¿En el límite del encanto de la MAGA?

La profunda y contundente derrota de Victor Orbán en las elecciones parlamentarias del domingo 12 de abril en Hungría parece señalar el umbral máximo de la fuerza intervencionista desplegada por Trump y su movimiento MAGA para afectar descaradamente procesos políticos y electorales fuera de los EE. UU.

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El resultado tiene potenciales efectos en la geopolítica de la Unión Europea, en cuanto Orbán funcionaba como la ficha que trancaba todo el tablero, especialmente en lo referente a la guerra en Ucrania. Junto a ello, el quiebre inmediato de las conversaciones con Irán para buscar tanto un cese al fuego como la reapertura del estrecho de Ormuz da cuenta del debilitamiento del gobierno de Trump para obtener resultados en su favor en el frente externo.

El contexto del gobierno Orbán

Victor Orbán gobernaba desde hacía 16 años Hungría mediante métodos autoritarios y bajo un discurso ultraconservador y nacionalista en favor de la burguesía. Tras llegar al poder con la mayoría calificada, modificó la Constitución dificultando posteriores reformas, puso el poder judicial de su lado y modificó las circunscripciones electorales para facilitar la permanencia de su partido. A su vez, aplicó políticas populistas de derecha, con subsidios a las familias para enfrentar la crisis demográfica, a la vez que aplicó una política contra la inmigración, que desde 2015 se cristalizó con el levantamiento de vallas en las fronteras.

Su nacionalismo de ultraderecha lo mantuvo también cercano a Vladímir Putin, manteniendo cordiales relaciones tras la guerra en Ucrania. De esta manera se convirtió en la ficha política que trancaba el juego de la Unión Europea, en especial al vetar las políticas tendientes a enviar tropas y más recursos a Ucrania, imposibilitando el consenso, además de mantener la compra de gas ruso. Tal postura a la postre lo convirtió en el punto de encuentro entre Putin y Trump, en el propósito de hacer que el gobierno de Ucrania aceptara el reconocimiento de facto de los territorios de Crimea y parte del Dombás como parte de Rusia para poner fin a la larga guerra que ya supera los cuatro años, y de la cual Trump ha afirmado su voluntad de retirada debido a los altos gastos y la ausencia de resultados estratégicos.

La contundente victoria del partido Tiza

La victoria electoral de Péter Magyar, antiguo aliado de Orbán y líder del partido Tisza, descansó en desarrollar un discurso en que le acusa de amiguismo y corrupción, ofreciendo a los electores desmontar las estructuras montadas por Orbán y sobre todo con regresar a las formas democráticas, bases que le daban un favoritismo promedio en las encuestas cercano al 45 %.

Frente a ese potencial escenario, Trump decidió mover las grandes fichas diplomáticas de su movimiento MAGA para intentar favorecer a Orbán. Así, Trump realizó llamados públicos en los medios de comunicación en favor de Orbán, calificándolo como ganador y amigo; e incluso preocupado por las tendencias, envió a su vicepresidente JD Vance el 7 de abril a Budapest para respaldar en directo la campaña, afirmando allí que Orbán defendía la civilización occidental; y ya al final, cayendo en el desespero, utilizó la misma carta de respaldo que jugó con Milei, aseverando que EE. UU. proporcionaría ayuda financiera y facilidades económicas a Hungría si Orbán ganaba, marco en el cual se firmó un acuerdo de compra de crudo estadounidense por un valor de 500 millones de dólares.

Sin embargo, podría afirmarse que el encanto MAGA operó esta vez al revés, en cuanto la victoria de Magyar fue más profunda de lo que incluso preveían las encuestas, del 45 % al 53 %. Es así que, de los 190 escaños del parlamento, Tisza obtuvo 138, obteniendo incluso la mayoría calificada de 2/3 del parlamento, lo que le permitiría modificar la Constitución y revertir legalmente el andamiaje construido en los 16 años pasados. Sin embargo, lo más significativo es que la tremenda derrota de Orbán está siendo leída también como una derrota del movimiento MAGA, pues se trataba de una alta apuesta de Trump en su propósito de establecer un orden europeo a su acomodo, tal como lo plantea su Estrategia de Seguridad Nacional.

Efectos por verse

Los efectos de la derrota del régimen de ultraderecha de Orbán y su impacto sobre la credibilidad de la política intervencionista de Trump apenas están por desarrollarse. En este punto se abren importantes preguntas sobre cuál será la postura real que tomará el nuevo partido respecto de su relación con la Unión Europea, siendo totalmente relevante para la agenda de guerra o paz en Ucrania, respecto de las sanciones con Rusia y de las políticas migratorias a esa región del mundo. También se abre interrogantes sobre las inversiones del capital chino en ese país, en la medida en que allí se estaba trasladando parte de la producción para suavizar el peso de los aranceles al mercado dentro de esa región y de los EEUU.

Todas estas cuestiones se tornan más cruciales en la medida en que el intento de conversación entre Irán y los EEUU fracasó en su primer día, al parecer relacionado con los objetivos del programa de energía atómica, tal como informan algunos medios. Debiéndose guardar una pizca de suspicacia, en la medida en que, mientras se conversaba en Islamabad, dos buques de guerra de los EEUU intentaron sospechosamente “pasar” el Estrecho de Ormuz, tentativa que fue rechazada por Irán. Lo cierto es que la semana inicia con nuevas alzas del precio del petróleo, reforzadas por la decisión del gobierno de los EEUU de entrar también a bloquear el Estrecho, medida tomada en un contexto donde la inflación se acelera y castiga los ingresos de las familias proletarias del mundo, mientras los índices bursátiles se mueven en medio de una completa montaña rusa.

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