta explotación indirecta se torna en la fuente de enriquecimiento y poder de quienes se han enseñoreado durante décadas con violencia sobre el país.

[1] “La situación del hambre en Colombia sí es crítica: Bancos de Alimentos”, El Espectador, 3-02-22.
[2] “La razón que tiene a las materias primas para el agro con los precios por las nubes”, El País.com.co 14-01-2022
[3] “Alza de insumos para el agro sigue afectando a los productores”, El Colombiano, 16-09-2021.
[4] “Exportaciones agropecuarias tocaron cifra récord en 2021, tras crecimiento del 19,9 %”, publicado en la página de Agro negocios 3-02-2022.
[5] “Los brasileños que manejan la exportación de carne colombiana”, en las dos orillas, enero 15 de 2022.
[6] Con fuente en el Censo Nacional Agropecuario 2014, DANE.
[7] Una explicación más amplia se aborda en el texto “Limitantes del desarrollo capitalista en el agro”, E. Praxis, de próxima edición.
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